centuria1‘El presente volumen abarca en breve espacio una vasta y amena biblioteca (…) Así, pues, ambiciona ser un prodigio de la ciencia contemporánea aliada a la retórica, reciente descubrimiento de las universidades locales’ (G. Manganelli)

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Desayunando, encontré una oyente con paciencia para escucharme leer un par de los capítulos de ‘Centuria’. Busqué rápidamente alguno de mis preferidos. Están en la lista el 25,27, 30, 39, 47,73 y 90, entre otros. En el segundo que leí, dinosaurios y dioses, (en el texto, ‘supremos’) se extinguían mutuamente. Al acabar, mi oyente me preguntó si era Borges. Casi. No es tan bueno como Borges, pero es lo más cercano a él que he leído.

Giorgio Manganelli fue un escritor italiano, de la generación de Eco y Calvino, que murió en 1990. Profesor, ensayista, traductor, articulista y novelista. De estas últimas, Anagrama publico varias en los ochenta y Siruela ha acabado publicando las que faltaban. No tiene la fama de los primeros, pero ‘Centuria’ es una de las obras más originales de la literatura del siglo XX.

El título plantea una novela, por decir algo, estructurada en cien capítulos. Cada uno de ellos es un posible argumento de novela, que se plantea, desarrolla y concluye en dos páginas, nunca más. La idea de fondo es la famosa cita de Borges respecto de las novelas, cuando protestaba sobre la necesidad de escribir quinientas páginas si en cinco podía explicar lo mismo. Y como en Borges, las novelas rio de Manganelli son también pretextos para el planteamiento de paradojas y problemas filosóficos. Si bien Borges exploraba diez, quince, de esas vías paradójicas de la realidad en cada libro y Manganelli despliega un centenar.

Seria estéril ponerse a discutir si los capítulos de ‘Centuria’ son cuentos, novelas, o micro algos. Pero la definición que utiliza de novelas rio es muy personal. Manganelli la usa en sentido de embrionaria; plantea argumentos, historias concentradas. Posibilidades. Pero ellas confluyen poco entre sí, más allá de su agrupación en este volumen y la neutralidad narrativa que les impone el autor. Todas están narradas en tercera persona y el protagonista es normalmente ‘un señor que…’. Pero pueden ser aisladas y desmenuzadas particularmente. Una novela rio en sentido más clásico seria ‘2666’ o ‘Guerra y paz’. Hay varias historias afluentes que coinciden y se separan a lo largo de la novela, creando un único cauce. En ‘Centuria’ no hay ese desarrollo, hay un autor muy brillante capaz de resumir una cosmología en cien argumentos.

Son argumentos cartesianos, muchos de ellos no salen de la mente del protagonista. Todos desarrollan una anomalía o patología del protagonista, o del mundo que le rodea respecto a él mismo. En todos hay un defecto de conocimiento o comprensión entre los actores. Como en Borges, el concepto de tiempo es clave. Muchos pasan en un instante, otros dudan de que significa ese instante. No sé si el genial argentino llegó a leer este libro (se publicó en Italia en 1979), pero en cualquier caso es el más digno continuador de su obra.

Giorgio Manganelli ‘Centuria. Cien breves novelas-rio’ Barcelona 1982 Anagrama