dosluises

… ni mucho menos en los prehistóricos resentimientos entre críticos y artistas. Hace tiempo que la civilizacion ha resuelto este asunto en términos amigables , dejándolos a ambos en una parecida situación de mendicidad, y yo desde luego no estoy  para ponerme ahora a mendigar lo que tiene otro mendigo.  p 206

 

 

 

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No hay que hacer mucho caso a las críticas. Ni a las ajenas, ni a las propias, y menos en algo tan racional y a la vez tan epidérmico como una novela.

Ciertamente, las voces autorizadas ayudan a descubrir filones, y ha sido en este caso la de Ignacio Echevarría la que me ha llevado hasta Luis Magrinyà. He encontrado a un gran narrador, una voz con una personalidad apabullante.  Con la práctica totalidad de su obra leída, dos libros de cuentos y tres novelas, mi preferida es ‘Los dos Luises’. No es una novela perfecta, nada de lo que ha escrito lo es. Pero Magrinyà tiene algo que le pone muy por encima del resto de los escritores contemporáneos. Tiene personalidad propia y tiene clase. Es literatura con mayúsculas.

Decía más arriba que no hay que hacer mucho caso a las críticas porque en el preventivo buceo en las  reseñas publicadas en su momento sobre la novela he encontrado más rechazos que adhesiones. Leyendo las notas de grandes patums de la crítica local da la impresión que ven en Magrinyà a ese alumno aventajado que promete grandes cosas y a la hora del examen se queda en un simple aprobado. O como el grupo indie que se labra una base de fans de culto con los singles de siete pulgadas y cuando finalmente saca el disco, estos lo reciben con una mueca de disgusto  que vendría a decir  ‘le viene grande’.

Pues es al revés. Donde ellos ven aburrimiento yo veo inteligencia. Donde ellos ven frialdad, yo veo ironía. Una gran comedia, sutil, no histriónica ni evidente. Desde el distanciamiento de un narrador que pretende lo imposible, lo inaceptable; que le dejen a uno en paz, ajeno al cuento chino del utilitarismo y la ética del trabajo. Desde ese personaje que se ve obligado contra su voluntad a madurar, a ser productivo, a pasar por el aro, se desarrolla la fabula de la estafa de la industria cultural y de la creación y destrucción de mitos contemporáneos.

Como Bernhard, aquí el escenario de los hachazos es el teatro, por donde desfilan un muestrario de egos, plagios y farsas que bien podrían servir en el caso del mundillo literario madrileño o barcelonés. Pero la mala leche del austriaco misántropo la transforma Magrinyà en sarcasmo y parodia, llevándose la palma de los personajes el camarero vengador que abronca a los clientes y les devuelve los autógrafos que minutos antes les había solicitado.

Ni inventa la pólvora, ni cambia el curso de la historia de la literatura. Pero esta, más pronto que tarde, voy a volver a leerla. De esto estoy seguro.

Luis Magrinyà  Los dos  Luises  Barcelona  2000  Anagrama

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