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He had never met anybody who played music for a living who wasn’t fucked up in some sad or depraved way, the same as those who painted pictures or wrote books’ p.98

 

 

 

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1917 es uno de los años más recordados del siglo XX. Matanzas en las trincheras del norte de Francia, Lenin y los bolcheviques haciendo la primera revolución socialista de la historia, una guerra que se extiende por todo el planeta… pero nada de todo eso pasa en Meade, Ohio, donde la principal preocupación de la mayoría de sus habitantes es no morir de hambre, que no te linchen o disparen unos cafres borrachos (sobre todo si eres negro) o aliviar todo eso con una pinta más de whisky. Solo una más.

Pero el mundo llega también a Ohio, en forma del ejército del tío Sam entrenando para la Gran Guerra. Unos cuantos lugareños se hartaran de llevar una vida miserable y empezarán a tomarse la justicia por su mano. Todo ello juntará a un buen número de personajes  con ganas de jarana en un sitio demasiado pequeño para que pasen inadvertidos y le dará suficiente argumentos a Donald Ray Pollock para escribir ‘The heavenly table’.

Es la tercera novela de Pollock. Las dos primeras, ‘Knockemstiff’ y ‘El diablo a todas horas’ las editó en España Libros del Silencio, editorial que ha cerrado recientemente. ‘The hevenly table’ ha sido traducida en varios países europeos, Alemania y Francia entre ellos, pero por ahora aun no puede leerse en castellano o catalán.

Merece la pena recurrir al original. Pollock es de lo mejor que escribe en los USA. ‘The heavenly table’ es una novela de género, lo que allí llaman country noir. Novela negra situada en el mundo rural americano entre el final de la guerra civil y el New Deal. Por ejemplo, ‘Meridiano de sangre’, de Cormac McCarthy. Pollock, como ya hizo en ‘El diablo a todas horas’,  rebaja la cantidad de casquería humana a lo razonable para la situación y añade una dosis de sarcasmo y humor del que McCarthy carece.

Los protagonistas son tres hermanos, los Jewett,  que se convierten en una banda de atracadores y asesinos casi por necesidad. En vez de ir describiendo golpe a golpe, Pollock se dedica a sacar una galería de secundarios que de una manera u otra se irán cruzando con ellos y acabaran arrastrados por la posibilidad de sacar el dinero de la recompensa que ofrecen por sus cabezas.

De las opciones que tenía Pollock para seguir escribiendo después de sus dos primeras novelas, con esta sigue el camino de ‘El diablo a todas horas’. ‘The heavenly table’ es una novela coral, que abarca mucho terreno desde una trama principal y varias subtramas. Llevarla un siglo atrás le permite jugar más con las mentalidades de la América profunda y a la vez ser compasivo con sus compatriotas. La redención que en Pollock va asociada al lenguaje pseudoreligioso de los personajes se equilibra con el fatalismo de perdedores, en el que es un maestro.

Pero para aquellos a los la primera lectura de ‘Knockemstiff’ dejo así, tiesos de la impresión, ‘The hevenly table’ es un paso que se aleja de esa dirección. La crudeza y la devastación humana de los personajes de las historias de la hondonada estaban lejos de esta bondad o maldad moral que circulan por la novelas del género que nos ocupa. No pasa nada, también nos gusta este Donald Ray Pollock, aunque se parezca más a otros y aquel era único. Pero como aquellos grupos que publicaron un primer disco genial y después hicieron discos buenos o regulares, pero nunca como el debut, siempre miraremos el pasado con nostalgia y el futuro con la esperanza de un ‘Knockemstiff, segunda parte’.

 

Donald Ray Pollock, ‘The heavenly table’, New York, 2016, Doubleday

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‘Vida privada’ es obligada selección a la hora, siempre un poco ridícula, de elegir la marca de whisky, la marca de ser humano y las novelas que uno se llevaría a una isla desierta’ Manuel Vázquez Montalbán.

