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‘Pero en un país donde podía pasar todo, como en México, no se podía hacer nada (…) En México, además del caos, se veneraba la nada, una nada de piedra, inamovible, tan antigua como las pirámides’

 

 

 

 

 

 

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Lo conocía por un cuadro de Manet, ‘La ejecución de Maximiliano’, en el que un pelotón de soldados acribillan a unos pocos palmos de distancia, menos aún que en ‘Los fusilamientos del dos de mayo’ de Goya, a tres personajes. El del medio es Maximiliano, el breve emperador de México (1864-1867), país al que había llegado para reinar y en el que acaba sentenciado a muerte por el gobierno republicano al que pretendía derrocar.

La historia en la que se enmarca la extensa, más de mil páginas, novela de Fernando del Paso es un episodio clave de la historia contemporánea de México, su país, y un capítulo de los más delirantes de la historia del colonialismo y del siglo XIX. Como pasa en absolutamente todos los casos, el país colonizado sufre los caprichos geoestratégicos de unos gobiernos europeos que lo contemplan como un territorio del Risk, por el que pueden pasar siempre que les apetezca y tengan los ejércitos suficientes.

En 1862 gobierna en Francia el sobrino de Napoleón Bonaparte, Napoleón III o Luis Napoleón, que se ha propuesto recuperar el esplendor del Imperio de su tío con un genio militar mucho más limitado. Las antiguas colonias americanas españolas llevan treinta o cuarenta años de independencia convulsa, y al norte hay un país que empieza a apuntar maneras de gran potencia, creciendo a un ritmo muy superior al de la vieja Europa. Pero esta expansión se ve frenada por una división interna que desemboca en guerra civil, y ahí ven en Europa la oportunidad de frenarlos, creando un estado satélite que actué de contrapeso en la zona y les obligue a pactar. Una monarquía mexicana, con un rey de casa europea al frente, que cierre la frontera sur a los Estados Unidos. Luis Napoleón convence al hermano menor de Francisco José de Habsburgo, Emperador de Austrohungría, el archiduque Maximiliano, lo nombran Emperador de México y lo envían a reinar. Hay un pequeño inconveniente, que México ya tiene gobierno, una república presidida por Juárez, de origen plebeyo e indio. Nada que no se pueda arreglar con una entrada a sangre y fuego del ejército europeo de turno. Como se había hecho siempre.

El plan demostró desde el minuto uno lo erróneo de todos esos cálculos que ignoraban la realidad del terreno, de la época y de la voluntad de sus habitantes, que ya no eran unas simples tribus neolíticas. Tres años después de su desembarco en Veracruz y su proclama, Maximiliano es derrotado, capturado, juzgado y ejecutado por el mismo gobierno del país que venía a gobernar, con la misma intención y maneras que en cualquier ducado de su extenso y decadente imperio familiar.

‘Noticias del Imperio’ es la mejor de las cuatro novelas que ha publicado Fernando del Paso. Visto el esfuerzo que le llevaba cada una de ellas, una por década y más de mil páginas por novela, y que el autor pasa de los ochenta años, seguramente permanezca así. Es una novela histórica que recrea y explica con detalle el marco que he expuesto hasta ahora. Del Paso  explora y profundiza en el tema de una forma muy completa, pero a la vez abre mucho juego literario y acaba poniendo bajo el mismo título lo que podrían ser varias novelas confluyentes. El eje narrativo que articula la novela es el monólogo de la emperatriz Carlota, la mujer de Maximiliano, que sobrevive a su marido y enloquece. Sesenta años después, en 1927, ajusta cuentas en un discurso desbocado con él y con todos los miembros de las casa reales europeas, muertos y barridos por el siglo XX. El personaje de Carlota es el que dota de más altura literaria a la novela y donde están las páginas más íntimas y brillantes, en contrapeso a una narratividad en tercera persona más ajustada a la trama histórica. En Carlota se junta la locura y la sensatez derivada de la derrota, del abandonamiento de un mundo que le ha hecho creer que un país la deseaba como reina y que su familia le daría el poder necesario para imponerse contra aquellos que no la deseaban. Maximiliano ni siquiera llega a esa locura decepcionante, muere aun pensando que es un hombre de estado, cuando, como todos sus congéneres, era un incompetente que no tenía la más mínima idea de la realidad ni la intención de ayudar a quien pretendía gobernar; la escena de la llegada a una Veracruz desierta y epidémica, mientras él dicta protocolos y uniformes de los distintos rangos de sus futuros cuadros imperiales muestra perfectamente lo alejados que estaban ambos mundos.

