Curso de librería

En las pelis norteamericanas y en los cuentos de Carver “los perdedores” son gente que nos cae bien. Es una especie de “caridad estética” que al parecer nos reconforta y nos tranquiliza. (Contraportada)

El perdedor resulta un personaje entrañable… a los demás. Y no a todos, ni mucho menos. Difícilmente se admitirá a sí mismo tal y como los otros lo ven. Los que hacen gala de ello no son de fiar. Como el “raro”, el que levanta bandera no pasará de provocador o pose. El auténticamente raro (o perdedor) se considera bastante normal. El infierno son los demás.

Al perdedor, como al raro, lo hacen, no se nace. Aun así, hay clases y clases. Hay el perdedor Carver, al que la vida se le desmorona y hay el perdedor de ‘Curso de Librería’, al que la vida se le empantana. Una especie de spleen postmoderno, en el que los protagonistas no están ni al borde del suicidio ni de la inanición. Más bien no encuentran respuesta cuando se preguntan. Y ahora, ¿qué? Después de esto, ¿qué venia? O, dicho de otro modo: ¿Cómo salgo de esto? Entonces, por hacer algo, te apuntas a un curso del INEM.

Es una sensación familiar, aunque no haya pasado por ninguno de los cursos como el que ocupa la novela. El protagonista se matricula en un curso de formación para libreros en una academia concertada madrileña. Comparte aula con un grupo de rechazados por el canon del éxito social. Todos por diferentes motivos acaban pidiendo, o fingiendo pedir, otra oportunidad al mundo laboral, una penitencia para demostrar al Estado que realmente quieren la reinserción, y este les ofrece la idea de ganarse la vida ¡¡con la literatura!!.

Fernando San Basilio es una rareza genial en la literatura española. Uno de los contadísimos casos de escritor que recibe una atención mediática muy por debajo de la calidad de sus obras. Tiene cuatro novelas, dos en Caballo de Troya (Curso de Librería y Mi gran novela sobre La Vaguada) y dos en Impedimenta (El joven vendedor y el estilo de vida fluido y Crónicas de la era K-pop). Curso de Librería fue su debut, en el 2006, y cada vez que la leo me resulta igual de apabullante.

El argumento es lo menos comercial posible. El mencionado narrador que se apunta a un curso de formación para libreros que dura tres meses y tras los cuales se supone que él y sus compañeros han de salir listos para devorar el mundo editorial. Evidentemente, nadie consigue dicho objetivo.

Existe otro tópico de Curso de Escritura Creativa según el cual la primera novela ha de ir sobre algo que el autor conozca muy bien. Por ejemplo, el novio de Jaime Bayly la escribió sobre Jaime Bayly y la llamó, sagazmente, ‘Mi amado señor B.’. San Basilio escribe una novela sobre libros y el paro. Pero no sobre literatura, sino sobre el mundo del libro. La parte más mercantil, y, por lo tanto, la menos literaria, de lo que ahora llaman ‘el campo literario’. Sobre todo, lo que pasa desde que el autor envía el libro a la editorial hasta que el comprador sale de la tienda con el libro en el bolsillo, no necesariamente habiéndolo pagado.

No parece algo para salir corriendo a por el libro, pero el resultado es brillante. Un monumento al sarcasmo, empezando por el curso en sí. A nadie le interesa realmente, como en la inmensa mayoría de casos reales. El profesor querría estar o trabajando en una empresa real (como Alfonsina, la profesora de marketing del Curso) o enseñando en una universidad. Los alumnos están allí porque si no van el Estado les saca la manta, y afuera hace mucho frio. En resumen, y como señala uno de los compañeros del narrador, es aquel viejo refrán de los países comunistas; ellos hacen ver que nos pagan y nosotros hacemos ver que trabajamos.

San Basilio le saca muchísimo jugo a esta farsa inicial, y el entusiasmo del narrador llega a niveles insospechados

‘Era muy divertido jugar a guardianes de la alta cultura y cualquiera diría ahora que nosotros, tan preocupados por el abandono y la molicie cultural de los demás, conformábamos una elite de las letras y que aquellos tres meses que pasamos en la Academia Diderot fueron todo un siglo de luces’ (p. 24)

El sarcasmo y la causticidad serán una constante en toda la novela. Pero a la vez, este narrador tan inteligente y de vuelta de todo, resulta ser un personaje tremendamente naif, con la cabeza en las nubes constantemente y que solo puede dejarse llevar por los demás, sobre todo por las demás, con la boca abierta. Además, con la lucidez dando bandazos entre una desmesurada conciencia del momento y la constatación de que pasan los días y sigue igual de perdido que al principio. Tanta conciencia de uno mismo y del mundo en el que habita no puede acabar bien.

Podría acabar en una novela, porque en el protagonista de Curso de Librería se esconde un escritor frustrado (‘En una semana fui Mark Twain, Vargas Llosa y John Dos Passos’) al que han echado del diario en el que trabajaba por inventarse reportajes y que es incapaz de sentarse a escribir su gran novela, así que decide dedicarse a vender las de los demás. La gran novela aparecerá en la siguiente novela de San Basilio, y no será sobre un curso del paro, sino sobre un centro comercial. Pero tampoco existirá hasta la tercera, y no será sino una versión de un capítulo de otra muy famosa, o algo parecido.

Por si no quedara claro, el autor pone en juego a otro personaje más inteligente y más sarcástico aun que el protagonista, Gerardo el albino. Un outsider a todos los niveles, cercano a la misantropía, y que consigue meritoriamente que el narrador no parezca tan fuera del sistema. De Gerardo es la idea de montar una librería solo de libros de aventuras que se llamaría ‘El tílburi veloz’, que el narrador le roba y que los demás acogen entusiasmados en su furor librero. De hecho, el tema llega a unos extremos que cuando el narrador abre un libro y dice ‘Batí las páginas y espigué unas cuantas frases’, no sabes si se está poniendo estupendo o se está cachondeando del lector. Da igual. Con Curso de Librería es imposible no acabar riéndote por desborde. Es todo tan loco, tan acido, que llegan un punto en el que has de parar, reírlo (o llorarlo) para poder seguir.

Trabajo en una librería. Vendo libros a la gente. Hoy tengo turno de tarde, entro dentro de un rato… El sector del libro tiene tres patas: la edición, la distribución y las librerías … Y ahora, si me disculpa, tengo que irme. ¿Sabe usted lo que es el precio fijo? ¿Sabe usted lo que es el texto? ¿Me permite que la invite?’ (Página 242).

Curso de Librería no es una novela sobre perdedores. Es un elogio a la humildad. Tanto el protagonista como la novela en sí. El mérito de escribir una novela sobre un curso del paro y que resulte interesante, divertida y entrañable. Además de bien escrita, claro. Aunque esto, como la honradez, se supone. O debería suponerse.

Fernando San Basilio ‘Curso de librería’ Madrid, 2006, Caballo de Troya

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