Herrero, C.


herrero

Segundo Samizdat. Carlos Herrero

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Nota de prensa: Carlos Herrero publica ‘Prosperidad’ en 2007 y ‘Cuentos rotos’ en 2009, ambas en la editorial madrileña Barataria. Novelas de culto, con pocos lectores pero entusiastas. Su último texto publicado es del 2010. Desde entonces, escritor oculto.

Hay una segunda versión.  Carlos Herrero tiene una novela y un libro de cuentos. La novela es ‘Sexo, ortodoncia y muerte’ (Celya, 2004) y ‘Prosperidad’ (Barataria, 2007). Los cuentos están en ‘Cuentos rotos’ (Barataria, 2009’). No es un error. ‘Prosperidad’ no es, como se anuncia en la solapa, la primera novela de Carlos Herrero. La primera es ‘Sexo, ortodoncia y muerte’, publicada tres años antes. Pero posiblemente sea la primera que escribió, porque ‘Sexo, ortodoncia y muerte’ y ‘Prosperidad’ son la misma novela. ¿Literalmente idénticas?. No. ‘Prosperidad’ es una versión corregida y pulida de ‘Sexo…’, o al revés, ‘Sexo…’ es una versión primeriza de ‘Prosperidad’. Pero la estructura, la trama y los personajes son los mismos. ‘Prosperidad’ es más corta que ‘Sexo..’,  la parte final está bastante corregida, y después hay variaciones muy menores, tipo que en ‘Sexo…’ la novia es judoca y en ‘Prosperidad’ es boxeadora. El tema es que las editoriales no lo saben. Celya no tenían ni idea, y Barataria, no saben-no contestan.

Esto no deja de ser un tema que afecta al autor y a sus editoriales. A nivel literario, no invalida para nada la novela que hay detrás de esos dos libros. ‘Prosperidad’ llega a mis manos en 2009. La leo. Me gusta. La vuelvo a leer. Me gusta aún más. Dice el mismo Herrero: ‘A mí me educó Bukowski. Bukowski escribía: lee a John Fante, y yo leía a John Fante …  Luego descubrí a Harold Bloom, que explica muy bien las cosas’ (1). Sencillo, ¿verdad?. ‘Prosperidad’ es una bomba de rabia, de humor, de odio y también de amor. Pero ante todo es un manual sobre la humillación. Hagan una lista sobre las cosas que resultan más humillantes para un post adolescente de veintipocos. La primera es, sin ninguna duda, ser virgen. Entre las siguientes estarán llevar ortodoncia y avergonzarse de tu novia/o. Todo eso y más ocurre en las páginas de ‘Prosperidad’, el barrio madrileño escenario de la novela. La historia de un fracaso, de alguien que aspira a una porción del pastel y acaba casado con la gorda y trabajando en una tienda de chucherías por catorce pagas de seiscientos euros. Prosperando.

Si ‘Prosperidad’ es el diario de un hombre humillado, su continuación, ‘Cuentos rotos’ es el intento de ir más allá y buscar nuevas vías. Se consigue a medias, pero hay algunas cosas  esperanzadoras. En algunos aspectos, ‘Prosperidad’ resulta devastadora. El paralelismo entre el autor y el hermano del protagonista, el gimnasta aquejado de una extraña y dolorosa enfermedad, mezclado con todo el dolor y frustración que el autor deposita en la novela hacen que después de un libro así, tan a tumba abierta, lo siguiente sea como, bueno, y después de esto, ¿qué?

‘Cuentos rotos’ es un libro de transición, de una novela devastadora hacia algo nuevo que aun está por hacer. La temática se mueve en unas coordenadas similares. Familias disfuncionales a lo Carver, la podredumbre humana de Bernhard y el humor negro de Bukowsky. Como libro de cuentos, en su conjunto vale la pena, pero es algo irregular, sobretodo viniendo de donde viene.  ‘La existencia’ o ‘Raro de cojones’ apuntan a algo grande,  incorporando el elemento fantástico o trascendente en un contexto que el autor domina bien y de la mezcla de ambos sale algo delirante y divertido.

