un diaA Marsé lo leí muy joven y me gustó mucho. Hablaba de cosas que me eran muy próximas. En Un día volveré está el tío que vuelve y al final es todo lo contrario de lo que todo el mundo se espera, que es un poco lo mismo que pasa en el Watusi (F. Casavella)

 

 

 

Marsé convence desde el título. Sólo con esa frase inicial, antes incluso de abrir la novela ya te gana para la causa. Afortunadamente, empezó a escribir en los cincuenta. Si hubiera nacido veinte años después le hubieran convertido en publicista. Como el personaje de ‘Melancolia’, al que el director de la agencia persigue desesperadamente para que le dé un último slogan infalible. Me gustan todos sus títulos menos ‘La muchacha de las bragas de oro’. Hasta en eso un premio Planeta puede ser corruptor. El resto son brillantes; ‘Si te dicen que caí’, ‘La oscura historia de la prima Montse’, ‘Ronda del Guinardó’, ‘Rabos de lagartija’, ‘Últimas tardes con Teresa’. Esta, sin articulo; ‘las últimas’ lo hubiera cambiado todo, el libro no hubiera empezado con una u. Como ‘Un día volveré’, que además de un gran título es una gran novela.

La narrativa de Marsé también me toca muy de cerca. Es como vivir al lado de Macondo. Su universo mítico es la zona limítrofe entre los barrios de Gracia y El Carmelo en la Barcelona del franquismo, entre la postguerra y los años sesenta. Es un narrador imprescindible para reconstruir la memoria histórica y ficcional de la Barcelona de esa época. En el caso de ‘Un día volveré’, el centro espacial de la novela, el cruce de las calles San Salvador y Escorial, me cae a cinco calles de donde vivo. Ese y el resto de escenarios son también mi historia.

El hijo pródigo del título es Jan Julivert Mon. Ex boxeador, ex anarquista. Recién salido de la cárcel llega de vuelta a su barrio de perdedores de la guerra civil, y todos esperan que lidere sus venganzas personales y colectivas. La historia de una gente que le toco vivir bajo una dictadura que se encargaba de recordar a diario que unos habían ganado la guerra y otros la habían perdido. El año de la novela es 1959, en una España franquista que está empezando la época del desarrollismo. Jan Julivert es la última esperanza de una generación que en breve quedará sepultada bajo la historia. El caso es que él, como el resto de personajes, también tiene sus propios fantasmas, que no coinciden con los que la gente supone. Cuando su antiguo comando intenta recuperarlo para la lucha:

‘-Pero hombre … tarde o temprano, estoy seguro, pasaremos factura por estos años de brega… y a ti te deben mucho
-No digas tonterías. Aquí no paga ni Dios. Y si hay facturas, las pasaran a cobrar los de siempre y pagaran los de siempre. Vosotros los primeros.
-Coño, antes no eras tan fatalista’ (p 276)

El narrador es un personaje camuflado entre los adolescentes de la pandilla del barrio. Se sienta en el bar, juega al billar y observa todo lo que sucede a su alrededor. A través de ellos, de esa pandilla, van saliendo los lugares comunes de Marsé y su tiempo; la primeriza sexualidad con las pajilleras del cine Roxy , los kabileños del Carmelo, aquí mezclados con los hijos de los obreros de Gracia, y las aventis, las narraciones de partida histórica y final mitico que inventan los pandilleros para pasar el rato.

Cada novela de Marsé es un repertorio de aventis. En ‘Un día volveré’ hay dos mayúsculas. Una historia negra muy clásica, desde un Jan Julivert frio y duro como Marlowe o Spade, hasta el elenco de maquis urbanos, chorizos, especuladores y verdugos diversos que le rodean de podredumbre. Como en el cine o la novela negra clásica, es un yo contra el mundo. Pero no está solo del todo. La segunda es la del intento imposible de reconstruir una familia entre una prostituta de buen ver, su hijo noble pero violento y el cuñado protagonista, inmune a las propuestas de madre e hijo. Pero el pasado está demasiado roto para que baste con el valor y las buenas intenciones. La última frase del libro es sarcástica y definitiva. El narrador, ya adulto, le dice a su hijo pequeño que está acabando de mear en uno de los descampados de su infancia: ‘Esconde la pistolita, y vámonos’.

Juan Marsé Un día volveré Barcelona 1982 Plaza y Janés

Anuncios