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Esta es la historia de Willy Talos, pero también es la mía. Porque yo tengo una historia. (p.726)

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Como el mito de El Dorado, existe el mito de la Gran Novela Americana. Llevan escribiéndola los últimos dos siglos. No sus autores, pobres, que suficiente faena tienen con redactar un pliego con cara y ojos, sino sus vendedores, el inmenso aparato mediático y editorial que vive de este y otros mitos.

Bajo dicho epíteto ha caído de todo, muy buenas novelas y otras no tanto. En las últimas décadas el modelo se ha centrado en la novela de crisis de matrimonio de clase media. ‘Libertad’, de Franzen, sería un buen ejemplo. Novelas largas, digresivas y con trasfondo histórico. Amables de leer pero con una buena dosis de dramatismo. Retratos generacionales.

No me malinterpreten, no es que no me gusten. Hay muy buenos escritores, John Cheever, por ejemplo (‘Falconer’, ‘Bullet park’). Pero no deja de parecerme un campo en el que todo el mundo se siente cómodo. Hace falta ir más atrás para encontrar novelas, grandes novelas americanas, que destilen bilis. Por ejemplo, ‘Todos los hombres del rey’.

Esta fue la novela de más éxito y que más ha perdurado de Robert Pen Warren. Premio Pulitzer en 1946, ha tenido varias adaptaciones al cine. Novela contundente, de casi 800 páginas, pero muy adictiva. El autor, que conocía bien los ambientes políticos del sur de los Estados en los años treinta, monta una epopeya a través de un alter ego de un gobernador populista de Louisiana, Huey Long, que en la novela se convierte en Willy Talos.

El narrador es un secundario, Jack Burden, que coge vuelo a medida que avanza el libro. El inicio tiene una escena que marca la diferencia entre una buena novela y una gran novela; Willy Talos llega a una ciudad y tras preparar la situación, hace un speech que deja a la audiencia postrada. Warren no se limita a describir, escribe el discurso, y efectivamente, este es para dejar postrada a la audiencia.

La novela se desarrolla entre puñaladas, trapos sucios, bajadas de pantalones y demás lindeces de la práctica política de la época. No muy diferente de la actual, quizás menos hipócrita. Pero la batalla política por el poder se convierte en una versión americana de algo parecido a la Gran Novela Europea. Si ‘Los Hermanos Karamazov’ de Dostoyevsky se dirime entre las cuitas morales e intelectuales de los tres estereotipos del hombre ruso de finales del diecinueve, en ‘Todos los hombres de rey’, los tres hermanos podrían ser los citados Willy Talos, Jack Burden y el beato medico Adam Stanton. Todos ellos luchan por lo que creen o por lo que descreen, y todos acabaran con fango y sangre en las manos, como los Karamazov.

Pero ambas novelas parten de mundos opuestos. La americana basa el dilema moral desde el pragmatismo. En la cultura posterior a la Guerra Civil, la lucha ideológica no tiene sentido. En la novela de Warren, la verdad es el éxito, no la razón. La práctica, no la teoría. La diferencia entre el viejo y el nuevo mundo es que los americanos no pueden permitirse divagar en su jardín de los cerezos, porque un instante quieto dará pie a que otro te pase por encima. Por eso ellos son el primer mundo y nosotros, una cosa rara.

Robert Penn Warren ‘Todos los hombres del rey’  Barcelona 2006 Anagrama

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