bestia

 

Cuando la vida es dura, hay que ser duro. (Max Dembo)

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Cuando le piden a James Ellroy su novela preferida sobre los bajos fondos de Los Ángeles, contesta ‘No hay bestia tan feroz’, de Edward Bunker. Con razón, pues es bastante mejor que las suyas. El mismo Ellroy, en el prólogo de ‘Stark’, una novela primeriza de Bunker, señala las novelas de Bunker como una mezcla entre el pulp-noir de los cincuenta y el existencialismo francés. Bastante más de lo primero que de lo segundo, James. Gran literatura, en cualquier caso.

‘No hay bestia tan feroz’, traducción literal para el título un poco forzado de ‘No beast so fierce’ fue la primera novela de Bunker. La publica en 1973. A esas alturas, el autor llevaba algunas décadas viviendo en primera persona el temario delictivo y carcelario que luego desarrollara en sus pocas pero brillantes novelas. Es un caso similar al de Dani el Rojo en Barcelona, con la diferencia de que Bunker aprendió a escribir en la cárcel y luego pudo moldear el material biográfico, suyo y ajeno, para la literatura y el cine, esto último en su faceta de actor. De hecho, a Bunker casi todos lo tenemos visto; es el breve Señor Azul de ‘Reservoir dogs’ de Tarantino, otro obvio bunkeriano.

La novela es brillante. Bunker maneja el tempo de la acción al milímetro. Siempre hay tensión, pero no necesariamente violencia. Utiliza un lenguaje muy cinematográfico, con mucho movimiento y las explosiones muy bien distribuidas, con un rush final en la tercera parte que clava el lector al texto.

El eje es el dilema vital del outlaw. Empieza con la salida a la calle del protagonista, Max Dembo con la condicional. Hay la voluntad de entrar en la sociedad, pero las trabas aparecen una tras otra hasta la inevitable vuelta a los orígenes. En la primera parte de la novela es donde aparece más a menudo la cuestión sociomoral. Por ejemplo, justo después de un robo con éxito: ‘Me inundaron los remordimientos, o más que los remordimientos, el deseo de que el dueño de la casa de empeños tuviera un seguro. Pero inmediatamente reprimí aquellos sentimientos … Era una condena indiscriminada e irracional, la misma que los de su calaña me habían aplicado durante toda mi vida’ Es la parte menos lograda de la novela, el debate en torno a la ética outlaw que a veces degenera en un psicologismo fácil. El mundo contra mí.

Todo lo demás son aciertos. Una escritura fluida, concisa y agresiva cuando conviene. El autor usa su pericia callejera en el trato humano, indispensable para la supervivencia en un entorno hostil, para darle altura al protagonista, que una vez superado el debate moral consigue sacar de los estereotipos del buen ladrón y del antihéroe dejándolo en simplemente un superviviente. También en el haber de la gran novela negra que es, contar la brillantez de las relaciones duales de los personajes, especialmente los masculinos. En los dúos entre Rosenthal o Aaron y Max están las mejores páginas de la novela. La trama de esta se abre y cierra a través de los detalles, que tanto en la literatura como en lo que no lo es, marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Edward Bunker  No hay bestia tan feroz  Barcelona 2009 Sajalin