En-busca-de-la-armonia-y-otros-relatos

‘Nacer y morir. Y entre ambos puntos, como un arcoíris, el objetivo a alcanzar, los plazos previstos y el responsable  ‘

 

 

 

 

 

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Si hay un rasgo común a los escritores rusos del siglo XX, es el peso de la Historia. De las consecuencias de estar formando parte mayoritariamente contra su voluntad, de algo que en el futuro se estudiará en los libros de Historia. Al mismo tiempo, la realidad les proporciona un excelente material para sus historias, que leemos con los ojos como platos los que no nos hemos movido de nuestro confortable y racional occidente, pero uno tiene la sensación que dicho peso  les inunda las rendijas de la creatividad y que, como en el caso de Dovlatov, cuando algún editor extranjero les conmine a escribir algo diferente, algo sin colas, sin alcohol, con tiendas llenas y electrodomésticos que funcionan, el resultado quede algo aséptico.

Natalia Tolstaya carga con un segundo peso a sus espaldas, el de familiar de gran escritor. Y hasta un tercero,  el de ser mujer en una sociedad en la que los hombres han bajado los brazos para solo realzarlos hacia el vodka:

‘En todas partes las mujeres se mostraban activas. Su energía se mostraba o bien de forma desapacible, o bien benéfica, pero se manifestaba. En cambio los maridos… daban pena’ – La cuestión femenina-

La nieta de Alexsei Tolstoi, el Tolstoi del siglo de plata, nieto a su vez de Lev Tolstoi,  entra dentro de esta categoría de escritores, en la tradición Chejov – Dovlatov, de relato breve y realista. Tiene una prosa aparentemente simple por muy trabajada que resulta tremendamente efectiva. La desesperanza de los personajes de Chejov coincide con el sarcasmo de Dovlatov, en el que el narrador hace de espejo reflectante de lo ridículo de los personajes y las situaciones que le rodean.

‘En busca de la armonía y otros relatos’  es su única obra traducida al castellano, una recopilación de cuentos que la autora publicó entre 1993 y 2004.  Su variedad cronológica difumina un poco el factor realista a favor de una unidad más personal, casi autobiográfica. Hay relatos que directamente son autobiográficos, como ella misma admite en la entrevista del epilogo, como ‘La comunista’ o ‘La suegra’.  En la práctica totalidad la protagonista es alguien muy cercano a la escritora. Las narradoras de Tolstaya son mujeres de mediana edad, filólogas, con problemas de pareja y que intentan escapar, al menos por unos días, de su vida cotidiana en la Rusia del último cuarto del siglo XX. En la URSS del ‘empantanamiento’, el anhelo de su oficiosa clase media es unas vacaciones en occidente. Dejar atrás el gris cotidiano. No se trata simplemente de ocio, la huida temporal  se convierte en una aspiración vital, a la que se consagra la vida entera. En un Estado que había proclamado el fin de la sociedad burguesa, el anhelo de la inmensa mayoría era un consumismo de nivel básico; viajar, comprar, conservar (‘todos coleccionaban algo’)

Tolstaya no puede, o no quiere, emborracharse como Dovlatov para olvidarse de donde está, ni le pasan o cuentan historias divertidas. Sus historias son dramáticas, y el sarcasmo con el que retrata a sus personajes es una tímida forma de protesta contra la podredumbre que le rodea. De un modo parecido como lo utiliza Grace Paley en el otro bando de la guerra fría. Pero Paley conserva la capacidad de soñar, de crear historias y personajes que trascienden sus límites, que cambian y fracasan, que buscan la felicidad y el amor. A Tolstaya y a Dovlatov todo eso les queda muy lejos. El Estado ya lo ha decidido por ellos.

Esta desubicación la reflejan las relaciones personales de la novela. Son relaciones en las que el tiempo ha fracturado su sentido original. La narradora se encuentra con amigas que ya no son quienes eran o con maridos que no resultan ser quienes parecían. Muchos cuentos de Tolstaya empiezan con una historia más o menos breve, en algún caso un simple párrafo. Hay un corte temporal, y la acción se resitúa, empezando otra subhistoria que llevara a la confluencia de ambas. El final de la historia será un simple desvanecimiento; de repente, se apaga la luz.

El mérito de que podamos leer en castellano los cuentos de Tolstaya es de Ricardo San Vicente, compilador y traductor de su obra. Como en el caso de Shalamov y muchos otros autores rusos, gracias a su voluntad y pericia podemos apreciar el enorme nivel de estos escritores.

 

Natalia Tolstaya, En busca de la armonía y otros relatos, Madrid, 2006, Siglo XXI

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