 

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Es poco común que en literatura un grupo de escritores, generacional pero heterogéneo, se reconozca colectivamente en una novela. Ahora está pasando con ‘El día del Watusi’ de Casavella, y décadas atrás pasó con ‘Vida privada’ de Sagarra. Esta ya fue una referencia para el propio Casavella, así que de una forma u otra, el círculo se acaba cerrando. Tan distintos y tan iguales.

Sagarra escribe y publica ‘Vida privada’ en catalán en 1932. La novela es un éxito de ventas modesto pero sólido para los números de la época. Es, además, un escándalo mayúsculo por las identificaciones de los personajes de la obra con sus modelos reales. Ha acabado siendo con el tiempo una de las novelas clave de la literatura catalana.

Cuando Sagarra publica ‘Vida privada’ ya es un autor y un personaje muy famoso en la Barcelona de entreguerras. Poeta premiado, dramaturgo de éxito y periodista muy leído. Todo ello desembocara en la novela. Es, también, un bon vivant. Nocturno, pudiente, relacionado con la elite barcelonesa, vive tan inmerso en el fluido sanguíneo de la ciudad, sus lujos y miserias, que dispone de un material de primera mano perfecto para escribirla.

‘Vida privada’ es su tercera (y última) novela. La preceden una juvenil ‘Paulina Buixareu’ y una no tan conseguida ‘All i salobre’. Es en la tercera donde condensa todo lo que estaba buscando. La brillantez lírica, la tensión dramática, la crónica barcelonesa, todo cohesionado con una acidez y una mala leche que la convierten en un clásico atemporal. Sagarra era consciente que la novela iba a despertar odios vitalicios y retiradas de saludo, como así fue. No se autocensuró pensando en ello y así aún se puede leer hoy en día y disfrutarla, pensando en los LLoberola contemporáneos.

El argumento es sencillo. Está dividida en dos partes, y la primera gira, como dice Marcos Ordóñez, en círculos concéntricos alrededor de una deuda de juego del primogénito LLoberola, Federico. Este y el resto de su familia son  una familia de deshechos aristócratas barceloneses a punto de ser borrados por la Historia. A partir de aquí, Sagarra retrata ese estrato social, la Barcelona bien de la época, verdurinamente, pero con el sarcasmo de la certeza de su decadencia. La segunda parte, más elegíaca y menos dramática, es un epílogo dilatado de los personajes de la primera que cierra el ciclo histórico.

Pasado el escandalo inicial, la novela se olvidó,  y tras la guerra y la derrota, el autor, como toda la literatura catalana, desapareció. A finales de los cuarenta tuvo un resurgimiento en los círculos madrileños, que completó con su otra gran obra en prosa, las ‘Memorias’. Poco después de su publicación, moría en el año 1954. Una década después, una nueva generación de escritores españoles, buena parte de ellos barceloneses, revindicó su obra, y en especial ‘Vida privada’. De ahí surge su traducción al castellano, en manos de dos primera espadas; Jose Agustín Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán.

Esta traducción es fundacional, en tanto que proyecta a Sagarra como un gran autor catalán pero a la vez  genera un modelo de novela castellana distinto a todo lo escrito hasta entonces. ‘Vida privada’ en su versión de 1964, que se reeditará completa, sin los recortes de la censura franquista, en  1984, es un modelo para la literatura barcelonesa que vendrá después. La de antes y la de ahora.

Por ejemplo, la descripción de  la amante de Federico, Rosa Trenor como ‘La gracia natural de Rosa fluía de una especie de barcelonismo negligente y auténtico que ella, hija de un notario y nacida en el barrio viejo, no había podido perder pese a la bastardía de sus contactos y al desbarajuste de su vida’, podría ser perfectamente la de una Teresa o Montse de Marsé.

