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Que importaba la brutalidad del gesto si con eso impedía una nueva recomposición mentirosa. (página 265).

 

 

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Sólo hay una cosa peor que la muerte de un padre. La muerte de un hijo. Cualquiera que haya pasado por ello reconocerá un antes y un después en la historia de su vida. Se cierran unas certezas y se abren otras. La ausencia reescribe todo lo que se hizo bien y se hizo mal y te da una oportunidad para corregirlo, y la agradeces. Pese a la seguridad de que un día todo volverá a repetirse.

‘Bosque quemado’ es la cuarta novela del escritor chileno Roberto Brodsky. Con este apellido debe ser imposible escribir mal. El titulo refiere a la descripción que le da un médico al protagonista sobre los efectos del Alzheimer en el cerebro de su padre, un bosque quemado en el que aún quedan algunos árboles y ramas humeantes.

La novela es la relación entre padre e hijo, el alter ego de la autor, reiniciada tras el penúltimo exilio del padre. Se desarrolla estructurada en cuatro partes, alternando entre el exilio y la enfermedad como ejes. Desde el retorno del padre hasta la muerte de la madre y la liquidación del ultimo resto de esa vida parental. Un gesto o un objeto retrotraen la historia de la familia, de sus rupturas y reencuentros. La historia de una generación latinoamericana marcada por la lucha política, la derrota y el exilio.

La historia del padre del protagonista está marcada por la contrarrevolución. El padre es un medico comunista judío que vivirá derrotado, huyendo de la represión. La crueldad máxima será ese Alzheimer que le quitara una de sus dos únicas victorias, la memoria. La otra, sus hijos, y en especial la visión de la relación padre-hijo desde la óptica del protagonista, será el otro eje temático de la novela. Pero escrita desde la muerte del padre, no es un ajuste de cuentas con la generación anterior, sino una búsqueda del propio narrador acerca de los motivos, o los hechos, que le impidieron conocer verdaderamente a su padre. Como él mismo dice, es la ‘Carta al padre’ de Kafka, pero al revés. ’Si alguien debía exigir una compensación por el daño infligido, ese no era Franz, sino Hermann’ (página 66).

La distancia entre padre e hijo es tan grande como los kilómetros que recorren ambos a lo largo de la novela, y el texto intenta llenarla, recomponerla. Es imposible, concluye Brodsky. Solo después, en la ausencia, uno puede reconstruir un discurso que de sentido a lo que ha significado un padre o una madre. Reconocerlo. Acostumbrado a tantas novelas de literatura wasp sobre familias de clase media que se hunden y dedican cientos de páginas a justificar porqué aquello no ha resultado lo que les habían vendido, ‘Bosque quemado’ es básicamente una novela sincera. Coherente, seria, bien estructurada y narrada, con una prosa concisa e inteligente.

Roberto Brodsky Bosque quemado Barcelona 2007 Mondadori

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