batallas amor

 

A un escritor le conviene tener dos oidos, uno para la vida y otro para la literatura (Grace Paley)

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De pocas cosas hay tantas listas como de libros y literatura. Desde las absolutas, como el canon de Bloom, hasta las que los suplementos literarios piden a sus colaboradores para elegir los libros del año. Algunas me han sido muy útiles, como la de Echevarría y sus cien libros en castellano de la segunda mitad del siglo XX. Una lista de Bernardo Atxaga empezaba con ‘Harri eta herri’, de Aresti que encontré en la edición bilingüe de Catedra y me impresionó muchísimo, y seguía con ‘Huesos de sepia’, de Montale, que pensaba que también, pero resultó que no. Yo tengo dos, a las que periódicamente añado  referencias. Una se llama ‘el club de los cincuenta’ y otra ‘una novela ¡pero qué novela!’. Esta última trata obviamente de escritores que solo publicaron una novela en vida. Varios de ellos son poetas que sólo una vez hicieron el salto a la novela, con muy buenos resultados; Rilke, Brodsky, Ferrer Lerín.

¿Por qué no escribieron más novelas? Ellos sabrán. Pero como personajes resultan fascinantes, no dependen tanto de factores externos como en la música (el grupo, la discográfica, los vicios…) y el grupo de culto que se separa tras el primer gran disco. Ellos podrían haber seguido escribiendo, pero no.

Grace Paley no llegó ni a esa primera y genial novela. Ella misma confiesa en la introducción a su compilación de cuentos que lo intentó durante dos años, pero fracasó. No importa, ya tenía la llave de acceso al Olimpo de la literatura contemporánea con sus tres libros de cuentos, sobre todo con el primero de ellos, ‘Batallas de amor’.

Paley escribe y publica ‘Batallas de amor’ en 1959, un poco por casualidad. Tarda 15 años en publicar el segundo, ‘Enormes cambios en el último momento’ y cierra con un tercero en los años ochenta, ‘Mas tarde, el mismo día’. No es mucho, pero como ella misma contestaba, el arte es largo y la vida es corta.

‘Batallas de amor’ son diez historias conmovedoras y muy bien escritas. El mundo de Paley es el de las relaciones de pareja en la América de postguerra. La tradición emigrante judía, que aún conserva el dogmatismo europeo y el caos sentimental y moral de la América liberal. Todos los cuentos parten de un conflicto, el de uno de los miembros de una pareja rota o por romperse.  Paley escribe desde y para las mujeres. También en los cuentos donde el narrador es un hombre. Hay sinceridad, trasparencia en una manera de narrar, de crear historias a partir de material cercano. Familia, tradición, amor, país. Las ideas de Paley son lugares comunes. Es su voz lo que la hace especial.

Son historias pesimistas, pero con un punto de esperanza menos ingenua de lo que podría parecer.  Con humildad surgida del tremendo respeto con el que escribe sobre sus personajes femeninos. A los hombres de dedica más acidez y distancia. Estos son superficiales, interesados y fríos. Las mujeres de Paley son sentimentales y contradictorias, culpables pero indulgentes consigo mismas; ‘Tengo cuatro hijos y veintiséis años y me ha abandonado mi marido y soy pobre. Todo esto se lo debo a mi estupidez. Los hombres no pueden hacer nada para evitarlo, pero yo hubiera podido intentar ponerle remedio’ – Un motivo para vivir -.

La disección de las relaciones de los cuentos de Paley la lleva al pódium de maestros del melodrama. Pero a diferencia de otros notables lacrimógenos, el inteligente uso que hace del sarcasmo actúa como contrapunto de la amargura y convierte una historia triste en una historia genial.

En ‘Batallas del amor’ está lo mejor de Paley y algunos de los mejores cuentos del siglo XX. En su segundo libro, ‘Enormes cambios…’ Paley intenta alejarse del cuento clásico experimentando diferentes registros y agarrándose a un alter ego que ella llamaba ‘una amiga muy cercana’. En ‘Mas tarde, el mismo día’, prueba una síntesis de ambos, más extenso y más diverso. Son buenos libros también. El punto más alto lo alcanza en un cuento de ‘Batallas de amor,  que titula ‘Un diámetro inalterable’. Es la historia de un instalador de aires acondicionados que por su afición donjuanesca acaba viéndose obligado  a casarse con una adolescente. El entorno, los personajes secundarios tan mezquinos  que no dejan opción de rebelarse al protagonista, que tampoco lo intenta en exceso, pintan un conjunto digno de una tragicomedia fassbinderiana, con el final demoledor del protagonista hablando de su mujer, a la que dobla la edad: ‘En mi opinión, dentro de seis o siete años se habrá convertido en una mujer maravillosa. Le deseo suerte: para entonces, seremos unos extraños’.

Grace Paley,  Batallas de amor,  Barcelona, 1989,  Anagrama

 

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