Miss Lonelyhearts

‘Diles que ya sabes que tus zapatos están rotos, y que tienes granos en la cara, si, y que tienes dientes de conejo y que eres cojo, pero que no te importa porque mañana van a tocar los últimos cuartetos de Beethoven en el Carnegie Hall y en casa tienes las obras completas de Shakespeare en un tomo’

Harold Bloom ve ‘Miss Lonelyhearts’, la obra maestra de Nathanael West, como una violenta invectiva literaria contra la religiosidad americana. En un país, donde según él ‘Sólo un puñado de norteamericanos no cree en Dios y sólo un puñado de los que creen no están convencidos que Dios los ama en un régimen personal e individual’ (1), la versión extrema de ese amor personal ha dado origen a una entrañable galería de personajes, los predicadores. Son los convencidos de encarnar una misión divina, habitualmente la de difundir la palabra de Dios, convertir almas y fundar su propia Iglesia. El síndrome del profeta aparece en todas las religiones monoteístas. Pero el protagonista de ‘Miss Lonelyhearts’, al que el narrador se refiere en toda la novela con un distante ‘Miss Lonelyhearts’ en tercera persona, tiene complejo de Jesucristo.  

Lonelyhearts es un periodista del NY de los años veinte, al que calculamos sobre la treintena, pobre e inteligente. West no ofrece prácticamente ningún dato sobre su vida y su pasado. Trabaja escribiendo las respuestas del consultorio de lectores. Estas secciones eran habituales en la prensa de antaño, y por aquí hubo una versión radiofónica muy famosa, el consultorio de Elena Francis. Como en el caso de Miss Lonelyhearts, años después se descubrió que la señora Francis era una locutora que leía un guion escrito por hombres que aconsejaban resignación cristiana ante las desgracias que les enviaban las lectoras. En la novela se da el mismo caso. Las cartas que recibe Lonelyhearts al diario son devastadoras: una mujer embarazada por octava vez que no soporta el dolor y le pregunta si debe suicidarse. Una adolescente que ha nacido sin nariz. El hermano de una niña sordomuda violada.  Conviviendo a diario con la desgracia ajena, el protagonista a perdido ya toda empatía con este catálogo del sufrimiento humano, al que a diario ha de contestar con vagos consejos y esperanzas de felicidad.

Al inicio del libro, Lonelyhearts lee desastre tras desastre, intentando escribir una nueva versión de las cuatro formulas de autoayuda manidas e insustanciales para que le pagan y que la gente quiere leer para seguir autoengañándose. Un panorama prometedor. Cuando no puede más, aparece Shrike, su jefe, y le da el empujoncito que necesita

‘Miss Lonelyhearts, amigo. Te aconsejo que des piedras a tus lectores. Cuando te piden pan, no les des galletas como hace la Iglesia, y no les digas, como el Estado, que coman pastel. Explícales que el hombre no puede vivir solo de pan y dales piedras. Diles que recen cada día ‘la piedra de cada día, dánosla hoy’

Shrike es el personaje clave de la novela. Jefe directo de Lonelyhearts, amigo y compañero de borracheras, es un personaje brillante y de tinte claramente diabólico, aunque diferente al diablo fáustico. Shrike es un nombre de pájaro, el alcaudón, también conocido como ‘pájaro carnicero’ porque empala a los insectos que captura en espinas de arbustos para devorarlos con tranquilidad. El ‘empalado- crucificado’ en la novela es, claro, el propio Lonelyhearts. Shrike tiene una extraña facilidad para aparecer de la nada en el momento oportuno: cuando Lonelyhearts tiene una crisis de identidad, cuando decide dejarlo todo, cuando necesita una copa o cuando se acerca a su casa a ver si puede tirarse a la mujer de Shrike, que lo utiliza para poner celoso al marido (‘De modo que a eso te dedicas, al whisky y a la mujer de tu jefe…’). Shrike ocupa una posición de superioridad intelectual y económica sobre el protagonista, que lo tiene atado de facto a una vida que odia. Esa superioridad intelectual se traduce en un nihilismo en el que todos los seres humanos que les rodean son figurantes de una farsa mayúscula, a los que pueden utilizar y humillar sin remordimientos. A la vez, y por lo extraño de su trabajo, Shrike le ofrece una forma de redención al propio Lonelyhearts, como una versión deforme de la parábola de Cristo y el Diablo en el desierto. Lonelyhearts descubre una esperanza de redención a través de las cartas, la posibilidad de hacer el bien o negar su existencia. Al principio se muestra incapaz de actuar, hasta que aparecen los Doyle, un matrimonio entre un lisiado y una madre soltera que se le ofrece de amante por carta a su consultorio. Una groupie.  A partir de una escena delirante en casa del matrimonio, Lonelyhearts cristaliza el complejo de Cristo que viene incubando en toda la novela y lo transforma en alguien que se cree con el deber mesiánico de cargar con los pecados de la humanidad y redimirlos a través de su propio sacrificio.

Aclarar que no se trata de algo patológico o cómico. West es lo suficientemente estricto y discreto en su narración para ofrecer una imagen compleja y evolucionada del personaje de Lonelyhearts, que por la propia dinámica de los hechos y de los humanos con los que se encuentra, concluye que el único sentido de su vida es dicho sacrificio. No es la opción por el bien puro, como el Nazarín de Buñuel, sino la aceptación de que el mundo se divide entre los que sufren el mal y los que lo evitan y deciden vivir en la ignorancia. Tanto Lonelyhearts como Shrike están en el reducido tercer grupo de los lúcidos que, pudiendo elegir, rechazan lo que los ‘sanos’ (Betty, la novia de Lonelyhearts) entienden como normalidad y ellos solo pueden ver como ignorancia voluntaria

‘Su mundo no era el mundo, nunca podría incluir a los lectores de su columna. Su seguridad estaba basada en el poder de limitar arbitrariamente la experiencia. Y además su confusión era significativa, mientras que su orden no lo era’.  

‘Miss Lonelyhearts’ es una novela suicida, kamikaze, de una violencia simbólica y gestual desesperada, muy americana pero distinta a la vez de lo que puede hacer otro maestro de la violencia emocional como Carver. Esta magistral parodia que ve Bloom y la ‘novela lirica’ que definía el propio West se alimenta de un humor negrísimo, humillante. De una primeriza versión de lo que décadas después Carver y otros fundaran como dirty realism, y un sentido amplio y subterráneo de fábula antimoral, en la que los seres humanos y el mundo contemporáneo a West salen muy mal parados.

Nathanael West murió con 37 años, en un accidente de coche cuando él y su mujer se dirigirán al entierro de Scott Fitzgerald, amigo y compañero de lo que se llamó la Lost Generation. Había publicado otras tres novelas: ’La vida soñada de Balso Snell’ ‘A cool million’ y ‘El día de la langosta’. Todas buenas, pero ‘Miss Lonelyhearts’, de 1932, es su obra maestra.

1: Harold Bloom ‘Cómo leer y porqué’ Barcelona, 2006, Anagrama

 Nathanael West, Miss Lonelyhearts, Barcelona, 1988, Ediciones B

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