perec

No hablas solo todavía. Ante todo, no gritas

_______________________________________________

Perec era un genio. En las fotos promocionales parece una mezcla entre el Joker y Krusty el payaso. Unos ojos saltones y sonrisa burlona advierten que estamos delante de un cerebro privilegiado. Su obra literaria se regía por el principio de no usar la misma idea para más de un solo libro. Lo consiguió, y de paso escribió algunas de las novelas más originales del siglo XX. Después de Proust, es lo mejor que ha dado las letras francesas en el siglo pasado.

Murió muy joven, con 45 años. Asusta pensar lo que podía haber llegado a escribir los siguientes veinte años. Ya tenía una obra magna, ‘La vida. Instrucciones de uso’, publicada en 1978 y que aquí tradujo Anagrama. Es una novela excepcional, centrada en la descripción del tiempo y espacio de un bloque de pisos de Paris. ‘Un hombre que duerme’ es menos conocida pero igual de impactante.

La edición de Impedimenta esta traducida (excelentemente) por Mercedes Cebrian. Comentan en la contraportada que la novela ‘es la cumbre de la literatura Bartleby’, aquel subgénero ejemplarizado por el personaje de Melville que ante cualquier demanda social prefería decir no. Siempre no.

Aquí es un punto de partida similar. La novela es un monólogo en segunda persona, en la que un estudiante de sociología de Paris que vive en una buhardilla decide parar el reloj y dedicarse a consumir los días sin ningún propósito concreto ni ninguna acción aprovechable. Ni trabajar, ni estudiar, ni socializarse… nada. En ‘Un hombre que duerme’ no hay acción, ni trama ni diálogos. Sólo un personaje. Como en Bartleby, la palabra mas usada a lo largo de la novela será ese ‘no’: ‘Ya no eres…’, ‘Ya no haces…’. Esto, que podría ser un tostón como ‘Sleep’ de Warhol, en manos de Perec se convierte en un artefacto a medio camino entre la novela existencialista y la obra conceptual.

La novela se publica en 1967. Perec es nombrado a menudo como uno de las principales voces de la Noveau Roman, y ciertamente, es de los escritores de la segunda mitad del siglo XX que más lejos ha llevado el concepto de novela. Su influencia en escritores contemporáneos es evidente. Por ejemplo, Vila Matas. Pero Perec bebe en parte de un ambiente cultural muy influenciado tanto por la tradición existencialista francesa como por toda la crítica e intento de superación del arte ‘burgués’ que se estaba haciendo en Francia, desde los situacionistas a las vanguardia conceptuales. De hecho, la cotidianeidad del protagonista de ‘Un hombre que duerme’ se asemeja bastante al propósito de las derivas psico geográficas situacionistas. La desfuncionalización de la relación entre hombre y espacio en la ciudad moderna para buscar la ruptura de la causalidad capitalista.

Una alienación voluntaria y decidida. Con textos tan brillantes como la visión del futuro ya escrito, sin alternativa. ‘Apenas has vivido y sin embargo ya está todo dicho, terminado (…) todo está preparado hasta el menor detalle: los grandes impulsos del corazón, la fría ironía, la aflicción, la plenitud, el exotismo, la gran aventura, la desesperación’. Contra ello, la voluntad implícita de parar el tiempo, de alterar el curso vital y volverlo en Nada. Pero en manos de Perec, esa Nada mayúscula se convierte en un artefacto inteligente, sarcástico y cortante. Todo menos indiferente.

Georges Perec ‘Un hombre que duerme’ Madrid 2011 Impedimenta