rubia_del_bar

 

Cuando te quedas sólo no hay demasiadas cosas que puedas hacer para sentirte un poco mejor. Te emborrachas, vas de putas, buscas pelea en los bares o, finalmente coges un taxi y te vas al hospital para que te ayuden. Pero, de todos modos, no hay remedio  (p 84)

 

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El apasionante mundo de las dedicatorias. Los escritores dedican sus libros, preferente y lógicamente, a sus familiares mas directos: padres, hijos y parejas. Nabokov dedicó todas las ediciones en inglés de sus novelas ‘to Vera’. Bolaño a sus hijos. Lo normal, vamos. También se dedican obras a los amigos, compañeros de viaje, bibliotecarias, personajes de novela o a alguien aún por conocer. Después de la dedicatoria, es común encontrar otra pagina, con una o varias citas que el autor encuentra premonitorias. Luego, empieza la novela. Raúl Núñez. publicó cuatro novelas. Ninguna tiene citas. Tres no tienen dedicatoria. ‘Sinatra’ esta dedicada a un bar. ‘Al bar Paricio’.

Las novelas de Núñez tienen todo lo que me gusta de la literatura, concentrado y multiplicado por tres. Son una maravilla. Son como una canción de los Ramones. Rápidas, efectivas, muy adictivas y encima, divertidas. Si además de explicar una historia humana, de gente creíble, muy bien escrita, interesante y un buen documento de la Barcelona de los ochenta, te ríes, ya es la bomba.

Sé muy poco de Raúl Núñez. Lo justo para deducir que no tuvo el éxito que merecían unas novelas de tanta calidad. ‘La rubia del bar’ es una novela muy corta, de apenas 110 paginas, y de trama muy sencilla. El protagonista es un perdedor entrañable, aspirante a escritor frustrado, que se enamora, y por una vez en su vida tiene éxito. El ‘chico conoce chica’ de toda la vida, que actuará de manera catártica en él para que salga adelante. Lo grande, de nuevo, no es el tema, sino cómo esta escrita.

La referencia literaria es la conexión Fante – Bukowsky. De hecho, se asocia a menudo a Núñez a este último. Pero, en ambos, el error seria quedarse en el contorno sórdido, de alcohol y sexo barato. Es una manera de verlo, aunque quizás la más obvia. Sobretodo en Núñez, el alcohol y el sexo son contingentes. Forman parte de la realidad que expone, pero no son el eje ni mucho menos. Lo grande es esta forma de escribir que tienen ambos, tan sencilla que parece básica, pero que es terriblemente difícil de conseguir. No se trata sólo de poner un punto y seguido cada cuatro palabras. Eso lo han hecho muchos otros y el resultado es una caricatura. Se trata de que lo complejo, lo difícil, parezca simple y resulte creíble. Muy pocos lo consiguen. La prueba del ocho acostumbran a ser los diálogos, y los diálogos de ‘La rubia del bar’ son brillantes. Sólo por las conversaciones entre el protagonista y el macarra ya vale la pena leerla.

El otro gran punto de la novela es lo que yo llamo el efecto espejo. Es algo muy presente en las novelas de Bukowsky y de Dovlatov. El protagonista, mas que un perdedor o un antihéroe al uso es un hombre espejo, que va reflejando lo grotesco que le ofrece su mundo, sin entender prácticamente nada. Mas que tener una rica vida espiritual u ofrecer sesudas reflexiones, al narrador le pasan cosas. Se ve metido en medio de una galería de entrañables pirados que le arrastran a situaciones tragicómicas de las que se las ve y desea para salir de ellas.

Pero es una locura de barrio, una maldad mas entrañable que destructiva. Un poco como recuerdo esa Barcelona de los ochenta, del Chino y la Barceloneta. Sórdida, marginal, pero un poco de andar por casa. Aun había de llegar las olimpiadas y el afán postmodernista por ponernos guapos a todos. Siempre nos quedará Raúl Núñez.

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