Carlota le sigue y es la única que cree en él, aun sesenta años después. Pese a un matrimonio real extraño, sin hijos y sin sexo, la corona y la traición ejercen un dominio sobre ella que la destroza en el fracaso, en la realidad y que el autor simboliza con la sed eterna que le acompaña en su locura.

‘Pero yo, Maximiliano, yo Maria Carlota de Bélgica, la loca de la casa, la Emperatriz de México y de América, no he de beber jamás de las fuentes en las que beben los mendigos y en donde chapotean los niños y se lavan las llagas los mendigos. Mi sed es de otra estirpe. (…) Y he de beber, sí, pero de las mismas fuentes que bebieron Heine y Rilke. De las que bebió Mozart. De ellas he de beber, si Dios me lo permite un día. Si Dios, si la imaginación, me bañan con su gracia, para recuperar mi transparencia’  

Además del monologo de Carlota, el listado de voces y estilos es extenso: epistolar, narrativa histórica en tercera persona, diálogos y voces mexicanas, francesas, canciones y poemas populares, capítulos eróticos como la memorable confesión de la amante-espía a su cura vasco, y multitud de personajes más. Todo ello muy medido, combinando variedad y riqueza con el rigor y la tensión necesaria para disfrutar de la lectura en todo momento. La grandeza  de ‘Noticias del Imperio’ está en el logro de componer un fresco histórico tan ambicioso y complejo sin perder de vista que es una novela y no un desahogo del autor. Por eso vale tanto la pena leerla y releerla.

 

Fernando del Paso, Noticias del Imperio, Madrid, 2012, FCE

 

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Publicado en 1928, Einbahnstrasse – Calle de sentido único- es una colección de microensayos que llevan por título letreros encontrados en la vía pública de diversas ciudades europeas.

 

 

 

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Las opiniones son al gigantesco aparato de la vida social lo que el aceite es a las máquinas. Nadie se coloca frente a frente a una turbina y la inunda de lubricante. Se echan unas cuantas gotas en roblones y junturas ocultas que son preciso conocer – Gasolina-

Con la ciudad ocurre lo mismo que con todas las cosas sometidas a un proceso irresistible de mezcla y contaminación; pierden su expresión esencial y lo ambiguo pasa a ocupar en ellas el lugar de lo auténtico – Panorama imperial –

La cervecería es la llave de cualquier ciudad; saber dónde se puede beber cerveza alemana es, como conocimiento de geografía y etnología, más que suficiente – Cervecería –

El más europeo de todos los bienes, esa ironía mas o menos conspicua con que la vida del individuo pretende seguir un curso distinto al de la comunidad en que le ha tocado recalar, es algo que los alemanes han perdido totalmente – Panorama imperial –

El despacho del jefe rebosa de armas. Lo que bajo una apariencia de confort seduce al que entra es, en realidad, un arsenal camuflado. – Artículos de oficina –

Hemos olvidado hace tiempo el ritual según el cual fue edificada la casa de nuestra vida. Pero cuando hay que tomarla al asalto y empiezan a caer las bomba enemigas, ¡que de antigüedades descarnadas y extrañas no dejan estas entre sus fundamentos! (…) ¡Que siniestro gabinete de curiosidades aparece allí abajo, donde las zanjas más profundas se hallan reservadas a lo cotidiano! – NR. 113 –

Solo en el delirio de la procreación supera el ser vivo el vértigo del aniquilamiento – Hacia el planetario –

Y así como los pájaros buscan refugio en los frondosos escondites del árbol, las sensaciones huyen hacia las arrugas umbrosas, los gestos sin gracia y las manchas insignificantes del cuerpo amado, donde se acurrucan, seguras como en un escondrijo. Y ningún paseante ocasional adivinará que, precisamente ahí, en aquellos rasgos imperfectos, criticables, anida, veloz como una flecha, el ímpetu amoroso del adorador.  – Estas plantaciones se encomiendan a la protección del público –

