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Una tarde, al despertar de la siesta, descubrí que todos aquellos con los que había hablado la última semana tenían aspiraciones artísticas, el apetito de la cultura o la inquietud de hacer cosas. Aquello era muy empobrecedor. No podía ser, la vida verdadera tenía que estar en otra parte’ (p 57)

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Centro Comercial La Vaguada, Avenida Monforte de Lemos 36. En el madrileño barrio del Pilar. No he estado nunca, así que me acerco a Google, a ver que opinan sus usuarios: ‘El mejor centro comercial de Madrid. Es enorme. Tiene tres plantas’ (Iván B.C.). ‘Gran sitio para ir de compras, muchas marcas, restaurantes y cines. Lo mejor, dos horas gratis de parking’ (Carlos C.) ‘Centro comercial con todo lo que puedas necesitar. A destacar el Alcampo de dos plantas y El Corte Inglés. (Anna B.G.).

‘Mi gran novela sobre La Vaguada’ no es una novela sobre dicho centro. Fin del primer spoiler. Al final de la reseña hay otro. Es una novela sobre necesidades, como bien apunta Anna. Básicamente, la necesidad de sobrevivir en el mundo laboral post industrial del protagonista, que parece directamente salido de la primera novela de San Basilio, la genial ‘Curso de Librería’ (Caballo de Troya, 2006). Esta, su segunda novela, empieza donde acaba la primera. Un adulto en paro deambulando de un trabajo basura a otro, de un piso compartido a otro, con breves pausas para las cervezas baratas de los millones de bares madrileños. Solo que si ‘Curso de librería’ era la historia de un trabajo, aquí vamos a trabajo fracasado por capitulo. También lo poco que le quedaba de ingenuo al protagonista y de distante al narrador aquí desaparece del todo en un mar de sarcasmo (‘¡Era todo tan alegre y nuevo!’ ‘¡Yo tenía mi cosmovaguada y los demás no tenían nada!’) que la hace aún más disfrutable. Advertir, eso sí,  al futuro lector que algunas páginas al abrirlas salpican ácido sulfúrico. Pero ya saben que sarna con gusto…

Entre los diversos trabajo – fracasos  está el de la prensa gratuita,  la emigración laboral de luxe, la antología de nuevos autores, el guía que se ha de pagar el viaje, el taller de centro cultural en la periferia y otros más que seguro les sonaran a los trabajadores modernos que se muevan en algo tan improductivo (capitalistamente hablando) como aquello que llamaban humanidades. ‘Mi gran novela sobre la Vaguada’  recuerda a Sherwood Anderson por el tono  neutro  y cercano de la narración, y a  Sergei Dovlatov, por el humor sarcástico y la agrupación de cuentos temáticos parecidamente independientes pero mucho más cohesionados que otras novelas que presumen de ello.

Entre las muchas cabezas que ruedan a lo largo de la novela también está la literatura, al menos en dos de sus formas. El teatro (‘Se están diciendo cosas en el teatro’) y los cuentos (‘… y de repente ya creía en el género y además sabía que el cuento tiene un tempo distinto al de la novela y que en un cuento no puede sobrar una sola frase y en un cuento era tan importante lo que se decía como lo que no se decía porque, después de todo, el cuento era una cosa muy seria y etcétera.’). La novela del título es el libro no escrito, más importante que el publicado, como decía Wittgenstein. Esta será la que cierre el tríptico, ‘El joven vendedor y el estilo de vida fluido’ (Impedimenta, 2012), que es el ‘Ulises’ de Joyce (una parte), la gran novela, en La Vaguada en vez de Dublín. A lo San Basilio, claro. Fin del segundo spoiler.

Fernando San Basilio  Mi gran novela sobre La Vaguada  Barcelona 2010 Caballo de Troya

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