missingfuguet

Hay cosas más importantes que contar una historia p 340

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Una vez, una dama paró a Chéjov para preguntarle: ‘¡Antón Pavlovich! ¿Cómo se escribe un buen cuento?’. Chéjov le contestó: ‘Primero de todo, usted escriba el cuento. Cuando ya lo tenga, le corta el principio y el final. Ya verá que bien le queda’.

¿Y si fuera una novela?. Pues tendría estos ingredientes.

Mezclar idiomas. Ser  políglota. Vivimos en un mundo global. El spanglish, por ejemplo,  da un toque transnacional a la vez que muestra desarraigo.

Hablar de cine y de televisión. De literatura, poco o nada. Las referencias son la cultura visual, ya no la escrita. Te han de leer los que eran adolescentes en los noventa, y allí lo importante fue Tarantino, no Chéjov.

Combinar  géneros.  Con una base periodística, intercalar un muestrario variado de géneros y textos. E-mails, poesía, …

Cambios de persona y tiempo. Igual que con los géneros, para romper el ritmo narrativo y que no parezca un monólogo. Un capitulo en  tercera persona, recuerdos de infancia,..

Un detalle marca de la casa. Algo que señale el tono y que identifique al narrador de forma gráfica y simple (¿he mencionado que vivimos en una cultura audiovisual?). Por ejemplo, intercalaciones o micropárrafos. ¿Así es?.  Así  es…

Publicitarse a si mismo. Bajo la coartada del componente autobiográfico, sacar a la luz las demás obras. Hasta se puede incluir el currículum, por ejemplo los talleres de literatura creativa con Skarmeta y Donoso. Que se note que esto no es flor de un día. Hay que aprovechar las sinergias.

Es un libro que va de escribir un libro. ¡Pero si lo hacía hasta Nabokov…!.  Abrir  las entrañas de la creatividad. La novela ya no es un objeto ficcional, sino un objeto que se reconoce a si mismo como subjetividad discursiva propia.

En el fondo, ha sido una casualidad. Hay que mostrar cierta resistencia al libro.  O por parte del propio autor (dilemas, motivaciones, escrúpulos…) o por parte de los elementos. El abanico es amplio, y sin conflicto no hay historia.

‘Missing’ no es una mala novela. Tampoco pasará a los anales de la historia de la literatura. Es interesante como síntoma de una forma de hacer literatura que funciona con éxito. Por ejemplo, Junot  Díaz. Ambos autores escriben novelas sobre la familia y la memoria con unos instrumentos alejados de la novela clásica, con una narrativa más oral o más cinematográfica. En si mismo, no es mejor ni peor que otras. Pero si uno lee ‘Missing’ y acto seguido ‘El bosque quemado’, de Roberto Brodksy… Ahí hay un abismo.

Alberto Fuguet  ‘Missing (una investigación)’ Madrid 2009 Alfaguara

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