Porque los grandes poetas, sin excepción, ejercen su arte combinatoria en un mundo que vendrá después de ellos; así, las calles parisinas de los poemas de Baudelaire, al igual que los personajes de Dostoievski, no empezaron a existir antes de 1900. – Piso de lujo, amueblado, de diez habitaciones –

Que tu pluma sea reacia a la inspiración; así la atraerá hacia ella con la fuerza del imán. (…). La palabra conquista al pensamiento, pero la escritura lo domina. – ¡Prohibido fijar carteles! –

Para los grandes hombres, las obras concluidas tienen menos peso que aquellos fragmentos en los cuales trabajan a lo largo de su vida. Pues la conclusión sólo colma de una incomparable alegría al más débil y disperso, que se siente así devuelto nuevamente a su vida. – Reloj regulador –

Insensatos quienes lamentan la decadencia de la crítica. Porque su hora sonó ya hace tiempo. La crítica es una cuestión de justa distancia. Se halla en casa en un mundo donde lo importante son las perspectivas y visiones de conjunto y en el que antes aún era posible adoptar un punto de vista. Entretanto, las cosas han arremetido con excesiva virulencia contra la sociedad humana. La “imparcialidad”, la “mirada objetiva” se han convertido en mentiras, cuando no en la expresión, totalmente ingenua, de la pura y simple incompetencia – Se alquilan estas superficies –

Cuanto más hostil a la tradición sea un hombre, más inexorablemente someterá su vida privada a las normas que desea convertir en legisladoras en un orden social futuro – Ministerio del Interior –

La mirada es el poso del hombre – Óptico –

 

Walter Benjamin, Dirección única, Madrid, 1987, Alfaguara

 

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‘He escrito un libro contra la indignidad amorosa,  orientado por la observación de que cada vez que surge un conflicto entre amantes desiguales, el amor se retira de la escena’ (L. Magrinyà)

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‘Es el último benetiano’ (J. Calvo). ‘Es un dinamitero’ (J. Herralde). ‘En España, nadie escribe como él’. (I. Echevarría). ¿Es un pájaro? ¿Es un avión?.

Magrinyà tiene cinco libros publicados. ‘Los aéreos’ (1993) y ‘Belinda y el monstruo’ (1995), publicados originalmente en Debate y recopilados en ‘Cuentos de los 90’, (Caballo de Troya, 2011), y  ‘Los dos Luises’ (2000), ‘Intrusos y huéspedes’ (2005) y ‘Habitación doble’ (2010), en Anagrama. Lo más reciente que tiene es un libro de sintaxis, ‘Estilo rico, estilo pobre’ (Debate, 2015), donde reúne y amplia los artículos que publicaba en ‘El País’ bajo el epíteto L&L (lengua y literatura).

Hace algún tiempo escribí que ‘Los dos Luises’ era el que más me gustaba. Después de la última relectura general, el pódium de honor estaría ocupado ex aequo por ‘Belinda y el monstruo’  e  ‘Intrusos y huéspedes’, una locura maravillosa. ‘Belinda…’ es Magrinyà en estado puro.  Son seis cuentos largos, o novelas cortas, que giran alrededor de un tema concéntrico. Una persona que se enamora de quien no debía. Alguien que, a priori disponiendo de una gama de posibilidades sentimentales lo suficientemente amplia para intentar ser feliz, escoge lo erróneo, lo complicado, lo tortuoso, y, pese a ello, se mantiene en ese error, aceptando sus consecuencias.  Como aquello que decía Hitchcock, una idea genial: chico conoce a chica. O al revés. Pero, claro, lo importante, lo que hace interesante esta y otras literaturas, es lo profundo y lo bien que caves el terreno, y aquí se cava muy bien.

Fassbinder tenía la teoría, ampliamente expuesta en su filmografía, que toda relación sentimental es una relación de dominación en la que el que más ama es el que más sufre. En las historias de ‘Belinda…’ más que una relación amo-esclavo hay una relación de fascinación entre el protagonista y su par en la que el primero combina la determinación con la irracionalidad. Lo que fascina al narrador no es la crueldad de la relación amorosa desigual, sino el asombro por los retorcidos caminos que pueden llegar a tomarse partiendo del amor.

A Magrinyà le dirías ¡escribe!, de lo que sea, pero escribe. Por el simple placer de leer un artefacto  tan bien compuesto, tan redondo. ‘Belinda…’ tendría que ser estudiado en los talleres de escritura como ejemplo de adjetivación. Es el rey del adjetivo. Una especia peligrosa, pues puede potenciar el sustantivo o empachar la frase entera. Él encuentra la dosis justa, la pareja perfecta, y se luce una y otra vez.