O en el edificio en que ‘la escalera apestaba a caldo de gallina, a caliqueño y a cubo de basura; ese tufillo especial de las casas del ensanche de Barcelona que todo el mundo tolera y de cuyas causas nadie se preocupa… y al tufillo natural de la escalera se añade ese tufillo de queja, de mal humor, rencor, protesta sin impulso’, ¿es Federico de LLoberola el que sube hacia el piso o Pepe Carvalho, investigando uno de sus casos?

Son los traductores, y toda la generación que les acompañaba, los que redescubren a Sagarra y su novela como un compendio de virtudes literarias, que en su momento se veían como defecto por alejarse del canon novelesco clásico. Si ahora nos sigue gustando es en parte por algo que le criticaban; porque escribía novela sin olvidar lo que había aprendido del periodismo, del teatro y de la poesía. También para ellos, y para generaciones posteriores, la potencia critica de la novela respecto a la Barcelona de finales de los veinte será extrapolable a siguientes  dictaduras o dictablandas.

La edición de Anagrama de 1994 está prologada por un magnifico estudio de Marcos Ordóñez donde explica mucho mejor que yo porqué ‘Vida privada’ es un clásico europeo, no solo catalán. Hay, a modo de epílogo,  comentarios breves de Félix de Azua, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán.

Josep Maria de Sagarra,  ‘Vida privada’ , Barcelona, 1995,  Anagrama

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Moltes noies sentien la mateixa veneració per la Baker que anys enrere les seves ties havien sentit per la Verge de Montserrat

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A l’escena inicial de ‘Vida privada’, Frederic de Lloberola, un Casanova de pa sucat amb oli, es desperta a una habitació que no és la seva i el primer que veu és un gos (mal) dissecat amb un lligacames de saldo al coll. En qualsevol situació semblant, hom es faria tres preguntes ràpidament. ¿On sóc?, ¿On són els meus pantalons? i ¿On és la sortida?. Per no tornar-hi més, és clar. Però si Sagarra hagués pensat així, no tindríem llibre, i ens hauríem perdut una de les grans novel·les catalanes del segle XX.

Doncs no, Frederic torna al llit de Rosa Trenor, i fins i tot li acaba mig obligant a que porti el gos dissecat al drapaire. Però al lector la imatge del pobre animal li queda al cap per la resta de la lectura, i més encara. Si Proust tenia la magdalena sucada en té, aquí, a  Barcelona , érem tots plegats una mica més canins.

Quan es publica ‘Vida privada’ a l’any 1932, Josep Maria de Sagarra ja era un autor sòlid, experimentat i molt llegit. Periodista, dramaturg i poeta, amb abundant obra publicada i premiada. Exercia de bon vivant barceloní, ben relacionat amb les elits de la època.  De novel·les, només tres. Dues iniciàtiques (‘Paulina Buixareu’ i ‘All i salobre’) i la gran obra, ‘Vida privada’. Després, gairebé res fins unes ‘Memòries’ publicades ja als cinquanta que també poden llegir-se en clau novel·lesca però que tallen just abans de la seva època daurada, els anys vint. Com en tots els escriptors catalans de la seva generació, la guerra i el franquisme són un punt i a part en la seva literatura. Tot i això, fa la sensació que en Sagarra era conscient de que una altra novel·la seva difícilment estaria a l’alçada de ‘Vida privada’.

Aquesta té tantes lectures i tants temes importants que qualsevol comentari sempre farà curt. Literàriament, és una síntesi de la millor novel·la francesa, del dinou i del vint, que l’autor coneixia bé. El naturalisme burgés de Balzac i la seva comèdia humana barrejat amb la introspecció i el gust pel detall amb el que Proust descriu la França d’abans de la guerra (‘Perquè heu llegit a Proust a tot arreu voleu descobrir lligams misteriosos, societats anormals’). Sagarra escriu amb una prosa brillant la decadència de una família de aristòcrates vinguts a res a la Barcelona dels vint i els trenta, els Lloberola, dels quals l’esmentat Frederic és el més incapaç de tots.

