Zama.-Antonio-di-Benedetto

Era temprano y yo holgaba.  (p 153)

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Uno de los cuentos más conocidos de Roberto Bolaño es ‘Sensini’, el que abre su libro ‘Llamadas telefónicas’. En él, el narrador encuentra un escritor argentino al que admira, Sensini, que se busca la vida en los premios literarios de provincias en la España de principios de los ochenta. Esto le descubre una inesperada  forma de ganarse la vida con la literatura, a la vez que le deprime  el observar como alguien con tanto talento tiene que vivir y publicar de esta forma.

El Sensini del cuento era el escritor argentino Antonio di Benedetto, y la novela que está escribiendo en el cuento sobre un tal Ugarte es ‘Zama’, una novela que había publicado casi treinta años antes.  La historia tendrá un final digna del mismo cuento, pues ‘Sensini’ (el cuento) quedara segundo en uno de esos  premios provinciales  y Bolaño tendrá que pedirle a Herralde que negocie sus derechos para su publicación en Anagrama

‘Zama’ es una novela inmerecidamente oculta. Es la historia, explicada en primera persona y en tres años de la última década del siglo XVII, de  Diego de Zama, un funcionario de la corte española varado en una ciudad de provincias del Paraguay colonial, esperando un ascenso y un traslado que no llegara nunca.

Tiende a asociarse ‘Zama’ y Di Benedetto al epíteto ‘Kafka argentino’. Usar el adjetivo kafkiano  en cualquier novela en que se interrumpe  el orden lógico de los acontecimientos se ha convertido en algo tan recurrente que ha dejado de tener un significado específico. Aquí casaría, igual que con Beckett, con la idea de fisicalizar un espacio, esa ciudad colonial, donde el tiempo y la lógica se han detenido y el personaje espera, sentado, a que algo o alguien restablezca  el curso normal de los acontecimientos. Pero aquí el absurdo ahistórico se torna en ridículo histórico, el del  funcionario que se sigue pensando como parte fundamental de un imperio pese a que la realidad le demuestra que su tiempo se ha acabado. Ese desencaje le acerca más al extranjero de un Camus menos trágico y más grotesco.

Diego de Zama es el vestigio de un viejo mundo que se agota. Su tiempo y su gloria son algo pasado, y en la novela dedica sus días a ejercer de don Juan de tercera y esperar en vano. Las dos primeras partes de la novela son eso, la historia de un hidalgo fracasado. Es la historia de un imbécil contada por el mismo, algo parecido al Herbert Herbert de ‘Desesperación’, de Nabokov. El personaje inflado de ego que  en la práctica resulta alguien mediocre y mezquino.

Más aun, Zama es un  traidor. Se dedica a traicionar a todo aquel que le confía algo importante, y lo hace sin ningún tipo de remordimiento. Quizás  Di Benedetto anticipe las traiciones que sufrirían sus compatriotas en los siglos posteriores a  manos de los muchos Zamas americanos descendientes de aquel.  En el último tercio, la novela  gira  a un realismo mágico u onírico que se va adueñando de la narración  hasta  el viaje- huida final. Zama el traidor será traicionado a su vez y morirá en manos de aquellos que cree mandar. Vivirá y morirá solo, esperando

Di Benedetto, Antonio    Zama   Madrid;  1985,  Alianza Editorial