supervivientechuckpalahniuk

La única diferencia entre el suicidio y el martirio es la atención que pueda prestar la prensa

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La novela es la crónica de un futuro. Una narración coherente de algo que aún está por suceder, o que nunca va a llegar a ser. Una de las variantes que Leibniz imaginaba en la mente de Dios. Un orden de las cosas dentro del espacio lógico. Puede pasar como con el horóscopo, que a toro pasado alguien salte y diga ¡ese de ahí soy yo!, pero es inevitable que siempre se nos escape algo. Hasta los más lúcidos o más locos tenían visiones con errores de bulto; los urbanistas austriacos de principios del siglo XX pensaban ciudades con edificios más altos y vías de comunicación más rápidas, pero seguían viendo a sus transeuntes masculinos con sombrero y bastón. Philip K. Dick enviaba naves transbordadoras interplanetarias con cargamentos de máquinas de escribir. Nadie es perfecto.

También hay cronistas del futuro presente, como Chuck Palahniuk. Escritor norteamericano con casi una veintena de títulos publicados, la mayoría traducidos al castellano. Ocupa una posición intermedia entre escritor pop que mola leer y autor suficientemente reconocido por la crítica. Sobre todo por su primera novela, ‘El club de la lucha’ y por su adaptación cinematográfica. Con la base de ese éxito ha ido publicando a un ritmo alto, con resultados desiguales. Lo mejor que se puede decir de él es que todas llevan el sello Palahniuk. Entre las más logradas están la susodicha ‘El club de la lucha’ y esta ‘Superviviente’, menos conocida pero igual o mejor.  No tiene un único McGuffin, tiene capas de argumentos que por separado ya darían para una novela:

1: El protagonista, Tender Branson explica la historia de su vida en flashback a la caja negra del avión que ha secuestrado  y con el que piensa estrellarse cuando se acabe el combustible. Gentilmente, ha obligado a bajarse al resto del pasaje para no incluirles en su suicidio.

2: Tender es el único superviviente de una secta anabaptista que se dedicaba a programar robots humanos y enviarlos a trabajar de criados el resto de sus vidas. Cuando el Estado les echa el lazo, se suicidan en masa. Todos menos Tender. De ahí el título de la novela.

3: El convertirse en el único superviviente le hace famoso y se deja explotar por el mundo de los mass media americanos, que lo convierten en un monstruo televisivo dopado.

4: Mientras tanto, le va persiguiendo una chica, Fertility. Ella tiene visiones de desastres que van a suceder (a lo precog) que Tender usará para predecir milagros en su programa de Tv.

Entre otras cosas.

‘Superviviente’ tiene un mucho de Don DeLillo, el tema de las sectas y la manipulación ya es central en ‘Mao II’, un poco de Philip K. Dick cuando socializa lo paranormal,  desvaríos a  lo ‘El Mundo Today’ y un poso neofocaultiano que encantaría a algunos gurús de la postmodernidad, que lo verían como otra prueba irrefutable de su certeza teórica; todo es vendible, todo es comprable. Sexo, religión, fama, cuerpo. Todo es sacrificable para conseguir el poder, que es reconocimiento público. Como dice el manager de Tender, si Jesucristo hubiera muerto solo, encerrado en una celda, ¿habría habido redención?

Todo esto narrado a ritmo de vértigo. La mitad de los parágrafos no tienen más de dos líneas. Dicen que Palahniuk se recrea en la violencia innecesaria. No creo. Como con el sexo, es un elemento más para compactar el discurso. Sí que, en cambio, puede ser tan cafre  que acaba siendo divertido, como en la escena en que Tender, que en su zenit actúa en el intermedio de la SuperBowl, le hace un spoiler al país entero explicándoles el resultado final del partido. Devastador.

 

Chuck Palahniuk  ‘Superviviente’  Barcelona, 2000, El Aleph