A esto se une la facilidad del autor para la sentencia definitiva, que convierte el libro en un festival de puntería, donde cada dos por tres hay un dardo-frase en la diana-lector. Por ejemplo:

‘Sus Altezas se comportaron por una vez como verdaderos padres: vieron sólo lo que quisieron ver’

‘Allí el barro era barro, y no materia moldeable para una condecoración’.

‘Los inteligentes…; su estupidez se justificaba como timidez, aunque no escondía otra cosa que soberbia, y en sus nombres, más vulgares, solía repetirse la p; todos decían trabajar mucho y de manera desquiciada y a la menor oportunidad esgrimían sin cambiar de color algo en forma de artículo, premio o doctorado, para que nadie sospechase, como sospechaba, que más bien no hacían nada.’

Y así todo el rato. Normalmente, un Escritor, tiene libros muy buenos y otros no tanto. Casavella publicó seis novelas, cuatro magnificas y dos que no lo eran. Podemos seleccionar. Con Magrinyà tengo la sensación de que no. Hay que leerlo entero. Si es del tirón, mejor. Aunque él mismo recomiende Almax. Empezar por el primer cuento de ‘Los aéreos’ y  acabar por el último capítulo de ‘Habitación doble’. No porque se trate de una saga, al contrario. Lo único que tienen en común todas las historias es la mano que hilvana la aguja de tejer. Pero en conjunto se entiende mejor el aire de familia común a todas ellas. Como las piezas de un puzle, o las etapas de un pintor vanguardista, la visión comprensiva resulta más fácil desde el conjunto que desde el individuo.

No es un tema de complicación narrativa. Magrinyà no es un autor críptico o retorcido, que exija complicadas investigaciones exegéticas a los lectores, una minoría de exclusivos adeptos. Lo complejo, y lo interesante, de Magrinyà es que las posibilidades, y el vacío, se abren no en la propia lectura, sino cuando tras la última línea, uno se pregunta, ‘bueno, y todo esto, ¿por qué?’. Así, volviendo sobre lo escrito, uno entiende algo que escribió  algún teórico del arte contemporáneo, no recuerdo cual, en un momento de lucidez. El arte sólo sabe hablar de sí mismo, una y otra vez.

Luis Magrinyà, ‘Belinda y el monstruo’, Barcelona, 2006, Random House Mondadori

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‘Vida privada’ es obligada selección a la hora, siempre un poco ridícula, de elegir la marca de whisky, la marca de ser humano y las novelas que uno se llevaría a una isla desierta’ Manuel Vázquez Montalbán.

 

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Es poco común que en literatura un grupo de escritores, generacional pero heterogéneo, se reconozca colectivamente en una novela. Ahora está pasando con ‘El día del Watusi’ de Casavella, y décadas atrás pasó con ‘Vida privada’ de Sagarra. Esta ya fue una referencia para el propio Casavella, así que de una forma u otra, el círculo se acaba cerrando. Tan distintos y tan iguales.

Sagarra escribe y publica ‘Vida privada’ en catalán en 1932. La novela es un éxito de ventas modesto pero sólido para los números de la época. Es, además, un escándalo mayúsculo por las identificaciones de los personajes de la obra con sus modelos reales. Ha acabado siendo con el tiempo una de las novelas clave de la literatura catalana.

Cuando Sagarra publica ‘Vida privada’ ya es un autor y un personaje muy famoso en la Barcelona de entreguerras. Poeta premiado, dramaturgo de éxito y periodista muy leído. Todo ello desembocara en la novela. Es, también, un bon vivant. Nocturno, pudiente, relacionado con la elite barcelonesa, vive tan inmerso en el fluido sanguíneo de la ciudad, sus lujos y miserias, que dispone de un material de primera mano perfecto para escribirla.

‘Vida privada’ es su tercera (y última) novela. La preceden una juvenil ‘Paulina Buixareu’ y una no tan conseguida ‘All i salobre’. Es en la tercera donde condensa todo lo que estaba buscando. La brillantez lírica, la tensión dramática, la crónica barcelonesa, todo cohesionado con una acidez y una mala leche que la convierten en un clásico atemporal. Sagarra era consciente que la novela iba a despertar odios vitalicios y retiradas de saludo, como así fue. No se autocensuró pensando en ello y así aún se puede leer hoy en día y disfrutarla, pensando en los LLoberola contemporáneos.