La novel·la té dues parts, una ubicada a finals dels vint, just abans de l’ Exposició Internacional del 29, i una segona ja amb la República. Tot el peix es ven a la primera. La segona no és dolenta, però no acaba de aixecar el to d’epíleg de una primera part, on la tensió dramàtica i la mala llet del autor són molt superiors. Dins les anades i vingudes dels Lloberola i les seves amistats, Sagarra emmarca un magnífic retrat d’aquella Barcelona. Més encara, fa l’intent de trobar l’essència de la barcelonitat mitjançant alguns dels seus personatges;  ‘la gràcia de Rosa Trenor  era un barcelonisme descuidat i autèntic’, o en Agustí Casals, un amic de Guillem, el petit dels Lloberola; ‘ell era fill d’aquesta Barcelona democràtica i menestral, presidida per l’estalvi d’espai, l’estalvi de temps, l’estalvi de diner i l’estalvi de roba’ . Si algú intentés escriure res semblant avui en dia, se’l menjarien viu.

Per damunt de tot, queden dues escenes absolutament glorioses. Una, l’excursió del grup de burgesos amb ganes de sarau als locals més florits del Xino. El pas i la descripció de la nit  barcelonina a ‘La criolla’ o ‘La sevillana’ és un dels millors testimonis escrits del que serà una tradició a la novel·la barcelonina, el viatge del món confortable de la zona alta al barri baix de torn a la recerca d’aventures. L’altre, la recepció que li fan les elits barcelonines al dictador espanyol,  Miguel Primo de Rivera, que arriba a la festa de matinada, mig begut, i que obsequia a les seves amfitriones amb  ‘una història de caserna sense esporgar’, amb la mítica resposta de la marquesa: ‘Ay, Miguel, has estado saladísimo, saladísimo, saladísimo…’ Acaba en Sagarra dient que la broma va durar fins quarts de quatre. I encara dura…

 

Josep Maria de Sagarra  ‘Vida privada’  Barcelona, 1983, Proa

 

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La única diferencia entre el suicidio y el martirio es la atención que pueda prestar la prensa

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La novela es la crónica de un futuro. Una narración coherente de algo que aún está por suceder, o que nunca va a llegar a ser. Una de las variantes que Leibniz imaginaba en la mente de Dios. Un orden de las cosas dentro del espacio lógico. Puede pasar como con el horóscopo, que a toro pasado alguien salte y diga ¡ese de ahí soy yo!, pero es inevitable que siempre se nos escape algo. Hasta los más lúcidos o más locos tenían visiones con errores de bulto; los urbanistas austriacos de principios del siglo XX pensaban ciudades con edificios más altos y vías de comunicación más rápidas, pero seguían viendo a sus transeuntes masculinos con sombrero y bastón. Philip K. Dick enviaba naves transbordadoras interplanetarias con cargamentos de máquinas de escribir. Nadie es perfecto.

También hay cronistas del futuro presente, como Chuck Palahniuk. Escritor norteamericano con casi una veintena de títulos publicados, la mayoría traducidos al castellano. Ocupa una posición intermedia entre escritor pop que mola leer y autor suficientemente reconocido por la crítica. Sobre todo por su primera novela, ‘El club de la lucha’ y por su adaptación cinematográfica. Con la base de ese éxito ha ido publicando a un ritmo alto, con resultados desiguales. Lo mejor que se puede decir de él es que todas llevan el sello Palahniuk. Entre las más logradas están la susodicha ‘El club de la lucha’ y esta ‘Superviviente’, menos conocida pero igual o mejor.  No tiene un único McGuffin, tiene capas de argumentos que por separado ya darían para una novela:

1: El protagonista, Tender Branson explica la historia de su vida en flashback a la caja negra del avión que ha secuestrado  y con el que piensa estrellarse cuando se acabe el combustible. Gentilmente, ha obligado a bajarse al resto del pasaje para no incluirles en su suicidio.

