índex

 

A veces te veía escribir y, a mi pesar, recordaba los cuadernos de ella. Pensaba: la buena letra es el disfraz de las mentiras p 152

 

 

 

 

 

Están allí. En el diario, en el blog, en el suplemento literario de turno. Se anuncian como un gran letrero de neón. NOVEDADES. Tras él, descargan listas con las novelas que aparecerán este otoño en las mayores editoriales del país. El repaso me deja en la más absoluta frialdad. Lo interesante seria saber qué han leído, qué les ha emocionado este verano. Mi libro ha sido ‘La buena letra’, de Rafael Chirbes

 

El libro es una carta – testamento de una madre, Ana, a su hijo. Una novela corta, de apenas ciento cincuenta paginas. Muy fina, bien pulida. Escrita en primera persona y desde el punto de vista de alguien que por primera vez en su vida se pone a escribir sus recuerdos. Son la historia de su familia en un pueblo valenciano, que corre en paralelo a la del país, a lo largo de la guerra civil y la enorme posguerra que fue el franquismo .

 

‘La buena letra’ es una novela de detalles. Emplazados en medio del discurso, sin destacar, pero que dan un brillo especial a la novela. El brasero de picón, los  pantalones de mil rayas, las fotografías guardadas en el cajón del aparador. Los pantalones de  boda que Ana le obliga a ponerse a su marido cuando este se entrega a los falangistas, para que si le ha de pasar algo, sea con la mejor ropa que tiene, y que después le sirven para saber que no se halla entre los fusilados. Los maridos yendo al fútbol el domingo por la tarde, el único momento de ocio de los obreros, dejando a las mujeres en casa porque como decía el anuncio de coñac peleón, ‘es cosa de hombres’. El cine, el gran escape de la mediocridad franquista para la práctica totalidad del país. La humillación de, acabada la sesión, ponerse en pie y cantar el ‘Cara al sol’ brazo en alto, con los falangistas vigilando que a nadie se le olvide el entusiasmo. En la escuela del pueblo de mi madre, los alumnos recibían al delegado provincial también brazo en alto y a grito pelado, a ver si les daban unos días de colonias. No se las dieron.

 

Como en algunas películas de Bergmann, la historia se desdobla en dos personajes femeninos antagónicos, Ana, y Isabel, la cuñada. Ana es la golden heart y Isabel la trepa. Esta utiliza a la gente en beneficio propio. La primera sólo sabe luchar y sufrir. Alrededor de ellas se crea una historia de amor y muerte. El amor que une a la protagonista con su familia y que da sentido a la lucha por la supervivencia en tiempos terribles.

 

La muerte flota alrededor de toda la historia. Los muertos en la guerra, los muertos prematuros, los muertos en vida, agonizantes, y los que mueren demasiado tarde. En la actual sociedad hiperhiguienizada, la muerte es algo inevitable y molesto, reservada a la vejez. En ‘La buena letra’ la muerte es arrebatadora y terrible. Deja huecos que tiene que llenar la memoria. No había otra forma de seguir viviendo. Una cultura que endurecía y a la vez profundizaba en la vida y la muerte.

 

‘La buena letra’ es una novela triste y de una gran belleza. No dejara indemne a cualquier lector que tenga sangre en las venas.

 

Rafael Chirbes La buena letra  Barcelona: 2002, Anagrama