En América siempre había gente buscando trabajo. Siempre había un montón de cuerpos utilizables para reemplazar a otros. Y yo quería ser escritor. Casi todo el mundo era escritor. No todo el mundo pensaba en que podía ser dentista o mecánico de automóviles, pero todo el mundo pensaba que podía ser escritor. (…) Pero la mayoría de hombres, por fortuna, no son escritores, ni siquiera conductores de taxi y algunos -bastantes- desgraciadamente no son nada’ (p 155)

 

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Damas y caballeros: con todos ustedes, Bukowski. Chinaski, el eterno perdedor del sueño americano, alcohólico, sórdido, guarro, misántropo, que se pasa toda la vida de borrachera en borrachera, agarrado a unos cuentos y poemas que no le interesan a nadie hasta que de repente…¡milagro!. Se convierte en un escritor de culto.

Yo fui una victima de Bukowski. Lo descubrí cuando tenia quince años y me dejo flechado. El primer libro que leí fue ‘La maquina de follar’, un recopilatorio de cuentos. Lo leí en una tarde. Aun recuerdo donde y en qué postura. Un año después, me había leído todo lo que le habían publicado en Anagrama. Varias veces.

En el caso de Bukowski, como en todos los escritores denominados malditos, el personaje acaba comiéndose a los libros. La carga autobiográfica (cuando le preguntaban si todo aquello era real, el respondía ‘mitad y mitad’) y su propia vida, que era un cuento suyo en si misma, contribuyen a anular la separación entre obra y autor. Si no me creen, vayan a Youtube y vean la famosa escena de ‘Apostrophes’. Tampoco se trata de una admiración por el wild side of life, un deseo soterrado de convertir la vida en una borrachera continua. Eso, como todos los excesos, acaba aburriendo.

No. Mi pasión por Bukowski se resume en dos puntos. Uno, la búsqueda de la individualidad. Por encima del vino y los polvos, los libros de Bukowski son la historia de un tipo buscando su propio camino. Riéndose de la mayoría que busca juntarse y justificarse mutuamente para sentirse alguien, para que alguien les de la razón y olvidarse que que realmente son unos mediocres. Aquí esta la diferencia entre un Chinaski que sera el eterno marginado, el que siempre llega tarde a todo y un Bukowski que descubrirá a los 50 que eso del éxito no esta nada mal y acabara rodeado de admiradores que lo adoran y le invitan a copas. Seguro que, desde algún cuartucho, Chinaski hojea las novelas de ese tal Bukowski entre trago y trago de vino barato y piensa que si, que le ha pasado como él opinaba de Hemingway. Al principio tenia fuerza, pero se ha ido haciendo blandito. El otro gran punto de la narrativa de Bukowski es la sencillez. Cuando estas acostumbrado a insoportables lecturas de instituto, que alguien identificable hable de las cosas de una forma, clara, directa y con sentido del humor, te parece el séptimo cielo. Es lo que quería leer en ese momento, y ahora me sigue gustando, aunque no me entusiasme tanto como antes. Nos hacemos mayores.

‘Factotum’ es la segunda novela que publico Bukowski. El titulo seria algo así como ‘el que trabaja’, y de eso trata. Un repaso por los múltiples subtrabajos por los que va pasando Chinaski. Aderezados con mucho alcohol y sexo. Es un relato de la cotidianidad del perdedor, de como la sociedad le fuerza a integrarse, a ser un hombre de provecho, y de como este hace todo lo posible para fracasar una y otra vez. Como dice el mismo en otro de sus cuentos, todo el mundo vive trabajando, lo difícil es vivir sin trabajar. ‘Factotum’, es junto con ‘Cartero’ y la autobiográfica ‘La senda del perdedor’, las mejores novelas de Bukowski. Sigue conservando la frescura, la diversión y la mala leche. Como el resto de su obra, no tiene ni un porqué ni lecturas teóricas complejas. Es una serie de acontecimientos puestos en ese orden. Probablemente funcionarían igual otras historias publicadas como cuentos en un orden distinto. Es Bukowski, lo tomas o lo dejas. Para mi, la literatura no seria lo mismo sin ese viejo gruñón.

‘Factotum’ Charles Bukowski Barcelona 1995 Anagrama