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Yo diría que es una novela completamente inconveniente y heterodoxa para la literatura latinoamericana. Aquí en Medellín ofrecí una charla y los asistentes no querían hablar de otra cosa que de Luna caliente, y yo les dije: “he escrito otras cosas: cosas mejores”. Sin duda es un fenómeno: ha sido traducida a 26 idiomas. Es increíble. Yo no me lo termino de explicar. (M.G.)

 

 

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Hace años me matriculé en una asignatura que impartía una crítica literaria argentina a la que Vazquez Montalbán dedicó una asesina nota a pie de página en una de sus mejores novelas. Fue de lo peor por lo que he pasado en una universidad. En las cuatro o cinco clases que aguanté, dicha profesora se dedicaba a lanzar boutades a cual más estúpida con la idea, supongo, de provocar a los alumnos y si alguno se atrevía a protestar, destrozarlo a base de una agresividad verbal que llevaba décadas practicando a costa del erario público y nuestras matrículas. Recuerdo tonterías como ‘Bolaño les gusta a los jóvenes porque habla de sexo y drogas’. Hay un solo parágrafo sobre drogas en toda la bibliografía de Bolaño.  Otro sofisma fue que el elemento clave de todas las novelas es el dinero. Es como decir que la clave es el papel, o el alfabeto. En todas las novelas escritas desde y sobre el capitalismo, los personajes tendrán una relación vinculante con el dinero. Igual que fuera de la literatura. Eso no significa que todo lo que se escriba o viva sea sobre el dinero.

Esto puede distinguirse claramente en la novela negra. La teoría funciona en casos como ‘The big sleep’. Marlowe acepta investigar el caso por dinero. Su personaje está de vuelta de todo, y acepta meterse en fregados que ni le van ni el vienen porque es su modo de vida. Asi, va pasando por todo con aparente frialdad, aunque se intuya que hay algo más que la voluntad de pagar las facturas de la oficina y el bourbon.  Pero la teoría deja de funcionar en, por ejemplo, ‘Luna caliente’, donde el dinero apenas es algo que el protagonista pasa a recoger en plena huida, con un cirio a sus espaldas como un menhir que se ha cargado el solo. Ni por asomo por dinero.

El eje de ‘Luna caliente’, la, para muchos, mejor novela de Mempo Giardinelli es el sexo y la muerte. Una noche, un profesor universitario treintañero de visita en casa de un ex profesor suyo pierde la cabeza por la hija de este, una pre púber, a la que acaba violando. A partir de aquí, se encadenan los problemas y el futuro brillante y formal que tenía a la vuelta de la esquina se vuelve tan negro como la historia de la Argentina de finales de los setenta.

En la reseña de contraportada se menciona el erotismo nabokoviano, el remordimiento de Dostoyevsky y la angustia kafkiana, tres lugares comunes tópicos y trillados. No hay nada de los tres, ni creo que fuera la intención de Giardinelli escribir algo parecido. ‘Luna caliente’ es una novela negra. Punto. Una gran novela negra, con sexo, muerte, violencia, mentira y miedo, como la práctica totalidad de novelas negras. No necesita otros referentes literarios para funcionar, ni necesita apoyarse en otros nombres para darle empaque literario. Funciona perfectamente de forma autónoma, como excelente ejemplo de novela de género. Está bien construida, logra que la excepcionalidad resulte creíble y es muy adictiva, genera el subidón de adrenalina que se le demanda a esta clase de novelas.

Eso no significa que no haya nada más que una historia de asesinatos. La clave del desastre siempre empieza con un error, el que hace que la piedra empiece a rodar cuesta abajo. Puede ser una decisión involuntaria, como cuando Cary Grant levanta la mano para llamar al camarero en ‘North by northwest’, o voluntaria, cuando Bernardo decide gripar el coche para quedarse a pasar la noche en la casa en la que duerme Araceli. Añadido a un elemento patológico, o desquiciado, en el que contra toda lógica y moral acaba entrando en la habitación de Araceli.

A partir de ahí, con el daño ya hecho, entra en juego una segunda lógica, la del pecador; ya he pecado, ya estoy manchado, pero para poder aspirar a la redención necesito pecar una vez más. Otra muerte más, otro robo más, otra dosis más…y después se acaba. Obviamente, cada nuevo pecado lleva al siguiente y no hay un final limpio.

A todo esto, Giardinelli escribe la novela exiliado en México a principios de los ochenta. El autor pertenece a la tercera generación de escritores argentinos del siglo XX. Saer, Soriano, Piglia, Aira,… Giardinelli se encuadra en una línea de novela más popular y menos formalista, como su amigo Osvaldo Soriano, a quien dedica ‘Luna caliente’. Cuando escribe la novela, el autor estaba exiliado a consecuencia de su militancia política que lo figuraba en las listas negras de candidatos a desaparecer en manos de los torturadores a las ordenes de los golpistas que gobernaron entre el 76 y el 83. En la novela, Giardinelli consigue ligar de forma coherente la relación entre Bernardo y Araceli con el trasfondo político, en el que al propio protagonista se le revela lo que iba a ser su posición dentro del orden represivo y que por su mala cabeza ha puesto en peligro. Aquí, como en las novelas de Soriano, aunque el personaje se crea al margen de la política, alguien ha decidido por él que no lo está. Como todos, o es útil al poder o no le es.

Seguramente la novela llegó a Argentina con los militares saliendo o fuera ya del poder, con lo que el problema no fue con el poder político, sino con el atentado contra el orden moral que provoca el personaje de Araceli. Y que seguiría provocando hoy con el poder de lo políticamente correcto, porque ‘Luna caliente’ es muy políticamente incorrecta.

‘Carajo, se dijo, va a ser muy puta y yo seré un cornudo toda la vida, quien le aguanta el tren. Se removió en la cama, suspirando. Y un cornudo infeliz, para el colmo. No, no se iba a casar. Punto. Pero no encontraba escapatoria. ‘.

Con un evidente potencial cinematográfico, ‘Luna caliente’ ha sido adaptada al cine en tres ocasiones, en Argentina, Brasil y España. La versión española la dirigió, como no, Vicente Aranda. No puedo opinar por desconocimiento, pero seguro que no escatimaba minutos en la parte sexual.

Mempo Giardinelli   Luna caliente,  Madrid, 2014, Alianza

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