sietelocos

 

‘Estos imbéciles… y yo sé lo que digo porque tengo experiencia…bién engañados, lo suficientemente recalentados, son capaces de ejecutar actos que le pondrian a usted la piel de gallina. Literatos de mostrador. Inventores de barrio, profetas de parroquias, políticos de café y filósofos de centros recreativos serán la carne de cañon de nuestra sociedad’

 

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Descubrí a Roberto Arlt gracias a Casavella. En uno de sus artículos recopilados en ‘Elevación, elegancia y entusiasmo’, citaba a un personaje que leía, obsesivamente, una y otra vez, ‘Los siete locos’. Tanto la referencia (Casavella atina bastante) como el carácter obsesivo me hicieron tomar nota. Y, efectivamente, ‘Los siete locos’ es una gran novela.

Roberto Arlt escribe ‘Los siete locos’ con apenas 29 años. No obstante, está ya curtido, tanto en lecturas como en publicaciones. No es una novela de juventud. Es una novela madura, de un escritor hecho y derecho, al que la ausencia de tiempo (siempre le recriminará al pudiente Borges que él no tiene ni el tiempo ni el dinero para permitirse escribir un cuento durante meses) le lleva a una literatura un tanto anárquica, desbocada, pero genial. ‘Los siete locos’ ha pasado a la historia de la literatura como paradigma de novela conspirativa. Es la historia de Erdosain, un don nadie, humillado por todos y cada uno de los que le rodean, que se mete en una conspiración sectaria para dominar el mundo a través de la explotación de una red de burdeles y el terrorismo químico, que llevará a una selecta minoria de iluminados a tomar el poder y devolver a (lo que quede de) la sociedad a una era de ignorancia mística pre-moderna.

La novela, como pueden comprobar, es una locura. No se salva nadie, están todos fatal de lo suyo. Una mezcla de angustia existencial, megalomanía y odio al prójimo les lleva a mentir todos contra todos, creando una red de espejismos, en la que cada personaje se cree que él es el único cuerdo e inteligente, y que por ello va a manipular a los demás a su antojo. Proxenetas, astrólogos, militares, cristianos redimidos, una pandilla de charlatanes que se mueven en los margenes de la sociedad, en unas cloacas que a ellos les parece el cielo. Pero no sólo es eso. No se trata de una sucesión inconexa de disparates. Arlt, y aquí esta la grandeza de la novela, consigue crear una historia coherente con un argumento que supera el pacto de la ficción. Bueno, me dirán, hay gente que se mete en sectas y cree en la llegada de la Nueva Jerusalen en la cola de un cometa. Si, pero aquí no trata del patetismo de lo patológico, sino de unos personajes que para trascender la miseria (en todos los sentidos) cotidiana, necesitan un proyecto histórico que les dé grandeza. Y, desengañados de los proyectos políticos y nacionales (recordemos, se trata de 1929) se crean uno ellos a su medida. La Alemania pre-nazi estaba llena de autoproclamados mesías de la nueva era. No fue la cosa el delirio de un único loco.

Para rematarlo, la novela esta narrada por ‘el comentador’, una tercera persona que pasa a primera en momentos muy puntuales y en un puñado de notas a pie de página, que viene a ser una especie de editor de la historia de Erdosain, mitad biógrafo y mitad psicólogo, pero que a la vez parece que sabe más del propio Erdosain que él mismo. Las referencias literarias son evidentes; Dostoyevsky,Kafka, apuntes a Nietzsche  y referentes bíblicos, todo ello con un estilo ágil y dialógico. Pero, al contrario que sus referentes, Arlt no busca tanto profundizar en los abismos de lo humano sino enganchar al lector, hurgando en la herida, pero creando un ‘juguete rabioso’. ‘Los siete locos’, ya lo anuncia el propio Arlt en las notas, tuvo una continuación con ‘Los lanzallamas’, mucho menos lograda. De la que nos ocupa nos quedara en la memoria una de las galerías de pirados más brillante de la historia de la literatura.

 Roberto Arlt  Los siete locos  Barcelona , 1992 , Catedra