El argumento es sencillo. Está dividida en dos partes, y la primera gira, como dice Marcos Ordóñez, en círculos concéntricos alrededor de una deuda de juego del primogénito LLoberola, Federico. Este y el resto de su familia son  una familia de deshechos aristócratas barceloneses a punto de ser borrados por la Historia. A partir de aquí, Sagarra retrata ese estrato social, la Barcelona bien de la época, verdurinamente, pero con el sarcasmo de la certeza de su decadencia. La segunda parte, más elegíaca y menos dramática, es un epílogo dilatado de los personajes de la primera que cierra el ciclo histórico.

Pasado el escandalo inicial, la novela se olvidó,  y tras la guerra y la derrota, el autor, como toda la literatura catalana, desapareció. A finales de los cuarenta tuvo un resurgimiento en los círculos madrileños, que completó con su otra gran obra en prosa, las ‘Memorias’. Poco después de su publicación, moría en el año 1954. Una década después, una nueva generación de escritores españoles, buena parte de ellos barceloneses, revindicó su obra, y en especial ‘Vida privada’. De ahí surge su traducción al castellano, en manos de dos primera espadas; Jose Agustín Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán.

Esta traducción es fundacional, en tanto que proyecta a Sagarra como un gran autor catalán pero a la vez  genera un modelo de novela castellana distinto a todo lo escrito hasta entonces. ‘Vida privada’ en su versión de 1964, que se reeditará completa, sin los recortes de la censura franquista, en  1984, es un modelo para la literatura barcelonesa que vendrá después. La de antes y la de ahora.

Por ejemplo, la descripción de  la amante de Federico, Rosa Trenor como ‘La gracia natural de Rosa fluía de una especie de barcelonismo negligente y auténtico que ella, hija de un notario y nacida en el barrio viejo, no había podido perder pese a la bastardía de sus contactos y al desbarajuste de su vida’, podría ser perfectamente la de una Teresa o Montse de Marsé.

O en el edificio en que ‘la escalera apestaba a caldo de gallina, a caliqueño y a cubo de basura; ese tufillo especial de las casas del ensanche de Barcelona que todo el mundo tolera y de cuyas causas nadie se preocupa… y al tufillo natural de la escalera se añade ese tufillo de queja, de mal humor, rencor, protesta sin impulso’, ¿es Federico de LLoberola el que sube hacia el piso o Pepe Carvalho, investigando uno de sus casos?

Son los traductores, y toda la generación que les acompañaba, los que redescubren a Sagarra y su novela como un compendio de virtudes literarias, que en su momento se veían como defecto por alejarse del canon novelesco clásico. Si ahora nos sigue gustando es en parte por algo que le criticaban; porque escribía novela sin olvidar lo que había aprendido del periodismo, del teatro y de la poesía. También para ellos, y para generaciones posteriores, la potencia critica de la novela respecto a la Barcelona de finales de los veinte será extrapolable a siguientes  dictaduras o dictablandas.

La edición de Anagrama de 1994 está prologada por un magnifico estudio de Marcos Ordóñez donde explica mucho mejor que yo porqué ‘Vida privada’ es un clásico europeo, no solo catalán. Hay, a modo de epílogo,  comentarios breves de Félix de Azua, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán.

Josep Maria de Sagarra,  ‘Vida privada’ , Barcelona, 1995,  Anagrama

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Moltes noies sentien la mateixa veneració per la Baker que anys enrere les seves ties havien sentit per la Verge de Montserrat

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A l’escena inicial de ‘Vida privada’, Frederic de Lloberola, un Casanova de pa sucat amb oli, es desperta a una habitació que no és la seva i el primer que veu és un gos (mal) dissecat amb un lligacames de saldo al coll. En qualsevol situació semblant, hom es faria tres preguntes ràpidament. ¿On sóc?, ¿On són els meus pantalons? i ¿On és la sortida?. Per no tornar-hi més, és clar. Però si Sagarra hagués pensat així, no tindríem llibre, i ens hauríem perdut una de les grans novel·les catalanes del segle XX.

