Monsieur Pain

Pero habrá jueces, Pierre, no lo dude, jueces duros como la roca y para quienes la palabra piedad carece de sentido. A veces, en la duermevela, los sueño, los veo actuar y decidir: recomponen las piezas, son crueles y se rigen por reglas que para nosotros están en el dominio del azar. En una palabra, son horribles e incomprensibles. Claro que yo, para entonces, no estaré aquí. (p 51)

Buenas tardes. Me presento, soy Bolaño. Perdone, debe tratarse de un error; yo soy Bolaño. Se equivocan ambos, yo soy el verdadero Bolaño. Apártense, farsantes, usurpadores. Solo hay un auténtico Bolaño, y ese soy yo. Disculpen que les interrumpa tan interesante debate. Soy el abogado de Bolaño. Aquí tienen mi tarjeta. Les informo que, si siguen acreditándose como mi cliente, les voy a demandar por atentado al honor, daños y perjuicios y seis o siete cosas más que especificaré en su momento.

¿Y Bolaño, que opina de esto? Nada, lleva quince años muerto. La tragedia siempre se repite como farsa, y en el caso de todas las idas y venidas que llevamos viendo alrededor del legado del genial escritor chileno, la realidad acaba configurándose como una novela más que rechazaríamos por demasiado patética.

Las dos mejores novelas de Nabokov tienen por tema distintas formas de apropiación de la identidad. Maneras en las que ciertos sujetos se apropian de la figura de un muerto genial para convertir su vida anónima en una continuación deforme de la del muerto. Sin todo aquello que lo convirtió en un genio, claro. En ‘Pálido fuego’, el supuesto amigo se apropia del poema y monopoliza su exposición, vinculada hasta tal punto a su figura que acaba considerándose más importante para su creación que el autor muerto. En ‘La verdadera vida de Sebastian Knight’, el narrador tiene que escribir una biografía de su hermano muerto para desautorizar la que otros han escrito anteriormente.

Todos son casos de distintas formas de apropiación de la identidad. De un personaje, o de un autor, a través de un lector o alguien con un acceso privilegiado a la figura de ese autor. Porque el elemento indispensable es que ese autor no pueda defenderse diciendo quien tiene su parte de razón y quien está completamente loco o se cree demasiado listo. Para ello es muy propicio que el autor este muerto.

Todo esto y más se da en la biografía de Roberto Bolaño. El propio Bolaño se consideraba un poeta visto en la tesitura de aprender a escribir novelas, cuenta la leyenda que como sustento a sus hijos, pero lo cierto es que sus primeros intentos son muy anteriores a su paternidad. Esa primera fase dura desde finales de los setenta hasta la publicación de ‘La literatura nazi en América’ en 1996. A partir de ahí, en siete años frenéticos se publica todo el corpus Bolaño, que desde ‘Los detectives salvajes’ es ya un boom Bolaño. En 2003, su hígado dice basta y fallece en Barcelona. A partir de aquí, la locura.

Un inciso. ‘Los detectives salvajes’ es una novela generacional, como lo fue en su momento ‘Cien años de soledad’ o ‘Rayuela’. Aunque ahora nos parecería de locos que alguien se presentase como el auténtico Horacio Oliveira o el Coronel Aureliano Buendia de carne y hueso, esto ha pasado con Roberto Bolaño. Poco tiempo después de publicarse ‘Los detectives salvajes’ aparecieron tipos reclamándose los verdaderos Garcia Madero o Arturo Belano indignadísimos por cómo les habían robado su vida y su historia. Más posibilidades ofrece la segunda parte de la novela, donde aparecen unos setenta personajes secundarios repartidos por el mundo. Así, el que le vendía el diario o el propietario de la tienda de juegos de mesa se reconocen entre ellos, y hasta aparece alguien que asegura que él y Bolaño compartieron charla y tragos en Orense en 1979 (1).

La historia de la literatura está llena de historias como estas, y no creo que a Bolaño en su momento le inspirasen más que una sonrisa. Menos alegre es la lucha por el legado, material y simbólico de su figura. El consenso postmortem dura poco, lo que alcanza para la publicación de ‘2666’ y tres compilaciones. La relación entre la viuda y el círculo de amistades literarias del finado se hunde y la primera, como tutora legal de los herederos, firma con la agencia de Andrew Wylie y licencia la obra de Bolaño con Alfaguara, que está reeditando su obra y los inéditos que van desempolvando de su disco duro.

