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¿No sabe? Los manuscritos no arden…

 

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Vasili Grossman fue un comunista ejemplar. Como periodista y escritor, estuvo siempre en la línea del Partido. En la guerra, narró desde el frente hacia la retaguardia el heroísmo del soldado soviético y la brutalidad del alemán. Fue premio Stalin. En los años 50, cuando pidió publicar ‘Vida y destino’, le contestaron que no era el momento. Quizás dentro de cien, o doscientos, años el Estado podría asumirlo. Imaginen que hubiera pasado si en vez de un fresco histórico-naturalista hubiera llevado una metáfora místico-religiosa que empieza con la aparición del Diablo en el Moscú de los años treinta.

Bulgakov sabía que nunca iba publicar su obra en la URSS. Al menos en vida de Stalin. Ya acumulaba problemas por obras satíricas menores, pero recomendables también, como ‘Corazón de perro’ o ‘Huevos fatales’. El éxito de ‘Guardia blanca’ quedaba muy lejos, y oficialmente Bulgakov no era un escritor ‘del Partido’, y eso en el Moscú de los años treinta significaba  no ser escritor, además de jugarte peligrosamente la nuca.

Aun así, Bulgakov escribió ‘El maestro y Margarita’. La escribió y reescribió durante una década, desde el 31 hasta su muerte el 1940. Su viuda la ocultó hasta los años del deshielo, y finalmente una versión censurada fue publicada en 1967.

Ahora, editada ya la versión original,  ‘El maestro y Margarita’ es una de las mejores, por no decir la mejor, novela rusa del siglo XX. Es una novela con al menos tres novelas dentro de ella, la del diablo, la de Poncio Pilatos y la del maestro. Es trágica, pues el paralelismo entre el maestro y el propio Bulgakov es evidente, pero sobretodo es una gran novela satírica. No hace falta ser Beria para ver en ese Voland que aparece en Moscú de la nada y que todo lo sabe y todo lo puede a otro diablo, de carne y hueso,  que vivía en el Kremlin.

‘El maestro y Margarita’ es en parte una reescritura del ‘Fausto’ de Goethe. También hay una influencia obvia del Tolstoi de ‘Los evangelios’ y del Dostoyevsky de ‘Los hermanos Karamazov’. Todo esto unido al realismo sarcástico que ya había practicado en novelas y relatos anteriores. Además, ‘El maestro y Margarita’ no deja de ser una novela de literatura fantástica. Desde el argumento inicial, la llegada a Moscú de los años treinta del Diablo y su sequito, entre los que hay una vampiresa y un gato que habla, pasa todo lo que el realismo socialista consideraría impropio en una novela; cabezas que hablan, brujas voladoras, teletransporte, …

Pero no es simple ni básicamente una novela anti-estalinista. Claro que hay una crítica, devastadora, pero Bulgakov iba más allá de señalar a Stalin como el causante de todos sus males. Los que quedan en evidencia, y esto hacía la novela aún más peligrosa, son los conciudadanos moscovitas del protagonista de la novela. En un lugar donde como constructores del hombre nuevo socialista los vicios del extinto capitalismo habían quedado teóricamente atrás, resulta que todos los personajes secundarios de la novela se vuelven locos por un piso con más habitaciones, un traje nuevo o un fajo de billetes. Como siempre, vamos. Para muestra la mítica escena del teatro, donde Voland-Lucifer se presenta como un mago y empieza a regalar dinero y artículos de lujo al público, que no se acuerdan ni por asomo de las virtudes del socialismo. Esos, dice Bulgakov bajo mano, son los que escribían artículos contra su literatura burguesa y le reprochaban su pobre vocación socialista. Una pandilla de trepas e hipócritas.

Si en la Historia lo que se escribe como tragedia se repite como farsa, el siglo XX ruso puede leerse a través de tres autores de generaciones continuas, Bulgakov, Shalamov y Dovlatov. En todos hay tragedia y farsa, aunque a Shalamov el sarcasmo se le perdió en la tundra de Kolimà. Bulgakov y ‘El maestro y Margarita’ fue un precursor preclaro de lo que estaba llegando, con algo que se repite a lo largo de la novela en diferentes personajes y momentos: ‘Solo el diablo lo sabe’.

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