soledad… correr ha sido algo que en nuestra familia se ha hecho mucho, en especial correr para escapar de la policía

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Una de las escenas más impresionantes de la historia del cine es la del final de la carrera en ‘La soledad del corredor de fondo’. Colin, el protagonista, está entrando en la recta final. Hay un plano con todo el público chillándole a la cámara ‘¡Run! ¡Run! ¡Run!’. Entonces, a pocos metros de la victoria, decide parar y perder la carrera.

La película era la adaptación que había filmado Tony Richardson en 1962 de la novela de Sillitoe. Es uno de los clásicos del Free Cinema. Esta escena, el clímax de la película, resume la filosofía de la novela/película. El sujeto contemporáneo tiene una salida ética, un núcleo propio intocable; el sistema te puede obligar a pasar por el tubo en muchísimas cosas. Pero no te puede obligar a ganar. A prostituirte para ganar sus carreras. Mientras otras películas como ‘If…’ apostaban por la violencia, la lucha armada como única respuesta válida frente al poder establecido (en otra escena final que hoy en día llevaría a su director, Lindsay Anderson, a un tribunal por apología del terrorismo), Sillitoe y Richardson reforzaban la dignidad ética del perdedor, el outsider que se niega a reformarse bajo las leyes que le imponen.

Treinta años después, en 1995, Morrissey hizo una gira inglesa para promocionar dos discos, ‘Vauxhall and I’ y el single ‘Boxers’, llenos de referencias a la cultura obrera inglesa. La introducción a los conciertos era una grabación del ‘Jerusalem’(1), el himno inglés escrito por William Blake cantado a pleno pulmón por los chicos del reformatorio en ‘La soledad del corredor de fondo’. La heroica letra sobre la gran Inglaterra se volvía irónicamente trágica en la realidad del reformatorio y sarcásticamente acida en el discurso de un Morrissey en plenitud lírica.

‘La soledad del corredor de fondo’ es una novela corta que Allan Sillitoe publicó en 1959, y estos ejemplos son sólo algunas de las formas en que ha trascendido la inicial novela para convertirse en un clásico de la cultura obrera inglesa del siglo XX. Pero ello no desmerece en absoluto a la propia novela. Sillitoe es uno de los ejemplos más conseguidos de la praxis brechtiana, o como hacer un arte popular, obrero, sin rebajar el listón cualitativo. La novela no llega a las cien páginas. Es el monólogo de Colin, un adolescente encerrado por un robo, al que pretenden aprovechar para ganar una competición de atletismo. El tono narrativo, en la voz del adolescente semi marginal tiene, como en ‘El secreto de las fiestas’ de Casavella, la grandeza de parecer una novela juvenil siendo una novela muy adulta. Estas novelas son las que se tendrían que leer en los institutos, y no las de Gemma Lienas.

La novela de Sillitoe auguraba una época por venir, la de los Angry Young Men (los teddy boys y el skiffle ya aparecen en ella) preludio de una generación que iba a cambiar las cosas. Pasaron los sesenta, los setenta, y hasta hoy. Pero la desobediencia, la rebelión silenciosa de Colin Smith a dos metros de la línea de meta sigue siendo uno de los grandes ejemplos contemporáneos de cómo ejercer la libertad.

1: https://www.youtube.com/watch?v=rk9dLy58rsc

Allan Sillitoe  ‘La soledad del corredor de fondo’  Madrid  2012  mpedimenta