salinger

 

‘Un poeta, lo que se dice un poeta. Aunque nunca hubiera escrito un verso’

 

 

 

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Hay muy pocas fotos de Jerome David Salinger. Retratos de un tipo alto que medio sonríe a lo Bogart, con un cigarro en la mano. Otra muy explícita de un Salinger ya  mayor aporreando la ventanilla de un coche en la que parece que le hayan robado la cartera justo después de retirar la pensión. Para aquel entonces, Salinger se había convertido en un ermitaño que vivía encerrado en su casa del campo con su familia y sus fobias.

Salinger pudo vivir cómodamente, él y sus torturados descendientes, gracias a los inmensos royalties de su primera novela, ‘El guardián entre el centeno’.  El deambular por Nueva York del adolescente Holden Caulfield fue un éxito inmediato y duradero, convirtiéndose en paradigma de novela adolescente con trasfondo o poso adulto. No seré yo quien le saque hierro literario a ‘El guardián entre el centeno’, pero mi Salinger preferido  viene después. O iba a venir después, porque lo que fue publicando desde 1953 hasta 1965 fueron fragmentos de una gran historia que nunca llegó a cuajar como novela.

Es la historia de una familia de siete hermanos, los Glass, que de pequeños fueron estrellas de la radio en un programa de talentos infantiles llamado `Los niños sabios’. Allí eran ‘los hermanos Black’, y fueron participando todos ellos a medida que iban pasando por la franja de edad correspondiente. Los hermanos Glass son, de mayor a menor: Seymour, Buddy (el narrador y alter ego -1-), Boo Boo, Walt y Walker (mellizos),  Zooey y Franny. A Seymour, el primogénito,  Buddy lo describe como un genio comprendido solo por sus hermanos. Será el protagonista de dos novelas cortas publicadas en 1963, ‘Levantad, carpinteros, la viga del tejado’, y  ‘Seymour; una introducción’, y el cuento que abre ‘Nueve cuentos’ (1953), ‘Un día perfecto para el pez banana’. Incluso se auto-apunta a ‘El guardián entre el centeno’:

‘Algunas personas –no muy íntimas-  me preguntaron si no había mucho de Seymour en el joven personaje principal de la única novela que he publicado… El solo hecho de protestar contra eso me produce urticaria, pero debo decir que nadie que haya conocido a mi hermano me ha preguntado o dicho nada por el estilo, cosa que agradezco y que en cierto modo me impresiona bastante…’(‘Seymour: Una introducción’)

Todo ello, junto con ‘Zooey y Franny’ (1961) y su último relato publicado, ‘Hapworth 16th 1924’ de 1965 son los fragmentos de la historia de los Glass. Nunca se ha sabido porqué Salinger decidió este camino y no una vía unitaria que quizás le hubiera llevado a una de las mejores novelas americanas del siglo XX. Entre todas estas piezas, destacan los ‘Nueve cuentos’ a menudo escogidos por encima de ‘El guardián entre el centeno’, y una de las novelas cortas; ‘Levantad, carpinteros, la viga del tejado’.

‘Levantad…’ es un texto de unas sesenta páginas. Una genialidad, que condensa las virtudes narrativas de Salinger. La acción se narra en flashback, desde 1955 al día de los hechos, en el verano de 1942. Son los inicios de la guerra y los hermanos (los adultos) están movilizados. Buddy es un recluta de infantería. Consigue un permiso para asistir a la boda de su hermano Seymour. Arrastra una pleuresía que le provoca violentos accesos de tos. En la boda, Seymour no se presenta y deja plantada a la novia. Los invitados se empaquetan en coches hacia el convite de la no-boda y a Buddy le toca ir con un grupo de amigos y familiares de la novia. La situación es un prodigio de tensión y malestar. Seis desconocidos apiñados en un coche a los que solo une el estar invitados a la boda, especulando sobre los motivos del plantón y clamando venganza mientras el narrador, que tampoco tiene ni idea de lo que ha pasado, se halla sin argumentos para defender a su hermano. Cuando descubren que Buddy es el hermano, aparece el otro reconocimiento, el de los precoces hermanos Black. El hecho de ser famosos cambia la percepción que hasta entonces tenían, y los hermanos se convierten en alguien con una historia, no solo una familia de locos. Todo esto dentro de una atmosfera que Salinger utiliza magistralmente. Calor, atascos, sudor, incomodidad,  la aparición de una banda de música destrozando el himno americano en el clímax de tensión, la pleuresía, y el final a la americana; con unos tragos y prisas.

Los personajes de Salinger, en este caso el dúo Seymour-Buddy, tienen dificultades evidentes para enfrentarse a situaciones sociales. Buddy se deja arrastrar al coche cuando el sentido común nos haría salir corriendo. En cambio, una vez dentro del problema, como Seymour, puede obstinarse en tomar decisiones contra la lógica, que le acarrean graves consecuencias. Cuando el problema toca su núcleo ético, se plantan. Todo esto lo  combinan con una especie de lenguaje secreto compartido por los hermanos (de ahí el título) que les distancia y autoafirma respecto del mundo exterior. ‘Levantad…’ y ‘Seymour: Una introducción’ su continuación más introspectiva, son dos caras de la misma moneda. La imposibilidad de llegar a conocer a alguien o de hacer llegar una imagen definitiva a los demás de ese alguien. La distancia entre como un sujeto se percibe a sí mismo y como lo perciben los demás en cuanto ese sujeto pierde parte de su autonomía en favor de un recién creado personaje público, por los motivos que sean.

Salinger, como Seymour, opta por la versión más radical de reafirmación ante el intento de apropiación de los demás. Otros lo llevan con más sentido del humor. En unos de sus artículos recogidos en ‘Ningú no ens espera’, Manuel Baixauli explica que cuando un lector le asocia las desgracias de sus protagonistas a su vida propia, no les desmiente. ¿Para qué?, piensa. Y al revés; cuando alguien le dice ‘Leyendo sus libros, pensaba que era usted alguien torturado y malvado, pero ahora veo que es usted todo lo contrario’ él calla y piensa: ¡Santa inocencia!

1:La traducción literal de ‘Buddy Glass’ sería algo como ‘el colega vidrio’ o ‘el colega vaso’.

J.D. Salinger,  Levantad, carpinteros, la viga del tejado, Barcelona, 2016, Edhasa

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