Abbadón el exterminador

‘Sin embargo, los indicios me pasaron desapercibidos, porque en medio de la paz, ¿quién se fija en ese turista que saca fotografías de un puente?’ (pag. 227)

______________________________________________________________________________________

Una vez, un librero de Buenos Aires le dijo a Sabato que no entendía la inclusión del ‘Informe sobre ciegos’ dentro de ‘Sobre héroes y tumbas’. Le parecía incoherente, como si formase parte de otra novela distinta. Sabato le preguntó al librero si tenía, o había tenido, alguna pesadilla recurrente a lo largo de su vida. Este le contestó que sí: en ella, lo perseguían por el techo de una catedral y el techo era resbaladizo. Sabato le dijo que esto no le parecía coherente con ser librero, más aun teniendo en cuenta que la pesadilla la tenía incluso antes de tener la librería. El librero no entendió nada, pero esta anécdota es más útil para entender la literatura se Sabato que cualquier exégesis que pueda hacerse sobre ella.

Cuando trajeron a Sabato para entrevistarlo en ‘A fondo’ en el año 77, hacía tres años que había publicado su tercera y última novela, ‘Abbadón el exterminador’. En el plató, el invitado tenía un cenicero de pie a su derecha. Carlos Fuentes, un prodigio de gesticulación, se dedica a juguetear con el cierre cuando la pregunta de Soler Serrano le aburre. Sabato de vez en cuando lo mira de reojo, fugazmente, como pensando ‘¿me habrán puesto algo ahí dentro?’.

La novela de la que se sorprendía haber vendido 150.000 ejemplares era la última que iba a publicar en vida. Leyéndola ahora, y poniéndola en perspectiva con las dos anteriores, ‘El túnel’ (1948) y ‘Sobre héroes y tumbas’ (1961), parece hasta lógico. ‘Abbadon…’, que por lo general  es considerada la obra menor respecto las otras dos, resulta ser la culminación de una obra narrativa breve pero de una complejidad y calidad espectacular.

Digo tres, pero en verdad es una, porque la narrativa de Sabato es un único gran libro, o si se prefiere, tres versiones de una única novela, un modelo ideal nouménico al que Sabato hubiera  estado acercándose, desgranando partes, en uno y otro intento si la vida y la salud le hubiera durado mucho más de lo que le duró.

La historia de Sabato es la historia de una obsesión, que va cambiando de forma y de instrumental con los años, hasta cuajar en la literatura, a la que entiende como el instrumento más maleable para darle salida. Sus antecedentes son el marxismo, del que llega ser secretario de la juventud comunista argentina y del que huye justo antes de entrar en las escuelas leninistas del Moscú de los años treinta, y la ciencia, la astrofísica, a la que abandona para dedicarse a escribir. Aunque ambos le desengañen, en el fondo lo que escribe Sabato es la creencia última de ambas cosmovisiones; hay una clave, oculta pero descifrable, del mecanismo que controla el mundo y los humanos. Dice Casavella en su magnífico prologo que frente al consenso generalizado en un mundo irracional, con un amplio margen para el azar y el caos benévolo (voluntad, deseos, libre albedrio), el paranoico nos recuerda que hay una razón técnica, fría y agresiva que lo sustenta todo. La diferencia con el marxista científico es que este cree poder dominarla y orientarla a su favor, y al paranoico solo le queda enfrentarse en una batalla desigual.

Sabato no era un paranoico. Tenía un gran tema, al que dedicó casi una vida de trabajo y que le sirvió para dar forma a tres clásicos de la literatura del siglo XX. De entre ellos, ‘Abbadon…’ es el más audaz, el más poliédrico y en el que su autor ya ha alcanzado un grado de madurez literaria en el cual consigue situar su temática en varios planos que se superponen y consiguen un conjunto de un nivel literario a la altura de poquísimas novelas del siglo XX.

Es inútil explicar ‘de que va’ ‘Abbadón…’. No hay un tema, o una trama. Hay una docena. La estructura de la novela es fragmentaria, son partes de un puzle en el que hay, como mínimo cinco o seis novelas en el sentido clásico. La abre un preámbulo, con cuatro escenas; Bruno ve como Sabato le ignora por la calle, el loco Barragán visiona, de nuevo, un dragón de sangre y fuego, Nacho ve a su hermana con su amante y encuentran el cuerpo sin vida de Marcelo. Cuatro visiones. Señales. A partir de aquí, la novela reconfigura hechos previos y alguno posterior. En su desarrollo, hay las siguientes líneas: la del grupo de intelectuales argentinos, la historia de Nacho y su hermana, la de Marcelo, el ensayo de Sabato a través del dialogo con sus amigas jovencitas, la de un escritor famoso (Sabato) incapaz de escribir, la de Bruno o postfacio a ‘Sobre héroes y tumbas’, también con la historia de Schneider y la de R. el personaje más misterioso y que se antoja como verdadera clave oculta de la literatura de Sabato . En ellas, Sabato es por lo menos, tres personajes. Sabato, S. y el propio Bruno, un alter ego del Sabato al que pone fuera y dentro de él como le interesa.  Evidentemente, hay autobiografía, como el entrevistado que repite los discursos en sus paseos por Corrientes. Pero hay tanto, y tan bueno, que sería ridículo limitar ‘Abbadón …’ a este u otro género o estilo.

No se asusten. Visto así, puede parecer un códice monstruoso, y es todo lo contrario. Es una novela compleja, que requiere relectura, pero no es obtusa o cerrada. Narrativamente es incluso amena. Lo vasto aquí es la idea. Sabato tiene mucho que explicar, y quiere hacerlo de diversas maneras. Por eso necesita una docena de interlocutores. ‘Abbadon…’ es también la crónica de una sociedad en pleno proceso de descomposición. Sabato escribe la novela en el periodo de la reinstauración peronista y el gobierno de Isabelita Perón, que desembocará en el golpe de estado militar del 76. Son años muy negros, en los que las cloacas policiales funcionan ya a pleno rendimiento. El loco Barragán ve que se acerca el dragón de fuego, ‘que anuncia sangre y no quedará piedra sobre piedra’, pero que el país vivía instalado en el desastre y que acabaría en una dictadura militar no hacía falta ser Nostradamus para escribirlo.

La valentía de Sabato es escribir sobre  secuestro, torturas y asesinato cuando oficialmente allí no pasaba nada y muchos miraban para otro lado o se encogían de hombros. Leer hoy ‘Abbadon el exterminador’, leer la obra entera de Sabato, no es un tour de forcé ni una exigencia, es probarse a uno mismo que hay autentica literatura, un modelo al que oponer el resto, todos aquellos libros que merecen pasar al olvido. La paranoia es el gran tema.

Ernesto Sabato ‘Abbadón el exterminador’, Madrid, 2001, Bibliotex

Anuncios