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Hay que sonreír y estar sano, aún a costa de la salud

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El otro día cayó en mis manos una mini revista, tamaño bolsillo, tipo ‘La butxaca’, pero en versión infantil. Una agenda mensual de actividades para dicho público en la ciudad de Barcelona. No soy el perfil del lector de este tipo de revistas, ni pretendo serlo, pero por vicio tiendo a leer cualquier cosa, me interese a priori o no. En las últimas páginas llevaba una entrevista con un conocido mío que ha publicado un libro de poemas para niños. Cuando la entrevistadora le preguntaba cómo definía su poesía contestó ‘Como un bosque que tapa el árbol’. Efectivamente, él también sabe que su historia, nuestra historia, es la historia de un idiota contada por él mismo.

La definición perfecta de autobiografía. Félix de Azúa es de aquellos personajes de la escena pública barcelonesa del que publican entrevistas sólo para que opine sobre la actualidad, como antes se requería a los intelectuales, para que arrojen luz sobre el resto de sus conciudadanos. Pero la luz que arroja, que por el prestigio e inteligencia podría ser mucha y diversa, lleva años concentrada en su fobia principal, el catalanismo. Así que del Pepito Grillo nietzscheano que fue tiempo atrás ha acabado convirtiéndose en un teniente más (elegante, eso sí) de la Brunete mediática.

Artículos aparte, Azúa tiene una amplia producción bibliográfica en prosa, poesía (fue uno de los novísimos) y ensayo. Las más conocidas son el díptico pseudo autobiográfico formado por esta ‘Historia de un idiota contada por el mismo’ y su continuación, el ‘Diario de un hombre humillado’ publicada dos años después y reeditadas, también en Anagrama, en un único volumen hace poco. La ‘Historia…’ es especialmente brillante. Poco más de cien páginas, no sobra ni una coma. La coartada intelectual es la búsqueda de la felicidad a cargo de un protagonista que alterna el alter ego del autor con la función de interlocutor de otro personaje también con rasgos autobiográficos (el poeta de los ‘doce de la fama’) que resulta tan o más idiota que el protagonista.

Lo de la idiotez más que un insulto es una postura vital, un descubrimiento. La novela es de un nihilismo tan devastador, divertido y bien escrito que hasta resulta gratificante darte cuenta, como explicaba Casavella que ‘Si este es un idiota, los demás ¿qué somos?’. Pues idiotas también, cada cual a su manera y en la medida de sus posibilidades. El viejo lema marxista de ‘cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad’ se adapta perfectamente a la visión desmoralizadora del mundo del narrador, por el que va pasando la España de los setenta y a través de la cual se desmontan los mitos conceptuales que justifican la existencia; infancia, religión, política, sexo, amor y al final de todo, el arte.

Todo es mentira, nos dice el idiota. Y nosotros aplaudimos, como buenos idiotas. Mientras alguien siga escribiendo novelas así ¿qué más nos hace falta, para continuar en nuestra placida idiotez?. Lean y déjense llevar. Total, son cuatro días. No hay necesidad de preocuparse pensando que, como decía el propio autor unos pocos años antes de publicar la novela, más que Barcelona fuera el Titánic, el mundo entero es una metáfora del funesto trasatlántico.

Félix de Azúa Historia de un idiota contada por él mismo Barcelona 1986 Anagrama