dos crimenes, ibargüengoita

 

La gente espera que la policía sea incorrupta, pero ¿por qué ha de serlo, si todos somos humanos?

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La muerte de un gran escritor casi nunca está a la altura de sus novelas.   En ellas hay alguna o muchas, según el género que cultivara el susodicho,  muertes trágicas. En la vida real, no. La gente se muere vieja y enferma. Hay una excepción, el club de los cincuenta. Bolaño, Casavella, Dovlatov, Perec y algunos más. Todos geniales y añorados.  También  Ibargüengoitia  está entre ellos, y este sí que tuvo  una muerte a la altura de sus novelas.

En 1983 viajaba de París, donde residía, a un congreso de literatura que había organizado García Márquez en Bogotá.  El avión, un 747 de Avianca, se estrelló poco antes de aterrizar para hacer escala en Madrid. La versión oficial le cargaba las culpas al piloto, por una serie de fallos en cadena en el acercamiento a tierra. La torre de control, que tiene que detectar estos errores, también fue acusada de negligencia. Existía instrumental técnico para evitar casos así, pero no lo habían comprado porque era demasiado caro. En la caja negra, de todos los audios registrables, solo funcionaba el sonido ambiente de la cabina. De lo último que se oía era al piloto chillar ‘¡Calla, gringa!’.

Jorge Ibargüengoitia   es uno de los mejores escritores mexicanos del siglo XX. Tocó casi todos los palos; teatro, periodismo, cuento y novela. De estas, publicó seis. ‘Los relámpagos de Agosto’, ‘Maten al león’, ‘Estas ruinas que ves’, ‘Las muertas’, ‘Dos crímenes’ y ‘Los pasos de López’, entre 1965 y 1982. Son todas buenas, las tres últimas son excelentes. En el 747 viajaba también el manuscrito de su nueva novela, que como en el caso de Walter  Benjamin, desapareció con su autor.

Uno de los escritores en que más se nota la huella de Ibargüengoitia   es  Roberto Bolaño. Hay mucho de ‘Las muertas’ en ‘2666’ y el mismo Negro de ‘Dos crímenes’  recuerda el tono en que García Madero explica su historia en ‘Los detectives salvajes’. Ambos, Bolaño y Ibargüengoitia   habían crecido en el México de los cincuenta y aunque Bolaño no fue nunca periodista, tiene el estilo fluido, sencillo y directo del mexicano de apellido vasco.

‘Dos crímenes’ es una thriller de trasfondo conspirativo, como la mayoría de sus novelas. En este caso con la historia de México más en segundo plano. Está narrada en dos primeras personas. El protagonista, un joven delineante de izquierdas apodado ‘El Negro’, tiene que huir de la policía y aterriza en la casa de un tío suyo millonario al que todo el mundo está esperando ver muerto para repartirse la herencia, y en la que él aparece como un competidor. Una historia a lo ‘Psicosis’ de Hitchcock. Salir de un lío para meterse en otro mayor, y en un escenario turbio y desconocido. A Ibargüengoitia   le pasa como a Castellanos Moya, han vivido en países con una historia tan convulsa que han visto de todo, y esto les proporciona materia prima de sobras para sus novelas. En ‘Dos crímenes’ la historia es más cercana pero no menos brutal. Como el propio título indica, acabara mal. Para todos menos para el lector, que disfrutara de una gran obra.

Jorge Ibargüengoitia  Dos crímenes  Barcelona 2010 RBA