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Nota del estrangulador: Polisemia lo llaman los críticos cultos, según observo en las revistas literarias que me autoriza el maestro de la cárcel, de las que entresaco los nombres de algunos críticos pedantes y el de una tal Norma Cateli a su cabeza, a la que pienso estrangular en cuanto se me conceda un permiso de salida por buen comportamiento  p 81

 

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Esta novela es una locura. Una locura muy seria, bien pensada. No una locura caótica o críptica que apenas tiene sentido en la mente del autor y una minoría de descifrantes avanzados, ni una locura intencionalmente desestructurada, cuya principal pretensión sea la de volver loco al lector. ‘El estrangulador’ es una novela de locos, básicamente de un loco, que, como el propio autor no se cansa de repetir, no es más (ni menos) que una metáfora. Hasta que, como en un momento de la novela, las cosas se ponen serias, aparecen los loqueros y se acaban las metáforas.

Vázquez Montalbán es uno de los grandes nombres de la literatura en castellano contemporánea. Siempre lo he visto como una de esas cabezas privilegiadas que han optado por la literatura y han sido escritores, como podrían haber conseguido cualquier otra cosa. En el caso de Montalbán su obra literaria esta condicionada por otras dos de sus facetas, la periodística y la política. Como muchos de la generación tardofranquista, Montalbán militó, y lideró, en el PSUC, a la vez que combinaba estajanovistamente prensa y novela, amén de una temprana inclusión en el grupo de los novísimos que tuvo poca continuidad. Todo ello generó un volumen de producción y una proyección pública que más que ocultar, distraían la realidad de un gran escritor.

‘El estrangulador’ es un monólogo del protagonista (que se cree el estrangulador de Boston) en su encierro psiquiátrico, dividido en dos partes. Una en versión de verdugo y asesino , y otra como victima y enfermo delirante. Entre estas dos y un no menos delirante informe del psicoanalista que lo trata, Montalbán desarrolla una historia poliédrica similar a lo que hace Nabokov en ‘Desesperación’ o ‘Sebastian Knight’. Llegados a cierto punto de la lectura de ‘El estrangulador’, las causas de la presencia del estrangulador en el manicomio pasan a un segundo termino respecto a la relación dialéctica entre el protagonista, sus médicos y victimas, y la magnifica farsa que tejen entre todos ellos.

Ahora bien, ‘El estrangulador’ no es una novela psicológica. Abstenerse dostoyevskianos irredentos. Es una gran purga del autor contra todas sus fobias, publicas y notorias. Todas las víctimas del estrangulador, reales o ficticias, logradas o fracasadas, existen en el imaginario del propio personaje, el último reducto para la victoria (ni que sea literaria) en una realidad histórica de constante derrota. Montalbán aplica toda su inteligencia y su mala leche (y tiene mucha de ambas) para pasar a cuchillo a profesores, médicos, políticos, familiares, críticos… Aquí recibe todo el mundo. Pero por encima de todo, penaliza una forma de escribir y de entender el mundo, que a principios de los noventa arrasaba con las demás cosmovisiones bajo la etiqueta del discurso postestructuralista. En la novela, este queda reflejado básicamente en los psicoanalistas lacanianos que tratan al estrangulador, pero Montalbán, al que el tema no le pilla de nuevo, desmonta un discurso que tenia que argumentar un momento histórico, el de la sociedad post industrial después del final de la guerra fría y del socialismo real, y que cuando han llegado los problemas (hoy) lo único que queda de los imbatibles teóricos de la posmodernidad es una inmensa y desierta nulidad. Esta novela era una purga, quizás la única posible para  Montalbán, pero más allá de su brillantez literaria, era también un aviso de lo que estaba por venir. Por eso esta dedicada ‘a mis victimas’. Sin ellas, esta novela no hubiera sido posible.

Manuel Vázquez Montalbán, ‘El estrangulador’ ,Mondadori, Barcelona, 1994

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