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El Cuarto Rey Mago entregó “su” regalo y desapareció p 66

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En Abril de 1954, ‘Rock around the clock’, de Bill Haley consigue el primer número uno de la historia para el rock and roll. Tres meses después, un Elvis Presley de apenas diecinueve años graba ‘That´s allright’ en Memphis, Tennessee, en el estudio de Sam Phillips para Sun Records. Dos años después ha conquistado los USA y con él surge una de las mejores generaciones de la música del siglo XX. El r’n’r, de la mano del propio Elvis, Eddie Cochran, Johnny Burnette, Little Richard, Chuck Berry y muchos otros reinará durante tres años. En el 58 Elvis es reclutado para la mili y enviado a Alemania, para desolación de millones de adolescentes que observan humillados como le afeitan el tupé. En Febrero del 59,una avioneta que llevaba a Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper hasta la próxima parada de su gira de invierno se estrella en un campo de maíz en Iowa. Con la muerte de Buddy Holly, el rocker que tenia mayor talento pop, y sus acompañantes se certifica el final de una etapa. Luego llegaría la decadencia en forma de solistas precocinados, bailes de temporada y la british invasion de los sesenta para empezar otra historia.

‘El cadillac de Big Bopper’ es puro rock n roll. Es un libro salvaje, que, como el r’n’r, cuestionaba una forma de vida, una música  burguesa, mediocre y sedentaria. Cuando la música se ha convertido en hilo musical, en un amable entretenimiento, siempre ha surgido una variante del r’n’r para cuestionar esa docilidad de espíritu y volverla a sus orígenes, a sus raíces. Para hacer de ella algo rápido y divertido. La novela de Jim Dodge es un road book, pero tiene poco que ver con Kerouac. Las batallitas y los encuentros del protagonista son una parte, no un todo, igual de importante que los agentes, las drogas, la música, la carretera, y que el thelos, el destino del viaje, tanto el formal como el personal. Dodge sintetiza toda una época, la América de los 50, que en el momento narrativo de la novela acaba de desaparecer, para concentrarla en un personaje, George Gastin, y en un viaje por toda la geografía americana a la búsqueda de la tumba del Big Bopper para entregarle un Cadillac del 59 recién estrenado que tenia que haber sido un regalo para él. Por el camino se ira encontrando una galería de secundarios a cual más chiflado, que entre otras cosas le venderán una colección entera de vinilos de los cincuenta, fundaran una iglesia y le entregaran su propio fantasma.

El resultado es una locura, ágil, adictiva y muy lisérgica. Quizás demasiado lisérgica en su tramo final. Es una novela más americana que las barras y estrellas, y funciona como una carta de amor apasionada a un momento muy especial de la historia del siglo XX. De su música, no solo el r’n’r, sino también el jazz y el soul. De sus drogas recreativas, las anfetaminas y el lsd, de sus coches, simbolizados en la estrella Cadillac. Es también un brindis a la individualidad, el tipo que sale al mundo a buscarse la vida, a encontrarse con la realidad y a hacerse a si mismo. Pero lo más interesante de ‘El cadillac de Big Bopper’ es que en un mar de novelas americanas que retratan la clase media, algunas muy buenas, de autores como Roth, Cheever, Yates o Frazen, Dodge escribe una gran novela de la clase obrera americana. Aquí no hay familias perfectas de suburbia con buenos trabajos y vidas aparentemente completas. Aquí hay camareras, leñadores, empleados de gasolinera, poetas marginales, camioneros. Música, maestro. ¿Saben como acaba? Acaba así: Uamba buluba, balambambú.

Jim Dodge  El cadillac de Big Bopper  Barcelona; 2007, El Aleph

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