2: Tender es el único superviviente de una secta anabaptista que se dedicaba a programar robots humanos y enviarlos a trabajar de criados el resto de sus vidas. Cuando el Estado les echa el lazo, se suicidan en masa. Todos menos Tender. De ahí el título de la novela.

3: El convertirse en el único superviviente le hace famoso y se deja explotar por el mundo de los mass media americanos, que lo convierten en un monstruo televisivo dopado.

4: Mientras tanto, le va persiguiendo una chica, Fertility. Ella tiene visiones de desastres que van a suceder (a lo precog) que Tender usará para predecir milagros en su programa de Tv.

Entre otras cosas.

‘Superviviente’ tiene un mucho de Don DeLillo, el tema de las sectas y la manipulación ya es central en ‘Mao II’, un poco de Philip K. Dick cuando socializa lo paranormal,  desvaríos a  lo ‘El Mundo Today’ y un poso neofocaultiano que encantaría a algunos gurús de la postmodernidad, que lo verían como otra prueba irrefutable de su certeza teórica; todo es vendible, todo es comprable. Sexo, religión, fama, cuerpo. Todo es sacrificable para conseguir el poder, que es reconocimiento público. Como dice el manager de Tender, si Jesucristo hubiera muerto solo, encerrado en una celda, ¿habría habido redención?

Todo esto narrado a ritmo de vértigo. La mitad de los parágrafos no tienen más de dos líneas. Dicen que Palahniuk se recrea en la violencia innecesaria. No creo. Como con el sexo, es un elemento más para compactar el discurso. Sí que, en cambio, puede ser tan cafre  que acaba siendo divertido, como en la escena en que Tender, que en su zenit actúa en el intermedio de la SuperBowl, le hace un spoiler al país entero explicándoles el resultado final del partido. Devastador.

 

Chuck Palahniuk  ‘Superviviente’  Barcelona, 2000, El Aleph

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‘L’home viu seguint la raó, de manera que necessita una part de la seva vida per cometre errors, un altre per poder-los entendre i una tercera per mirar de viure sense equivocar-se’

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La primera frase de ‘The Godfather’ (F. Ford Coppola, 1972) és un colpidor ‘I belived in América’ en boca d’en Buonasera, el propietari d’una funerària que va a reclamar venjança a Don Corleone. És un bon resum de tota la pel·lícula. Quan al final de l’escena, arrangen una solució i en Buonasera ja és fora, Corleone encarrega la feina però puntualitza: ‘Que no se’n vagin de les mans. ¡No som uns assassins, encara que s’ho pensi aquest enterramorts!’ Doncs resulta que si, i fins i tot a la segona part, rodada dos anys després, un jove Vito Corleone, en mans d’un igualment jove Robert de Niro, se’n carrega a dos amb les seves pròpies mans.

Quan la màfia, alta o baixa, d’aquí o d’allà passa a la narració emergeix un sentit de la noblesa que ho justifica absolutament tot. ‘Si, hem fet de tot. Però amb normes, eh??’. És com si per fer-se entendre a la resta de mortals que paguem impostos i envermellim amb un euro que no és nostre, hi hagués una necessitat vital de normes, les que siguin, però normes morals com les de tot fill de mare. A la molt recomanable ‘Fariña’,  on  Nacho Carretero descriu els orígens del narcotràfic gallec, explica que els contrabandistes de tabac que anys després faran el salt a mercaderies més lucratives  sortien  al programa de tarda de la televisió gallega dient ‘¡El contrabandista es el oficio más honrado del mundo!’ i tothom es quedava tan ample.