Doncs no, Frederic torna al llit de Rosa Trenor, i fins i tot li acaba mig obligant a que porti el gos dissecat al drapaire. Però al lector la imatge del pobre animal li queda al cap per la resta de la lectura, i més encara. Si Proust tenia la magdalena sucada en té, aquí, a  Barcelona , érem tots plegats una mica més canins.

Quan es publica ‘Vida privada’ a l’any 1932, Josep Maria de Sagarra ja era un autor sòlid, experimentat i molt llegit. Periodista, dramaturg i poeta, amb abundant obra publicada i premiada. Exercia de bon vivant barceloní, ben relacionat amb les elits de la època.  De novel·les, només tres. Dues iniciàtiques (‘Paulina Buixareu’ i ‘All i salobre’) i la gran obra, ‘Vida privada’. Després, gairebé res fins unes ‘Memòries’ publicades ja als cinquanta que també poden llegir-se en clau novel·lesca però que tallen just abans de la seva època daurada, els anys vint. Com en tots els escriptors catalans de la seva generació, la guerra i el franquisme són un punt i a part en la seva literatura. Tot i això, fa la sensació que en Sagarra era conscient de que una altra novel·la seva difícilment estaria a l’alçada de ‘Vida privada’.

Aquesta té tantes lectures i tants temes importants que qualsevol comentari sempre farà curt. Literàriament, és una síntesi de la millor novel·la francesa, del dinou i del vint, que l’autor coneixia bé. El naturalisme burgés de Balzac i la seva comèdia humana barrejat amb la introspecció i el gust pel detall amb el que Proust descriu la França d’abans de la guerra (‘Perquè heu llegit a Proust a tot arreu voleu descobrir lligams misteriosos, societats anormals’). Sagarra escriu amb una prosa brillant la decadència de una família de aristòcrates vinguts a res a la Barcelona dels vint i els trenta, els Lloberola, dels quals l’esmentat Frederic és el més incapaç de tots.

La novel·la té dues parts, una ubicada a finals dels vint, just abans de l’ Exposició Internacional del 29, i una segona ja amb la República. Tot el peix es ven a la primera. La segona no és dolenta, però no acaba de aixecar el to d’epíleg de una primera part, on la tensió dramàtica i la mala llet del autor són molt superiors. Dins les anades i vingudes dels Lloberola i les seves amistats, Sagarra emmarca un magnífic retrat d’aquella Barcelona. Més encara, fa l’intent de trobar l’essència de la barcelonitat mitjançant alguns dels seus personatges;  ‘la gràcia de Rosa Trenor  era un barcelonisme descuidat i autèntic’, o en Agustí Casals, un amic de Guillem, el petit dels Lloberola; ‘ell era fill d’aquesta Barcelona democràtica i menestral, presidida per l’estalvi d’espai, l’estalvi de temps, l’estalvi de diner i l’estalvi de roba’ . Si algú intentés escriure res semblant avui en dia, se’l menjarien viu.

Per damunt de tot, queden dues escenes absolutament glorioses. Una, l’excursió del grup de burgesos amb ganes de sarau als locals més florits del Xino. El pas i la descripció de la nit  barcelonina a ‘La criolla’ o ‘La sevillana’ és un dels millors testimonis escrits del que serà una tradició a la novel·la barcelonina, el viatge del món confortable de la zona alta al barri baix de torn a la recerca d’aventures. L’altre, la recepció que li fan les elits barcelonines al dictador espanyol,  Miguel Primo de Rivera, que arriba a la festa de matinada, mig begut, i que obsequia a les seves amfitriones amb  ‘una història de caserna sense esporgar’, amb la mítica resposta de la marquesa: ‘Ay, Miguel, has estado saladísimo, saladísimo, saladísimo…’ Acaba en Sagarra dient que la broma va durar fins quarts de quatre. I encara dura…

 

Josep Maria de Sagarra  ‘Vida privada’  Barcelona, 1983, Proa

 

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La única diferencia entre el suicidio y el martirio es la atención que pueda prestar la prensa

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La novela es la crónica de un futuro. Una narración coherente de algo que aún está por suceder, o que nunca va a llegar a ser. Una de las variantes que Leibniz imaginaba en la mente de Dios. Un orden de las cosas dentro del espacio lógico. Puede pasar como con el horóscopo, que a toro pasado alguien salte y diga ¡ese de ahí soy yo!, pero es inevitable que siempre se nos escape algo. Hasta los más lúcidos o más locos tenían visiones con errores de bulto; los urbanistas austriacos de principios del siglo XX pensaban ciudades con edificios más altos y vías de comunicación más rápidas, pero seguían viendo a sus transeuntes masculinos con sombrero y bastón. Philip K. Dick enviaba naves transbordadoras interplanetarias con cargamentos de máquinas de escribir. Nadie es perfecto.

