Últimos ejemplares

‘Siempre que bebo, me acuerdo de ese saco, el saco de los sin suerte ni oportunidades. Forman una caravana ingente y salvaje que vaga sin rumbo por la tierra. Me llaman, saben mi nombre, dicen que me una a su marcha, pero sólo les levanto el brazo gritándoles que me den un poco de tiempo para pensarlo, que tal vez mañana.’ (Últimos ejemplares, página 157)”

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Buscar nuevos libros es básicamente una cuestión de azar. La metodología es diversa, y las fuentes de información son muchas e irregulares. Una de las más fiables es el chivatazo. El chivatazo de nivel, quiero decir. Ese que te pasa alguien con un fondo de armario considerable, y cuando el nombre, o el titulo, se presenta en lo mas alto de su colección. Llevaba buscando algo de Pablo Rivero bastantes meses, en concreto su primer libro, ‘La balada del pitbull’, que mientras escribo esto apenas he leído un extracto, una pagina o dos, colgadas en una web. Hace dos semanas encontré su segunda novela, ‘Últimos ejemplares’, y es oro puro.

Si esta no es la primera reseña que leen en este blog, quizás lo encuentren repetitivo. Esto de vanagloriar los libros. Bueno, déjenme aclarar que, por un lado, va a ser más o menos habitual. Solo voy a escribir y colgar reseñas de libros que me parezcan, como mínimo, excelentes. De los mediocres no tiene sentido hablar, y sobre los malos no tengo especial interés en repartir palos a nadie. Quizás surge alguna ocasión que lo merezca por indignación mas adelante, pero vamos,…

El hecho es que no resulta nada fácil encontrar novelas tan buenas  como ‘Últimos ejemplares’. Es mucho mas habitual, sobretodo cuando saqueas la sección de novedades de narrativa castellana de las bibliotecas publicas el pensar ‘pero como se puede publicar algo tan terrible’. Los caminos del señor y de la industria editorial son inescrutables.

Lo raro, lo que resulta incomprensible, es como un tipo que escribe así de bien, es un secreto tan oculto para las masas. No sé como será en Gijón, pero en Barcelona no creo que pasen de cuatro gatos (yo incluido) los que sepan de este hombre. La mejor baza de ‘Últimos ejemplares’ es su magnifica narrativa. El merito que tiene convertir lo simple en brillante, y en el estupendo rato que pasa uno leyéndola.  La historia no tiene un gran qué, es el paso de la infancia y la adolescencia a la definitiva edad madura de un gijonés cuyo nombre no aparece, a la vez que con su inocencia desaparece el Gijón antiguo, el de la generación del abuelo del protagonista, desde principios de los ochenta y el Sporting del gatu Ablanedo hasta la llegada de los modernos noventa.

Los últimos ejemplares del titulo son una enorme galería de conciudadanos del protagonista. Todos un poco idos, la mayoría con  buen corazón. Una larga sucesión de batallitas y de personajes, sin una trama oculta mayor que la vida en si misma, y como a partir de los demás, de ellos y de sus historias, nos vamos configurando, como diría Ricoeur, nuestra propia identidad narrativa. Lo dicho, oro puro.

‘Últimos ejemplares’    Pablo Rivero Gallegos,  Editorial Trea,   Gijón,  2006

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