“La tarea consiste en demostrar que este mundo puede ser doloroso, hasta infernal, pero no es serio” (El día del Watusi, página 36)

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 Solo los buenos mueren jóvenes. La ristra de topicazos oídos y repetidos en Bolaño sirven igualmente para Casavella. Que si estaba en su mejor momento, que si su obra magna aun estaba por llegar… En ambos casos se trata de escritores excepcionales dentro del panorama narrativo castellano y que, independientemente del martirologio, la relectura de sus obras les pone muy por encima de la mayoría de sus (vivos) contemporáneos.

‘El día del Watusi’ es la obra referencial de Casavella. Se publicó en tres partes entre el 2002 y el 2003 (‘Los juegos feroces’, ‘Viento y joyas’ y ‘El idioma imposible’) y se ha reeditado en un único volumen, añadiendo los retoques (anecdóticos) que el autor apuntó en los años siguientes sobre el manuscrito original. Decisión lógica y que otorga coherencia a la obra, aunque parece que, como en el caso de ’2666′, el autor tenga que estar muerto para que la editorial se atreva a algo así.

La novela es la autobiografía del protagonista, Fernando Atienza, reescrita por encargo de un desconocido, que repasa dos décadas de vida barcelonesa, del 1971 a 1995, del tardo franquismo a la resaca postolímpica, en medio de turbios manejos y recuerdos que escuecen. Un niño testigo involuntario de un asesinato irá cargando con el peso de este y otros fantasmas por una ciudad que olvida los suyos para modernizarse. Una novela negra de las de toda la vida, de base, un trasfondo  de novela histórica, y un poso existencial – biográfico amargo, tragicómico, de borracheras, bailes y amigos muertos.

La novela se mueve alrededor de tres ejes. Primero, por la comentada novela negra. El narrador y protagonista es un  peón dentro de un enmarañado juego de poder. Siempre movido o huyendo de las manos de alguien desconocido, sabe parte de la verdad, sabe que le engañan en otra parte, y sabe que hay algo, lo definitivo, que siempre quedará fuera de su alcance. A remolque de ello, como segundo eje, la novela no deja de ser los ascensos y caídas del héroe romántico, versión local, más cercano a Marsé que a Stendhal. Por lo sórdido de los escenarios y sus personajes, todos un ‘alguien’ venido a menos, entronca mejor con la novela picaresca castellana que con la romántica europea.

El tercer eje es el aura mistificadora del antiprotagonista, el Watusi. Como en las novelas de Philip K Dick, el lector se pasará toda la novela preguntándose quien demonios es el tal Watusi, y si va a aparecer o no de una maldita vez. El Watusi, ya se lo adelanto ahora, es la parte mas mítica, y por tanto más romántica, de la novela. Es el hombre que siempre baila, el que tiene el ritmo. Esta en todas partes  y en ninguna a la vez.

‘El día del Watusi’ es una novela total. Uno no imagina que podría faltarle, pero si que creo que no le sobra nada. Tiene merito, tratándose de casi mil doscientas paginas. Tanto que no pierde tensión en ningún momento, y sigue sabiendo igual de bien en la relectura. Como los clásicos.