También hay cronistas del futuro presente, como Chuck Palahniuk. Escritor norteamericano con casi una veintena de títulos publicados, la mayoría traducidos al castellano. Ocupa una posición intermedia entre escritor pop que mola leer y autor suficientemente reconocido por la crítica. Sobre todo por su primera novela, ‘El club de la lucha’ y por su adaptación cinematográfica. Con la base de ese éxito ha ido publicando a un ritmo alto, con resultados desiguales. Lo mejor que se puede decir de él es que todas llevan el sello Palahniuk. Entre las más logradas están la susodicha ‘El club de la lucha’ y esta ‘Superviviente’, menos conocida pero igual o mejor.  No tiene un único McGuffin, tiene capas de argumentos que por separado ya darían para una novela:

1: El protagonista, Tender Branson explica la historia de su vida en flashback a la caja negra del avión que ha secuestrado  y con el que piensa estrellarse cuando se acabe el combustible. Gentilmente, ha obligado a bajarse al resto del pasaje para no incluirles en su suicidio.

2: Tender es el único superviviente de una secta anabaptista que se dedicaba a programar robots humanos y enviarlos a trabajar de criados el resto de sus vidas. Cuando el Estado les echa el lazo, se suicidan en masa. Todos menos Tender. De ahí el título de la novela.

3: El convertirse en el único superviviente le hace famoso y se deja explotar por el mundo de los mass media americanos, que lo convierten en un monstruo televisivo dopado.

4: Mientras tanto, le va persiguiendo una chica, Fertility. Ella tiene visiones de desastres que van a suceder (a lo precog) que Tender usará para predecir milagros en su programa de Tv.

Entre otras cosas.

‘Superviviente’ tiene un mucho de Don DeLillo, el tema de las sectas y la manipulación ya es central en ‘Mao II’, un poco de Philip K. Dick cuando socializa lo paranormal,  desvaríos a  lo ‘El Mundo Today’ y un poso neofocaultiano que encantaría a algunos gurús de la postmodernidad, que lo verían como otra prueba irrefutable de su certeza teórica; todo es vendible, todo es comprable. Sexo, religión, fama, cuerpo. Todo es sacrificable para conseguir el poder, que es reconocimiento público. Como dice el manager de Tender, si Jesucristo hubiera muerto solo, encerrado en una celda, ¿habría habido redención?

Todo esto narrado a ritmo de vértigo. La mitad de los parágrafos no tienen más de dos líneas. Dicen que Palahniuk se recrea en la violencia innecesaria. No creo. Como con el sexo, es un elemento más para compactar el discurso. Sí que, en cambio, puede ser tan cafre  que acaba siendo divertido, como en la escena en que Tender, que en su zenit actúa en el intermedio de la SuperBowl, le hace un spoiler al país entero explicándoles el resultado final del partido. Devastador.

 

Chuck Palahniuk  ‘Superviviente’  Barcelona, 2000, El Aleph

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‘L’home viu seguint la raó, de manera que necessita una part de la seva vida per cometre errors, un altre per poder-los entendre i una tercera per mirar de viure sense equivocar-se’

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La primera frase de ‘The Godfather’ (F. Ford Coppola, 1972) és un colpidor ‘I belived in América’ en boca d’en Buonasera, el propietari d’una funerària que va a reclamar venjança a Don Corleone. És un bon resum de tota la pel·lícula. Quan al final de l’escena, arrangen una solució i en Buonasera ja és fora, Corleone encarrega la feina però puntualitza: ‘Que no se’n vagin de les mans. ¡No som uns assassins, encara que s’ho pensi aquest enterramorts!’ Doncs resulta que si, i fins i tot a la segona part, rodada dos anys després, un jove Vito Corleone, en mans d’un igualment jove Robert de Niro, se’n carrega a dos amb les seves pròpies mans.

