Castellanos Moya, H.


arma hombre

 

No contare mis aventuras en combate, nada más quiero dejar claro que no soy un desmovilizado cualquiera

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El efecto Rambo. Para los que no vivieron los ochenta: John Rambo, personaje interpretado por Sylvester Stallone en las tres películas de la saga. La primera, ‘Acorralado’ (‘First blood’, 1982), excelente. Las secuelas, ‘Rambo 2’ y ‘Rambo 3’, propaganda americanófila. Curiosamente, la tercera pasa en Afganistán y el intrépido Rambo lucha contra los ocupantes soviéticos ayudando a unos barbudos locales que años después se convertirían en enemigos del Imperio.

En la primera, el personaje John Rambo es un ex boina verde que no se readapta a la vida de civil y se enfrenta él solo a medio estado. Hay una frase suya que resume perfectamente esa situación post bélica; ‘En Vietnam manejaba equipo que valía millones de dólares, y aquí no me quieren ni para fregar platos’. El estado en guerra crea máquinas de matar y un buen día decide que ya no las necesita y las suelta en una sociedad civil en la que ya no funcionan. Entonces ocurre el desastre.

Si quieren una versión más literaria, lean ‘Tempestades de acero’, de Ernst Jünger. Es la misma idea sesenta años antes. Su protagonista, el alemán Jünger se pasa cuatro años en el frente occidental, lo hieren catorce veces. Sobrevive. Acaba la guerra, y que tiene que hacer, ¿volver a estudiar bachillerato? ¿después de cuatro años matando y viendo como mueren todos?. Como decía Ferrán Gallego, el soldado alemán que vuelve del frente en el 18, tiene dos opciones, o se hace pacifista como Erich María Remarque, o se apunta a un Freikorps como los futuros nazis.

‘El arma en el hombre’ es la versión de Rambo y Jünger que escribe Castellanos Moya. Aquí se llama Robocop, y es un ex soldado de elite salvadoreño al que desmovilizan con el final de la lucha entre guerrilla y estado. Como en los casos anteriores, el personaje solo ha hecho dos cosas hasta entonces, obedecer órdenes y matar. Ambas las hace muy bien. Seguirá haciéndolas, con o sin guerra. La diferencia que plantea Castellanos Moya en la novela es el cambio de matiz en el concepto guerra. Se acaban las guerras clásicas, siglo XX, y empiezan las contemporáneas, siglo XXI. También estas necesitan máquinas de matar, y por ellas irá pasando Robocop, de mano en mano y de jefe en jefe, hasta acabar con el más poderoso de todos.

Todas las novelas que he leído de Castellanos Moya son buenas. Tiene once, diez de ellas  publicadas entre 1996 y 2013. Es loable semejante regularidad, manteniendo un nivel tan alto en su escritura. Aquí he hablado de esta ‘El arma en el hombre’ y anteriormente de ‘Baile con serpientes’, pero podría haber escogido (quizás lo haga más adelante) ‘Tirana memoria’, ‘El luchador y la sirvienta’ o ‘Insensatez’. Todas lo merecen.  Novelas cortas, contundentes y con mucho más fondo de lo que aparentan en su dinámica de acción y violencia. Esta cabe entenderla como el vehículo de la historia salvadoreña del siglo XX, no como simple agresividad. Lo mejor de Castellanos Moya es que tiene cosas que contar, no imposta. Este sí que merece el Nobel, y no las medianías que lo reciben año tras año.

Horacio Castellanos Moya  ‘El arma en el hombre’  Barcelona 2001 Tusquets

 

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baile

Ninguno de los inquilinos pudo decir en qué preciso momento el Chevrolet amarillo se había estacionado frente al edificio

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Aquello que comúnmente denominamos ‘cultura’ no es nada más allá de una mezcla entre genética y reacción. Genética o predisposición física heredada, reacción contra todo aquello que el entorno tiende a imponernos y que, contra suposiciones, tendemos a negar para remar en dirección contraria. Así, si uno nace en un país pesimista, autodestructivo y rodeado de gente que insiste en ningunear, posiblemente acabe sintiendo simpatía por él, aunque de salida no vea en las banderas más que un trozo de tela. Por el contrario, si crece en un ambiente enfervorizado, maniqueo y auto afirmativo tenderá a huir de él, vivir en el extranjero y escribir novelas como las que escribe Castellanos Moya.

En la edición española de ‘Baile con serpientes’, dieciséis años después de su publicación en México, hay un epílogo de Roberto Bolaño donde explica que tras leer otra novela de Castellanos Moya, ‘El asco’, inició una correspondencia con su autor que califica de ‘melancólica’. Cuesta imaginar al autor de estas novelas, retratado en la solapa con rostro pétreo, curtido, escribiendo cartas melancólicas al chileno Bolaño. El caso es que después de esa novela (‘Baile con serpientes’ fue la segunda, ‘El asco’ la tercera) , un monólogo exabrupto muy Bernhard, pero contra El Salvador en vez de Austria, a Castellanos Moya le llovieron todas las amenazas posibles, especialmente por su crítica destructiva al plato nacional salvadoreño, las pupusas, que el narrador destroza sin piedad.

Las novelas de Castellanos Moya tienen unas claves comunes, como la denuncia de la historia salvadoreña reciente, tema que conoce bien desde su tarea periodística, especialmente los episodios de guerra sucia y represión política, militar y racial. Son novelas cortas, ágiles y violentas. De las once que tiene publicadas hasta ahora, me quedo con ‘Insensatez’ y esta ‘Baile con serpientes’, quizás por primeriza, por tener una ingenuidad metafórica que la aleja de la influencia periodística de las novelas posteriores a ‘El asco’ y que la convierten en un juguete rabioso pero atemporal. Aunque el tema sigue siendo El Salvador, claro. Pero de otro modo. La novela es una historia alegórica a tres voces. Un narrador cotidiano se transforma en un homeless que vive en un Chevrolet amarillo desballestado (el país) donde habitan cuatro serpientes humanizadas con las que empezará una orgia de venganza por la ciudad, en la que caerán políticos, policías y un amplio repertorio de ciudadanos de a pie.

Es una violencia fría, casi enumerativa, a lo Hanecke pero sin la indiferencia europea; más física, casi sensual. Una de las mejores escenas de la novela es la secuencia sexual entre el narrador y las serpientes. Hay algo de lógico en el desarrollo de la violencia en las novelas de Castellanos Moya, como si no pudiera darse de otra manera el que aquello acabara en matanza. Una fatalidad que se complementa muy bien con el ritmo cinematográfico de esta novela y la combinación entre fantástico (con las alegorías animales y las metáforas políticas) y la trama negra de la novela, en la que juegan a tres voces el protagonista vengador, el poli bueno y la periodista honrada, el primero en primera persona y los otros en tercera.

El conjunto es sencillo y brillante, una buena puerta de entrada para uno de los autores del continente que merece tener en la lista de narradores privilegiados.

Horacio Castellanos Moya Baile con serpientes Barcelona 2012 Tusquets