‘Prosperidad’ fue la segunda reseña de ‘El ultimo fragmento’, en Abril del 2010. Poco después, Carlos Herrero colgó un comentario. Agradecido. Por entonces estaba buscando trabajo. Espero que lo encontrara finalmente y que las cosas le vayan bien.

1: http://isla-barataria.blogspot.com.es/2009/10/literatura-que-quema-las-manos.html

Esta convicción pueril tranquilizaba enormemente mi atormentada conciencia, no solo eso,   sino que resultaba, de algún modo, muy satisfactorio, con veinticinco años llevaba aparato,   vivía en casa de mis padres, recibía paga de mi abuela y la gastaba, a cambio de mera   conversación, en un burdel. Era un maldito

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 Una historia. La vida es una mierda y después te mueres. La gente vive frustrada, y sufre, claro. Existen pequeñas rendijas de bienestar, de tranquilidad, a las que nos agarramos, inspirando aire fresco. Eso compensa. No mucho. ‘Prosperidad’, la primera novela de Carlos Herrero,  es una gran novela.

Otra. Estructurada en fragmentos muy breves, tiene un ritmo endiablado. Los diálogos son brillantes. Las descripciones son ásperas. El sentido del humor, negro. El narrador es un post adolescente en primera persona del extrarradio madrileño actual. No es un perdedor. Ni un antihéroe. Hank Chinasky es un perdedor. Le han excluido desde el inicio, haga lo que haga, todo le sale mal. Porque es él, porque lleva su sello. Emma Bovary es una antiheroina. Se cree alguien muy especial, pero es muy estúpida, la pobre. Carlos, el personaje, ni se cree especial ni lleva la marca del excluido. Le suda todo lo que no sean un par de buenas tetas. Es uno más. Un tipo más dentro de una enorme corriente de sujetos que se aburren de lunes a viernes y después se ponen hasta las cejas por hacer algo diferente. Tampoco será nunca un ganador o un héroe, sus intentos por sobresalir resultan patéticamente absurdos. Acaban en el fracaso de la normalidad. En el gran pelotón, que tiene que conformarse con acabar la vuelta.

Otra más. ‘Prosperidad’ es una novela de relaciones. Con la familia, con los amigos, con la pareja. Relaciones basadas en la incomprensión entre las dos partes. Es, en el fondo, el teen angst. Nadie me entiende, solo que asumido como natural y con veinticinco años en vez de quince. Los personajes jóvenes de ‘Prosperidad’ se mueven en la postadolescencia. Desubicados entre un mundo familiar sobreprotector, que se permite ignorar que el nene se vaya de putas con la paga de la yaya y una sociedad que empieza a exigirles resultados, que sean competitivos. El truco es que no hay truco. No hay la opción de quedarse con lo bueno de la parte adulta y la infantil a la vez.  Acabaras pasando por el tubo, ahora o más tarde. Cuanto antes, dolerá menos. No confundirse. ‘Prosperidad’ no es una novela sobre ‘el traumático paso de la adolescencia a la edad adulta’. Es un libro sobre alguien que no se siente bien en el mundo en el que vive. Porque lo entiende demasiado.

La ultima. Bernhard y Herrero comparten el gusto por el fracaso estético. Enfermedad, mutilación, dolor…Todo insertado en la cotidianidad. Pero mientras que Bernhard contrapone el arte, sobretodo la música clásica, a lo físicamente deforme, en ‘Prosperidad’ no hay contrapunto, sino absurdo. El dolor es absurdo. O mata, o debilita. Otra vez, no creo que haya que buscar aquí, al contrario que en Bernhard, analogías sociales o humanas. Leo en una entrevista que el autor ha vivido una situación similar a la del hermano del protagonista, con mejor final. Quizás no se trate tanto de decir como de mostrar. Continuará.