A ‘Una educació siberiana’, en Nikolai, el protagonista, és honrat amb qui s’ho mereix (família, clan, persones respectables – és a dir, que segueixen les seves regles-) i no té la necessitat de ser-ho amb aquells que hi queden fora, especialment els representants dels estats pels que va passant el seu clan. És un rus d’arrels siberianes que viu a la Transnistria, avui país independent no reconegut internacionalment entre Romania i Ucraïna, a la zona de la Besaràvia. La zona on viu la comunitat , que al llibre anomena Barri Baix, fa riure als anomenats barris perillosos  de les nostres ciutats. Tothom té un arsenal a casa. Des del ganivet iniciàtic, ‘la pica’, fins a fusells d’assalt. El ofici és el crim, i s’hi s’ha de matar, es mata.

L’educació siberiana del protagonista és  violenta de principi a fi. No només com autodefensa. ‘A la ciutat sempre fèiem merder. Quan anàvem a un altre barri sovint acabava amb batussa, amb sang per terra, garrotades i ganivetades a tort i a dret. Teníem una fama bestial, tothom ens tenia por’ . La justificació moral d’aquesta violència és la defensa de la llibertat personal davant de l’aparell social i estatal (el mateix argument que, entre d’altres, els quinquis dels setanta) i el sotmetiment a les regles pròpies de la comunitat, que es veuen com autèntiques enfront de les falses externes. Un aristotelisme a ultrança. Dins del rol que m’assigna la meva polis, tot. Fora d’ella, res. La diferència és una normativa  que accepta família, religió i honor però no vol saber res de dret o estat. Com que ja em sembla sentir algun comentari de l’estil de ‘doncs no està malament…’, poden llegir a comunitaristes aristotèlics com Alasdair MacIntyre on a ‘After virtue’ insisteix en com n’eren de meravelloses les tribus islandeses del segle XII, amb els seus grans codis morals. I també poden anar a viure una temporada a algun d’aquests paradisos com la ciutat de la novel·la. Si tornen, ens ho expliquen.

La novel·la és la vida, dels dotze als divuit anys, del seu  narrador. Està escrita en primera persona i a base de flashbacks que semblen més brots que regressions (‘ara us explicaré una història…’). Cal entendre-ho  dins de la forta tradició oral russa, on hi ha escriptors com Dovlatov o Shalamov.  Als relats d’aquest ja surten alguns dels personatges de ‘Una educació siberiana’. El que Shalamov anomena  ‘hampons’ són els criminals de la casta ‘llavor negra’, els més cruels segons Nikolai. Si als contes de Shalamov els ‘hampons-llavor negra’ són uns éssers absolutament despreciables, els Urques, la casta a la que pertany el narrador,  són una mena de cosacs moderns. Roben a l’estat per comprar armes i icones. Porten el cos tatuat ritualment, amb el seu codi vital i moral i s’aprenen de memòria poesies de Esenin, Lermontov i Pushkin, al que veneren.

La novel·la està escrita com una autobiografia i el mateix Lilin segueix afirmant públicament la història dels Urques i demés, tot i que sembla poc coherent amb la realitat. Tant fa. Nabokov també escrivia les seves novel·les com a relats autobiogràfics de personatges que molts s’entestaven a identificar-los amb ell. Aquí hi ha una història, ben escrita, que és un conjunt d’històries.  No una fascinació amb un mateix.  Lilin escriu en italià, país on viu des de fa  anys. Té quatre novel·les més, cap d’elles traduïda al català o castellà.

Nikolai Lilin ‘Una educació siberiana’  Barcelona,  2016,  Proa

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Nadie se evita ciertos dolores como peregrino; quienes permanecen en el terruño reciben toda la fuerza del embate

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Hay un fantasma que recorre la literatura. El autofelador. Dicho fantasma adopta  identidades masculinas de mediana edad y tiende a descubrirse por escribir novelas en las que expone una continuada práctica del sexo oral consigo mismo. Su reclamo puede ser el de presentar autofelaciones muy salvajes o extremadamente largas. El público aplaude entusiasmado.

