‘… pues pertenecía a ese curioso tipo de escritor que sólo concede validez a la realización perfecta, el libro impreso, y para quien la existencia real de este nada tiene que ver con la de su espectro, el intrincado manuscrito que revela sus imperfecciones como un fantasma vindicador que lleva bajo el brazo su propia cabeza. Por tal motivo, el desorden de su taller nunca debe exhibirse, sea cual fuere su valor comercial o sentimental’ p 36

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Hace unos días, un amigo me comentaba lo frustrante que le resultaba el aprendizaje de idiomas. No por incapacidad, al contrario. Su metodicidad le ha llevado a conocer en profundidad cinco idiomas. Pero, me decía, resulta decepcionante que después de tantos años y esfuerzos, siempre hay algo que se escapa, siempre hay nuevos errores. Bueno, le conteste, no hace falta ir tan lejos. Esas lagunas aparecen hasta en el idioma materno. Realmente, no somos capaces de hablar bien ni un único idioma. El lenguaje no deja de ser como el agua que intentamos beber con las manos, que pese a llevarnos algo a la boca, una parte se nos escurre, irremediablemente, entre los dedos.

Esto nos pasa a la mayoría de los mortales con nuestra lengua mas propia. Hay algunos hombres especialmente dotados que consiguen un dominio superlativo del lenguaje, en el que desarrollan una obra literaria y/o filológica de nivel. Y hay una minoría dentro de esa minoría que es capaz de hacerlo con dos o mas idiomas a la vez. Conozco dos casos, seguramente haya algunos mas. Ambos son rusos, y ambos desarrollaron una obra literaria en su lengua natal para, a mediada edad, exiliarse a los USA y cambiar el ruso por el inglés para desarrollar la segunda parte de su obra en es a lengua. Uno es Brodsky, y el otro Nabokov. Nabokov escribió que dicho paso fue como si alguien que ha sido diestro toda su vida ha de aprender a escribir con la izquierda con la mano derecha atada a su espalda.

Nabokov llega a los USA en 1940, huyendo de los nazis (su mujer, Vera, era judia) y salvado in extremis por los judíos, que le facilitan unos billetes transoceanicos gracias a unas leyes antidiscriminatorias que promulgó el padre de Nabokov cuando fue ministro con Kerensky. En los Usa, consuma el paso del ruso al inglés (su carrera hasta el momento había dado unos resultados discretos) y en 1941 publica su primera obra en ese idioma, del que ya no cambiara. ‘La verdadera vida de Sebastian Knight’. El libro, que tuvo unas ventas igual de discretas que sus anteriores referencias, es una obra maestra. Es mi preferido de Nabokov, que es casi tanto como decir de la literatura universal. No es una obra totémica ni referencial, ni un punto de inflexión en la historia de la literatura. Es una novela perfecta. Es un libro absolutamente redondo, donde cada palabra tiene su sitio y el orden en que todas están dispuestas le da una extraordinaria carga de sentido.

No descubriré aquí el talento literario de Nabokov. Una inteligencia mayúscula (no sólo en lo literario, en su otra pasión, las mariposas, hizo avances científicos que se han reafirmado cincuenta años después) unido a una cultura literaria apabullante (baste el ejemplo de la edición y traducción del ‘Eugénio Oneguin’ de Pushkin al inglés, prosificado y en nueve volúmenes), dan razón de una de las obras literarias mas brillantes de la historia de la literatura. Uno de los grandes errores a los que se somete a Nabokov es reducirlo al escritor de ‘Lolita’, una gran novela, pero que no esta entre las mas logradas. Recomiendo acercarse a ‘Ada o el ardor’, ‘Desesperación’ o ‘Pálido fuego’, por citar sólo algunas. De hecho, las recomiendo todas menos ‘Invitado a una decapitación’. Para el caso de ‘The original of Laura’, me remito a la cita inicial.

‘La verdadera vida de Sebastian Knight’ es un buen ejemplo de la esencia nabokoviana. La novela es un juego de espejos entre libros y autores diversos, y entre cómo los lectores ven los libros que no son propios. El personaje del titulo ha sido un autor de culto muerto prematuramente (la descripción del narrador lo acerca a un pseudo Proust) con cinco novelas publicadas. Como hará también Borges, Nabokov aprovecha para desarrollar argumentos de novelas que jamas escribirá con títulos irónicos e imposibles como ‘La montaña cómica’ o ‘El extraño asfodelo’. El narrador es el hermanastro de Sebastian, que trata de remontar narrativamente una relación marcada por separaciones, ausencias y admiración. En su búsqueda, se encuentra con otra biografía de su hermano,’La trágica vida de Sebastian Knight’ escrita por un ex secretario sin escrúpulos y que Nabokov aprovecha para cargar tintas contra todo aquello que considera mala literatura, una obra fraudulenta. Si Bernhard en un caso así sacaría la bilis y el hacha, Nabokov saca el sarcasmo y la ironía para desmontar los tópicos de la literatura y para dibujar, a lo largo de las diversas obras que se escriben dentro de la novela que estamos leyendo, qué es buena literatura y qué es pseudoliteratura.

No se cuantas veces he leído ‘La verdadera vida de Sebastian Knight’. A cada nueva lectura le encuentro nuevas perlas y no deja de sorprenderme. Como dijo una vez uno de los alumnos que asistían a sus clases universitarias de historia de la literatura, es como ver a Miguel Ángel pintando la Capilla Sixtina. Pues eso.

V. Nabokov, ‘La verdadera vida de Sebastian Knight’, Barcelona, 1999, Anagrama

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