JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS EXTRAMUROS

 

Quiero ser carbonizada, azotada, flagelada, levitar por las mañanas y en el cuerpo tener llagas. Quiero estar acongojada, alucinada y extasiada, tener estigmas en las manos, en los pies y en el costado. Quiero ser santa, quiero ser beata. (Parálisis Permanente)

 

 

 

 

_____________________________________________________________________________________

En 2010 trabajé de guía en, entre otros sitios, el Monasterio de Pedralbes, en la zona altísima de Barcelona. De camino para allí pasaba por delante de la embajada de los USA, un chalet imponente siempre con una patrulla de la policía aparcada delante. El sueldo era de miseria, pero el trabajo me encantaba. El convento era de monjas de clausura clarisas, fundado en el siglo XIV por una reina viuda, la Reina Elisenda. Los grupos de adultos eran muy agradecidos. Los de adolescentes se aburrían mucho. Les costaba entender, sobre todo a ellas, porqué alguien decidía encerrarse voluntariamente a pasar el resto de su vida rezando entre cuatro muros y un claustro. Si hubieran leído ‘Extramuros’ lo entenderían mejor.

Hoy cuesta entender un convento de clausura como un espacio de libertad. Los votos y la regla imponen una disciplina muy severa destinada a renunciar al mundo y crear un espacio intermedio entre este y el cielo católico. Ese espacio y ese hábito creaban un perímetro de protección a unas mujeres que históricamente eran posesiones del hombre (padre, marido o hijo) con el que compartieran familia. Fuera de ahí, no había prácticamente nada. Por eso había mujeres, como los personajes de la novela, que eran más libres dentro del convento que fuera de él.

‘Extramuros’ es una de las novelas más conocidas y logradas de un narrador poco conocido, Jesús Fernández Santos. Incluido en las lista de la Generación del 50, fue cineasta documentalista, además de escritor. Murió bastante joven, en 1988. El elemento religioso e histórico (la España de la época moderna) está presente en varios de sus libros y documentales. Este, ‘Extramuros’ es una muy buena novela histórica. En la España de los Austrias menores, en plena crisis de subsistencia, en un convento de monjas castellanas una de las internas simula unas llagas en la palma de las manos de intención milagrosa para recuperar público y donaciones. Muchos son los llamados, y pocos los elegidos. La cosa funciona, y ella y la narradora, amadísimas hermanas, se van metiendo en una lucha por el poder en el que acaban implicados, además de las monjas del convento, el Duque mecenas y la Inquisición.

A este nivel, la novela funciona perfectamente. La ambientación es buena, la trama es interesante y está bien construida. El ritmo es fluido y mantiene la tensión sin necesidad de fuegos artificiales. El lenguaje, un hibrido entre el castellano moderno y el actual, tiene el punto medio para no caer en la pedantería; no hay ningún ¡pardiez! ni ¡voto a bríos! Ni hay una voluntad, muy tópica en mucha novela histórica, de pretender enseñar Historia. Aquí no hay descripciones de las guerras en Flandes, ni de la política cortesana. De hecho, ni sabemos qué rey es ‘el Rey’ que se nombra, aunque se supone que es Felipe III o Felipe IV.

No importa. Lo interesante de la novela es su carga política. A partir del éxito de la Santa y sus llagas, empieza una disputa por el poder del convento en la figura del cargo de priora. Hay un juego a tres bandas entre la Santa, la vieja priora y la hija del Duque, una paracaidista que quiere imponer su poder aristocrático para conseguir el cargo. Todas utilizan técnicas de manipulación democrática, pues, y aquí está la gracia, en este tipo de comunidades muy cerradas era de las poquísimas que mantenía un sistema de elección por voto secreto. El rol de la Santa, a partir de alguien del pueblo llano que ha sido señalado por Dios (las llagas) se convierte en la izquierda monacal

‘-¿Qué es el alma sin tormento? –pregunta- Es barro como el cuerpo. Bien poco vale una vida sin riesgo. Para alzarnos de la tierra es preciso sufrir en ella toda suerte de mortificaciones. ¿Qué importa el fuego si otro amor abrasa y quema el alma?’ (p.184)

Paralela a esta subversión está la creencia, cada vez más confirmada, de la narradora que la Santa la ha manipulado para sus intereses políticos y que el amor entre ambas no era tal. Porque además de una novela histórica y política, ‘Extramuros’ es también una historia de amor lésbico muy lograda, entre la Santa y la hermana narradora sin nombre. No es delirante, en el sentido que pese a que en el catolicismo el lesbianismo no existe, puesto que la sexualidad de la mujer está al servicio de la reproducción, en la literatura mística del Siglo de Oro, la relación entre la religiosa y Dios/Jesucristo, es una relación de amor pasional, como lo sería una relación trovadoresca en el mundo exterior, y tiene una carga erótica considerable. De ahí a canalizar ese erotismo a la hermana de al lado hay un paso. Muy significativo es el momento en que la narradora sorprende a otra hermana retozando con un fraile y le asquea, en contra de la sensibilidad con que describe  las caricias que se dedican ella y la Santa. Así, cuando la hermana, que lo hace todo por amor, constata que no, que es una pieza más del engranaje, se muere de celos.

“Mi gozo está en unirme al señor”, aseguraba, y yo, pobre de mí, sentía la desazón de los celos unida a una cruel soledad que a ratos me aconsejaba huir, abandonarla, en aquel cruel laberinto’ (p. 185)

Por ponerle algún pero a la novela, en la parte final cambia la narración a otros personajes para dar continuidad a la historia del convento. Si hubiera mantenido, con algún otro recurso, la narración sólo en manos de la hermana protagonista hubiera sido aún mejor. Pecata minuta.

Por supuesto, hubo película de ‘Extramuros’ en 1985, dirigida por un tal Miguel Picazo y producida por Garci. Mercedes Sampietro en el papel de Santa y Carmen Maura en el de hermana narradora. Sin desmerecer, el papel de Santa tenía que haber sido para Victoria Abril, y el de hermana narradora para Ana Belén, y Anabel Alonso de motilona. ¡Que escenas de celda hubieran salido!

 

Jesús Fernández Santos,  Extramuros  Barcelona, 1978, Aros Vergara

Anuncios