Cuento corto


relatos de kolima

Cada minuto de la vida en el campo es un minuto envenenado. Tantas son las cosas que el hombre no debe ver, no debe saber, que si las ha visto mas le valdría morir

 

 

 

 

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La historia. ‘Los Relatos de Kolymá’ es el único libro que escribió Varlam Shalámov. Le llevó casi veinte años, y son mas de dos mil paginas agrupadas en seis volúmenes. La historia del libro es la de una generación de soviéticos, muchos de ellos comunistas convencidos, gente de acero, que acabaron en el gulag tras las purgas de finales de los treinta.  En el caso de Shalámov, fueron  casi veinte años de condena, repartidos entre 1929 y 1954. Casi todos ellos los pasara en Kolymá, en el extremo oriente soviético, trabajando en una red esclavista de extracción de recursos naturales para el estado. Es el infierno en la tierra, muy parecido a los campos nazis, pero con una diferencia. En el gulag es una muerte lenta, de hambre y agotamiento provocado por la dureza extrema de las condiciones de vida y trabajo. Murieron a millones. Shalámov sobrevive a Stalin y vuelve a Moscú, y en 1954 es  rehabilitado, quedando anulada  la condena que le había enviado a Kolymá veinte años antes. Un error lo tiene cualquiera.

La obra. Cuando Shalámov se encuentra de nuevo en Moscú, veinte años mayor  y con la salud arruinada, se hace la pregunta que se hacían todos los liberados. ¿Y ahora, que?. Muchos deciden olvidar. El peso del horror es demasiado para estar cargándolo el resto de los días. Además, el régimen se ha aflojado, pero sigue siendo el mismo. Pueden volver los malos tiempos. Shalámov decide arriesgar y recordar. Dedicara los siguientes veinte años a escribir los ‘Relatos de Kolymá’. Son un conjunto de cuentos y ensayos cortos en los que Shalámov explica la vida de los presos en el gulag de Kolymá.  Historias trágicas, que a menudo acaban con la muerte del protagonista. Son la memoria de una generación exterminada y  una catarsis del dolor sufrido por el autor en su propia piel, cada día durante años y años. Textos áridos, de un lenguaje simple y muy pulido, herencia en parte de la gran tradición de narradores rusos de la cotidianeidad (Gogol, Chejov, Zoschenko) y de la formación periodística del autor. No es fácil leer a Shalámov. Requiere cierto aguante emocional y un buen estomago. Nadie sale indemne de  la primera lectura de los ‘Relatos de Kolymá’.

‘Los relatos de Kolymá’ se están publicando en castellano en Minúscula siguiendo la edición rusa en seis volúmenes o ciclos, como los llamaba Shalámov. Los tres primeros (‘Relatos de Kolymá’, ‘La orilla izquierda’ y ‘El artista de la pala’) son igual de recomendables, de un nivel altísimo los tres. Una buena introducción es también la selección  publicada por Mondadori en 1997. En catalán acaba de publicarse el primer volumen  en DiasContados. Sirva este texto también de agradecimiento a Ricardo San Vicente por la magnifica traducción de una de las obras cumbres de la literatura del siglo XX y por las clases de literatura rusa en la facultad de filología de la Universidad de Barcelona.

Varlam Shalámov  Relatos de Kolymá  Barcelona 2007  Minúscula

El secreto para una vida indulgente tal vez esté en que uno ignore algunas cosas. El espejo enmohecido o dando la espalda, mostrando su azogue desconchado. Los padres obligados a la farsa, una pareja de funámbulos sobre la cuerda del orden, unos encantadores que esconden el truco y guardan el conejo sucio en la chistera. De  eso se trata

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Cuando un libro comienza con una cita de Bernhard, hay que prepararse para lo peor. Para lo peor del ser humano. Para el visionado de los abismos de la mediocridad. Levantar la alfombra de lo cotidiano y ver que clase de bichos se han criado debajo. Por ahí caminan estas orugas. Las orugas siguen siempre al que tienen delante, hasta que el nexo de unión con él se rompe y surge el trauma. ‘El camino de la oruga’ es un libro de rupturas. De la perdida de sentido y la imposibilidad de volver a la individualidad.

‘El camino de la oruga’ es el debut literario de Javier Mije. Es un libro de cuentos cortos, doce cuentos y apenas 120 paginas. De estilo concreto, frases cortas y muy directas. Los cuentos de Mije no buscan el giro sorpresivo final, el poner al lector en una situación para después darle la vuelta. Aquí la idea es un golpe total, de la primera linea a la ultima, ir trazando una situación que se intuye desde el inicio y que acaba con un hipotético ‘ya puedes imaginarte como sigue la historia’. Como todo libro de cuentos, cada uno tendrá sus preferidos. Los mios son ‘Toda la vida’, ‘Un camino de espejos’ y ‘Palabras raras’. No obstante, ya les digo que no sobra ninguno. Todos están entre el notable y el brillante, y esta coherencia, unida a la estilistica y a la carga filosófica, desembocan en un gran libro.

Hablo de carga filosófica porque la tiene, y mucha. Por debajo de la metáfora de la oruga y de la crudeza bernhardiana respecto al hombre y su rutina postindustrial, hay una linea teórica que enfoca directamente al existencialismo. La caída o ruptura de la que antes hablaba se concreta en los cuentos de Mije primero en una cosificación del sujeto. La existencia de dichos personajes se torna objetivada, cosificada. La felicidad perdida se vuelve un sofá, o los años que quedan por vivir se cuentan por maquinillas de afeitar. La perdida del ser amado se recupera (falsamente) en los objetos compartidos por él. Ante la carencia de vida, se recurre al objeto, consecuencia de interpretarse a si mismo como un objeto entre objetos.

Esta perdida de uno mismo, de lo suyo más propio, surge también en forma de desdoblamiento del sujeto. En muchos cuentos hay un cambio de narrador, de un personaje a otro, con la intención de descentralizar el sujeto narrativo, de descolgarlo de sí mismo volviéndolo frágil. El narrador se ve a sí mismo en una pantalla de video, en un espejo, en la ventana de enfrente o en su interlocutor ( en la mirada del otro sartriana) y, evidentemente, no se reconoce, admitiendo que ya no es él quien conduce su vida sino un reflejo, torcido, extraño, de sí mismo. La conclusión será el destino. La certeza de que esto tenia que acabar así, de que es inevitable y de que, finalmente, serán las mareas las que arrastraran a las personas mar adentro, hasta el fondo en calma.

‘El camino de la oruga’ ,  Javier Mije, Acantilado, Barcelona, 2003

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