Quan la màfia, alta o baixa, d’aquí o d’allà passa a la narració emergeix un sentit de la noblesa que ho justifica absolutament tot. ‘Si, hem fet de tot. Però amb normes, eh??’. És com si per fer-se entendre a la resta de mortals que paguem impostos i envermellim amb un euro que no és nostre, hi hagués una necessitat vital de normes, les que siguin, però normes morals com les de tot fill de mare. A la molt recomanable ‘Fariña’,  on  Nacho Carretero descriu els orígens del narcotràfic gallec, explica que els contrabandistes de tabac que anys després faran el salt a mercaderies més lucratives  sortien  al programa de tarda de la televisió gallega dient ‘¡El contrabandista es el oficio más honrado del mundo!’ i tothom es quedava tan ample.

A ‘Una educació siberiana’, en Nikolai, el protagonista, és honrat amb qui s’ho mereix (família, clan, persones respectables – és a dir, que segueixen les seves regles-) i no té la necessitat de ser-ho amb aquells que hi queden fora, especialment els representants dels estats pels que va passant el seu clan. És un rus d’arrels siberianes que viu a la Transnistria, avui país independent no reconegut internacionalment entre Romania i Ucraïna, a la zona de la Besaràvia. La zona on viu la comunitat , que al llibre anomena Barri Baix, fa riure als anomenats barris perillosos  de les nostres ciutats. Tothom té un arsenal a casa. Des del ganivet iniciàtic, ‘la pica’, fins a fusells d’assalt. El ofici és el crim, i s’hi s’ha de matar, es mata.

L’educació siberiana del protagonista és  violenta de principi a fi. No només com autodefensa. ‘A la ciutat sempre fèiem merder. Quan anàvem a un altre barri sovint acabava amb batussa, amb sang per terra, garrotades i ganivetades a tort i a dret. Teníem una fama bestial, tothom ens tenia por’ . La justificació moral d’aquesta violència és la defensa de la llibertat personal davant de l’aparell social i estatal (el mateix argument que, entre d’altres, els quinquis dels setanta) i el sotmetiment a les regles pròpies de la comunitat, que es veuen com autèntiques enfront de les falses externes. Un aristotelisme a ultrança. Dins del rol que m’assigna la meva polis, tot. Fora d’ella, res. La diferència és una normativa  que accepta família, religió i honor però no vol saber res de dret o estat. Com que ja em sembla sentir algun comentari de l’estil de ‘doncs no està malament…’, poden llegir a comunitaristes aristotèlics com Alasdair MacIntyre on a ‘After virtue’ insisteix en com n’eren de meravelloses les tribus islandeses del segle XII, amb els seus grans codis morals. I també poden anar a viure una temporada a algun d’aquests paradisos com la ciutat de la novel·la. Si tornen, ens ho expliquen.

La novel·la és la vida, dels dotze als divuit anys, del seu  narrador. Està escrita en primera persona i a base de flashbacks que semblen més brots que regressions (‘ara us explicaré una història…’). Cal entendre-ho  dins de la forta tradició oral russa, on hi ha escriptors com Dovlatov o Shalamov.  Als relats d’aquest ja surten alguns dels personatges de ‘Una educació siberiana’. El que Shalamov anomena  ‘hampons’ són els criminals de la casta ‘llavor negra’, els més cruels segons Nikolai. Si als contes de Shalamov els ‘hampons-llavor negra’ són uns éssers absolutament despreciables, els Urques, la casta a la que pertany el narrador,  són una mena de cosacs moderns. Roben a l’estat per comprar armes i icones. Porten el cos tatuat ritualment, amb el seu codi vital i moral i s’aprenen de memòria poesies de Esenin, Lermontov i Pushkin, al que veneren.

La novel·la està escrita com una autobiografia i el mateix Lilin segueix afirmant públicament la història dels Urques i demés, tot i que sembla poc coherent amb la realitat. Tant fa. Nabokov també escrivia les seves novel·les com a relats autobiogràfics de personatges que molts s’entestaven a identificar-los amb ell. Aquí hi ha una història, ben escrita, que és un conjunt d’històries.  No una fascinació amb un mateix.  Lilin escriu en italià, país on viu des de fa  anys. Té quatre novel·les més, cap d’elles traduïda al català o castellà.

Nikolai Lilin ‘Una educació siberiana’  Barcelona,  2016,  Proa