Un autor barcelonés declaraba en una entrevista que ya no escribía novelas. ¿Para que esforzarse durante años para escribir algo que leerían cuatro gatos? Se iba a dedicar a lo que mejor se le daba; escribir sobre él y sobre las cosas que le gustan. En una reseña de la reciente traducción de un conocido  autofelador, la periodista  señalaba que no se puede valorar con los mismos parámetros literarios una página de este autor que una de una novela de trescientas páginas. Así nos luce. Pero si esto es lo que quieren, novelas eternas sobre tipos hablando de ellos y de su vida hasta el último detalle, tengo una oferta mejor. Lean a Proust. Ese sí que es un escritor. Después, asuman que ha muerto y que será extremadamente difícil que vuelva a salir alguien como él.

También pueden abrir ‘Las aventuras de Augie March’, de Saúl Bellow. Son setecientas páginas de auténtica literatura, no un egotrip pseudoliterario. No inventa nada. Se aplica en narrar una historia, la de un tipo que nace y crece en el Chicago de la depresión. Pero lo que hace Bellow, lo hace muy bien. ‘Las aventuras…’ tiene una  lectura como novela de formación. Augie March es un chaval judío creciendo en la América de entreguerras. Tiene que buscarse la vida y sobrevivir a la historia, la de su país, la de su familia y al de su raza. Como toda novela formativa, irá perdiendo la inocencia a base de ostias en los tres grandes temas de la novela: familia, trabajo y mujeres. La diferencia con las novelas francesas  del diecinueve es que Augie no renunciará a su manera de ver el mundo por muchos fracasos que sufra. La insatisfacción vital, una incomodidad que le hará rechazar por ejemplo, el dejarse adoptar (ya crecidito) por un matrimonio rico sin hijos que le tienen de asistente. Tampoco nunca perderá una parte de ingenuidad sobre lo muy cabrones que pueden llegar a ser los humanos, aunque estos se empeñen en demostrárselo. Tienden a calificar ‘Las aventuras…’ como novela picaresca, pero me parece forzado. El pícaro se mueve en el límite de la legalidad o la moralidad de la época y Agie no sirve para ello. Es demasiado recto.

Otra lectura es que Augie es una parte, quizás ni la mayor, del mosaico tejido por Bellow. Es la excusa para mostrar una época en un lugar, Chicago y la América de la primera mitad del siglo veinte, con una galería de personajes tan o más interesantes que el protagonista. En cada aventura o etapa de su vida, Augie se engancha (porque lo llevan) a un personaje más carismático que él. Augie es entrañable, pero es un entrañable perdedor. El eterno segundo. En cambio, Ernhorn, Thea o Simon, el hermano mayor, son purasangres. A su lado, Augie empequeñece pero gana el conjunto: la novela.

Casavella  nombraba  a Bellow como su escritor preferido. Hay mucho de  ‘Las aventuras…’ en  ‘El día del Watusi’. Esto dice aún más si cabe de la grandeza de esta última novela. Fernando Atienza, como Augie, es conducido por alguien o algo de un sitio a otro. Todo el mundo le trata de imbécil, pero llega entero hasta el final. A través de él, leemos un sitio en un tiempo. Hasta ambos pecan de tendencia a ponerse estupendos. Pero sobretodo, ambas son novelas, no autofelaciones. El criterio era y sigue siendo la distinción entre buena y mala literatura. Bellow y Casavella son buenísima. Los otros…

Saúl Bellow ‘Las aventuras de Augie March’ Barcelona, 2014, DeBolsillo

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Suspiré o bufé, que asunto más feo, dije por decir algo. Claro, dijo Romero, ha sido un asunto de chilenos.

