esmorga 1

 

Quien no haya desfasado alguna vez no es de fiar (Chimo Bayo)

 

 

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Salí a tomar algo y me lié. La última y me voy para casa. Que tire la primera piedra el que no haya dicho nunca algo así y acabó a las tantas intentando acertar la llave en la cerradura, o directamente despertando postrado en la cama con una resaca asesina intentando recordar que ha pasado la noche anterior.

Si en vez de una noche, hablamos de varios días, es otro nivel, no apto para hígados convencionales como el de un servidor. En un cuento de Chejov, el tendero cierra el garito y pone un cartel avisando que no volverá en varios días porque sale a beber vodka. En ruso la borrachera de varios días se llama davoi. En gallego, esmorga.

Eduardo Blanco Amor fue un escritor y periodista gallego, nacido en Orense en 1897 que emigró de muy joven a Argentina. Allí fue desarrollando una obra intermitente entre viajes de ida y vuelta a la península que le permitieron esquivar las dificultades históricas de la España del siglo XX. Porque ‘A esmorga’ no hubiera pasado ni la primera página de la censura franquista.

La novela de Blanco Amor es una rareza en la literatura gallega y castellana moderna. Dirty realism veinte años antes de que se inventara y en una Galicia diecinuevesca, rural y caciquil.  Hoy no escandalizaría a nadie, estamos acostumbrados a variantes de ‘Última salida para Brooklyn’ o su versión española, ‘Historias del Kronen’; un grupo de amigos hasta los topes de todo liándola lo máximo posible hasta el desastre. Pero el escenario y la voz en la que Blanco Amor sitúa ‘A esmorga’ la convierten en un libro original e inclasificable.

Los fiesteros son tres, el Bocas, el Milhombres y el Castizo. La novela está narrada por este último en forma de monologo en flashback al juez de instrucción del caso por el que ha sido detenido. La historia es el último día de una borrachera compartida entre los tres por las calles y bares de Auria, el remedo ficcional del Orense natal del autor. A través del alcohol bien y mal digerido, el trio se enzarza en una espiral de violencia y sexo reprimido. Los protagonistas van incendiando por donde pasan, pero también sacan la represión del mundo rural católico desinhibido por las toneladas de aguardiente ingeridas. Junto a la prostitución, normal para la época, hay en ‘A esmorga’ una relación homosexual soterrada pero evidente entre el Milhombres y el Bocas, no aceptada por este último y canalizada hacia la violencia. Esta aumenta en crescendo desde el encuentro inicial, que ya acaba a tortas hasta el final de la borrachera y del monologo del Castizo en la cárcel. Este último, el Castizo, expone un perfil de patología depresiva que también le lleva a recurrir al alcohol y que pese a los personajes (femeninos) que van apareciendo  a lo largo de la novela avisándole del desastre, sigue con los otros dos por una mezcla de compañerismo y miedo a su propia enfermedad.

La novela se publicó en Buenos Aires en gallego, con el titulo original de ‘A esmorga’ en 1959. En 1962, el propio Blanco Amor la tradujo al castellano y la publicó como ‘La parranda’. Se ha reeditado en varias ocasiones y se han hecho dos películas basadas en el libro, ‘Parranda’ de Gonzalo Suarez y con guion del propio Blanco Amor en 1977 y  ‘La esmorga’ de Ignacio Vilar en 2014. Aunque la versión aquí reseñada es la castellana, he preferido utilizar el título gallego.

Eduardo Blanco Amor,  ‘A esmorga’,  Mar Maior, 2015, Vigo