el dia del Watusi:MaquetaciÌ3n 1

Una vez le preguntaron a una nodriza de qué iba Romeo y Julieta y ella contestó: ‘de una nodriza’ (p 1133)

 

 

 

 

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Un día, leo una noticia. Habla de un antiguo izquierdista antifranquista, el más radical de todos, y el más seductor, un piquito de oro, que acabó en las veladas del Liceu y haciendo negocios con el hijísimo. Le acusan de evasión a paraísos fiscales. Otro día, casi cada día, observo las filas de turistas que recorren, a pie o en autobús descapotable, las calles de una montaña barcelonesa llena de parques y museos. Alguna vez imagino a dos niños, un gitano con una ortopedia y otro alto y desgarbado, cruzando la avenida Miramar a toda velocidad, perdiéndose hacia el Poble Sec. En estos días, en aquellos y en los que vendrán, me acuerdo de ‘El día del Watusi’.

‘El día del Watusi’ es la gran novela de Casavella. Originalmente se publicaron los tres libros, ‘Los juegos feroces’ , ‘Viento y joyas’ y ‘El idioma imposible’, entre el 2002 y el 2003. Se reedito en 2009, como un único volumen, e incorporando las correcciones que el autor había hecho en los años posteriores a su publicación. Casavella murió en 2008, cuando estaba escribiendo la continuación de las aventuras de Fernando Atienza. La reedición confiere una unidad totémica al conjunto de las tres novelas originales. ‘El día del Watusi’ hay que leerlo entero, como un solo libro. Solo así se entiende la magnitud del proyecto de Casavella.

La primera parte, ‘Los juegos feroces’, es una novela de aventuras. Transcurre en un solo día, el 15 de Agosto de 1971, el día del Watusi. Dos niños, Fernando y el Ye-ye (Tom Sawyer y Huckleberry Finn) corriendo por la ciudad, intentando descubrir un asesinato, persiguiendo un fantasma. La segunda, ‘Viento y joyas’, es una novela picaresca y también una novela de iniciación. Fernando Atienza se convierte en una mezcla de don Pablos y Lucien Chardon para describir la trayectoria que va entre la patada hacia arriba y el dejar caer sin red en los tres años iniciales de la transición, entre 1974 y 1977. La tercera, ‘Los idiomas imposibles’ es la más larga y la más diversa. Es una novela generacional, de la gente que vivió la década de los ochenta. El titulo es un juego de palabras que esta presente a lo largo de toda la obra. El idioma posible seria el real, el que utiliza la gente para entenderse cotidianamente. Pero este idioma se sustenta sobre una farsa, se utilizan palabras que no significan lo que son, aunque disimulemos que sí. El idioma imposible, el que busca el protagonista a lo largo de toda la novela, es el inverso. El que significa realmente sin necesidad de mostrarse de forma natural. Solo hay unas ciertas vías de acceso, una de ellas seria la música.

Por encima de todo esto, hay tres temas más. El Watusi es una novela de lo que Kiko Amat llama literatura de las aceras. No por casualidad se inicia en uno de los últimos restos de chabolismo, de barrios clandestinos en la Barcelona franquista, y con la sombra de un personaje, el Watusi, que recuerda al Mac The Knife brechtiano. ‘Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar…’ . También es una historia de Barcelona. Eduardo Mendoza hizo algo similar con ‘La cuidad de los prodigios’ y Javier Calvo lo esta haciendo con otra trilogía, ‘Corona de flores’, ‘El jardín colgante’ y una tercera aun por publicar. La de Casavella es más subterránea si cabe y mucho más desencantada, más ácida con el retrato de una ciudad que en veinte años, los que van de la dictadura a las olimpiadas, tapó sus muertos y sus miserias, que fueron muchas, bajo el peso de la modernez (rima con memez) de la ‘marca Barcelona’. Es la historia de una gran farsa. Es la historia de un fracaso, el de su protagonista, Fernando Atienza, pero sobretodo es la historia de una gran mentira. En cada uno de los libros, en cada momento, hay una parte oculta. Hay un algo central que aparenta, pero que sabemos que no es, y que en el caso del protagonista, acaba conduciendo a la paranoia, tema que obsesionaba a Casavella. Como el genial personaje de Ballesta, siempre hay un lado oscuro que se escapa de la jugada. Que queda mas allá. Por eso, entre muchas otras razones, siempre vale la pena volver a ‘El día del Watusi’. Al menos, cada tres años.

 Obra maestra.

Francisco Casavella, ‘El día del Watusi’ , Destino, Barcelona, 2009

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