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No hay un Bolaño, hay Bolaños. Quizás solo fuese uno bajo diversas máscaras, pues sus años públicos fueron pocos y le exigieron demasiadas opiniones, contra lo cual podía pasar de la solemnidad al absurdo sin inmutarse. Probablemente fue uno, el mismo, pero ahora ya no hay forma de que nos afirme o desmienta. Queda Youtube, y sus entrevistas colgadas en la red para verle fumar un cigarro tras otro mientras opina de Gabriela Mistral o de Enrique Lihn. También quedan los exégetas que lo conocieron y admiraron. Hay una conferencia (1) que dio Castellanos Moya, escritor que cumplió ambas condiciones,  en la que como casi siempre que habla, deja revelaciones. Lo compara con Fuentes o Marías, viniendo a decir que bueno, que uno puede entender que el hijo de Don Julián Marías salga escritor, con toda esa cultura que ha mamado desde pequeño. ¿Pero Bolaño? ¿de dónde sale, de dónde saca todo eso?, se pregunta Castellanos Moya. ‘Ese tipo era un genio’.

‘La literatura nazi en América’ es la primera novela de Bolaño. No  del todo, porque ya había publicado ‘Monsieur Pain’ bajo otro título, (2) y una novela a medias con A.G. Porta (3). No era, ni mucho menos, la primera que escribía. Llevaba diez o quince años aprendiendo a escribir novelas, y los embriones de algunas de ellas acabarán dentro de las siguientes a ‘La literatura…’. Pero esta es especial por muchos motivos. Primero porque es la que le saca del anonimato; la publica una major, Seix Barral. Después de muchos rechazos, una editorial de prestigio decide publicar a un autor chileno desconocido. La novela lo merece, es un tour de force borgiano de primera categoría. Gimferrer da la de cal apostando por ella, y la de arena cuando incomprensiblemente rechaza la siguiente, ‘Estrella distante’, para alegría de Herralde, que lo ficha y le publica al menos un libro al año hasta su muerte. Gimferrer dice en un especial Bolaño que la rechazaron por demasiado chilena. Más bien tiendo a creer que  no tragaron con la idea de publicar un spin off de una primera novela que además pasó sin pena ni gloria por las listas de ventas. No entendieron que Bolaño era como The Smiths, que publicaron un recopilatorio seis meses después de su disco de debut.

En ‘La literatura…’, vista hoy en perspectiva desde el conjunto de su obra, se reúnen varios Bolaños. La novela es un falso diccionario, a lo Borges, de autores y libros que no existen. Tienen en común las raíces fascistas de sus autores. Es una venganza contra la extrema derecha americana del siglo XX, de norte a sur y de principio a fin de siglo, que devastó la generación del autor. Es también una segunda venganza contra la mala literatura. El Bolaño lector podía ser tan o más incisivo que el Bolaño político. Con argumentos y críticas destroza el género que el mismo inventa para historiar libros que nadie (y esa es su venganza) hará caso, sentenciando al olvido a sus autores: ‘Sus libros nunca se reeditaron. Sus inéditos probablemente fueron arrojados a la basura o al fuego por los celadores del asilo’.

La novela está narrada casi en su totalidad en tercera persona y en estilo ensayístico, sarcásticamente neutro respecto a las barbaridades que defienden los autores. Sagas familiares reaccionarias, precursores ultramontanos, falangistas americanos y líderes de barras bravas, entre otros. Todos atraídos por una imposible vocación literaria. El conjunto es una novela rio, ensayo de lo que vendrá años después con ‘2666’, y con una parte final que rompe el tono enciclopédico, la historia de Ramírez Hoffman, el teniente pinochetista que traza poemas aéreos de día y tortura de noche. Aquí utiliza la primera persona y de aquí saldrá la siguiente novela, ‘Estrella distante’. Pero eso es ya otra historia.

1: https://www.youtube.com/watch?v=IYlQL3jE4_Y

2: Roberto Bolaño, ‘La senda de los elefantes’ Premio Félix Uribayen 1984, Ayuntamiento de Toledo. Reeditada como ‘Monsieur pain’, Anagrama, 1999

3 Roberto Bolaño y A.G. Porta ‘Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce’ Barcelona, 1984, Antrhopos. Reeditada en 2006 por Acantilado.

Roberto Bolaño  ‘La literatura nazi en América’  Barcelona 1995 Seix Barral