virgenes

 

Nosotros los griegos somos gente taciturna. Para nosotros el suicidio tiene sentido. Pero poner luces de Navidad después de que tu hija se ha suicidado, eso sí que no tiene sentido. (P.164)

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La portada de la primera edición de ‘Las vírgenes suicidas’ es una imagen de un grupo de mujeres girando en un  baile, cogidas de la mano y con los ojos cerrados. Sugiere algo ritual, extraño y clásico. En 1999 adaptaron la novela al cine, y las reediciones posteriores cambiaron la portada  a esta de arriba, un fotograma donde aparecen las cuatro actrices que interpretan a las hermanas mayores Lisbon, cada una mirando a un punto diferente fuera de plano.

Es lo único que he visto de la película, y me reafirma en mi decisión de no ver más. Nada de esta foto me transmite algo parecido a la potencia de los personajes de las Lisbon en la novela de Eugenides. En la portada veo a cuatro actrices adolescentes con el mismo corte de pelo posando en un casting. Sus miradas vacías no tienen ni un gramo de la angustia de sus equivalentes en la novela.

‘Las vírgenes suicidas’  fue el debut de Jeffrey Eugenides, en 1993. Fue un éxito inmediato. El autor se tomó su tiempo para continuarlo. Los intervalos entre una novela y la siguiente  rozan la década. La segunda fue la notable ‘Middlesex’, premio Pulitzer en 2002, y la última es la anodina y prescindible ‘La trama nupcial’ en 2013.

Ninguna alcanza la brillantez de la primera. ‘Las vírgenes suicidas’ es una novela magníficamente construida a partir de los suicidios de un grupo de cinco hermanas en un suburbio americano de clase media en los setenta. El narrador es una primera persona en plural, la voz común de un grupo de chicos del vecindario enamorados de las hermanas Lisbon y que asisten desde fuera a su autodestrucción. Años más tarde, reconstruyen los hechos de forma documental. Esta voz, anónima y colectiva, es tremendamente original. Sin ser nadie en concreto, consigue ser muy cercana al lector. La emoción y el ridículo de los vecinos son reconocibles como propios.

El otro eje de la novela es la tensión entre la vida de clase media americana y la anomalía de la familia Lisbon. La imagen que mejor definiría la novela sería la de alguien mirando desde la calle una casa cerrada. La imposibilidad de acceder adentro, a ver que está pasando realmente. ‘Las vírgenes suicidas’ es una novela de terror, del mismo terror que ‘La hora del lobo’ de Bergman. El terror de saber que se está desarrollando una  tragedia y no poder hacer nada para evitarla. Esta atmósfera opresiva y terrible está perfectamente desarrollada por Eugenides desde ese ojo adolescente pero adulto a la vez.

Lo que resulta más trágico  no  es el suicidio de las hermanas Lisbon, anunciado desde el título, sino la frialdad de las relaciones humanas que configuran la novela. La barrera emocional y comunicativa entre padres e hijas y entre la familia Lisbon y el resto de la comunidad. Nadie es capaz de imponerse y tomar una decisión.  Por eso resulta tan entrañable el patético esfuerzo de los narradores por intentar salvar lo insalvable. Una inocencia tan encomiable que por sí sola ya justifica el libro. Un clásico contemporáneo.

Jeffrey Eugenides  Las vírgenes suicidas Barcelona 2003 Anagrama