Pero estas gestiones empresariales tienen poco que ver con un delirante fenómeno de saqueo de la obra no publicada en vida del autor, que a fecha de hoy ya supera en número a las publicadas en vida. No en calidad, por supuesto.

En la bibliografía de Bolaño hay que distinguir dos categorías, con sus propias subcategorías.  Por un lado, están sus novelas publicadas en vida, incluyendo ‘2666’, cuya decisión había tomado el propio Bolaño. Hay una mayoría de ellas escritas entre 1993 y 2003, con obras maestras como ‘La literatura nazi en América’, ‘Estrella distante’, ‘Los detectives salvajes’, ‘Nocturno de Chile’ o ‘2666’. Hay también un subgrupo de novelas escritas en el periodo de formación, que Bolaño tenía en un cajón y que decide dar por buenas para su publicación. Aquí entran ‘Amberes’, ‘La pista de hielo’ y ‘Monsieur Pain’.

‘Monsieur Pain’ es una buena novela. Ni la mejor, ni entre las cinco mejores, pero aguanta el tipo. Bolaño la escribe en los ochenta y tras su rechazo editorial la presenta a concursos de provincias, ganando uno y recibiendo un accésit bajo el título de ‘La senda de los elefantes’. Es una novela histórica de misterio y aventuras urbanas. Viéndola en contexto, diríamos que parece un ensayo de Bolaño aprendiendo a escribir novelas clásicas, vendibles. Para la trama usa un hecho real. El poeta peruano Cesar Vallejo murió en París en 1938. En la agonía, sufrió un ataque de hipo que le duró días y del cual fue curado por un hipnotizador francés llamado Pierre Pain. Bolaño coge ese personaje y ese contexto y construye una novela de aventuras más que aceptable.

Por otra parte, están las obras publicadas post mortem bajo la decisión de sus herederos. Se dividen en un grupo de carácter compilatorio, como ‘Entre paréntesis’ o ‘La universidad desconocida’, y otro que se presentan como novelas inéditas, como ‘El tercer Reich’ o ‘El espíritu de la ciencia ficción’.  El problema con estas últimas, que vienen apareciendo con una cierta regularidad, es que están muy lejos, lejísimos, del estándar de calidad que tienen las novelas que Bolaño decidió publicar. Por mucho que nos vendan la moto. La reseña de Jordi Puntí para ‘El tercer Reich’ concluía: ‘Es un Bolaño distinto’. Si. El malo.

¿Hasta qué punto es legítimo devaluar una bibliografía brillante publicando medianías que el autor en vida había decidido no publicar? La viuda afirmaba en una entrevista ‘En ningún momento me manifestó esto no lo publiques, como tampoco lo hizo en el sentido contrario’ (2). ¿Esto significa barra libre? Evidentemente, los argumentos para ello no son literarios, sino económicos. Pero no estamos hablando de una situación de vida o muerte. El cheque de los royalties anuales que sigue facturando la marca Bolaño no debe ser ninguna limosna.

También cabe considerar que unos padres prefieran la seguridad económica de sus hijos a las consideraciones de la crítica o de los lectores sobre el conjunto de su obra. Más triste, y en esto estoy seguro que Bolaño se revuelve en su tumba, es el espectáculo del juicio por la demanda que la viuda e hijos han puesto a la que fue su última pareja, Carmen Pérez de la Vega, pidiéndole un cuarto de millón de euros por daños y perjuicios a quien nunca ha dicho esta boca es mía ni ha pedido un euro por su acreditada relación con el muerto (3). Que unos y otros tengan que acabar en un juzgado discutiendo sobre si Bolaño y Carmen eran novios, amantes, amigos o residentes en Barcelona demuestra una falta de respeto tan enorme por el escritor y su obra que propongo como título para esta tragicomedia que están escribiendo entre todos el que iba a ser el título de ‘Nocturno de Chile’: ‘Tormenta de mierda’.

1: https://www.jotdown.es/2018/07/un-tal-bolano/

2: http://www.catedraabierta.udp.cl/bolano-inedito-y-universal-la-historia-de-una-novela-inacabada/

3: ‘…Maristain cree que en la disputa que mantienen Carolina López y Carmen Pérez no hay cosas subterráneas, lo que hay es “una disputa entre los recuerdos de Bolaño y los recuerdos de Carolina López. Hay una mirada que quiere imponer Carolina y todas las miradas de los demás”. Estos recuerdos, de la una y de la otra, están mediados por dos proyectos de memorias distintos: las que por consejo de Andrew Wylie está escribiendo Carolina, que serían los años de pobreza y anonimato del autor de Estrella distante, y las de Carmen, que serían los años en los que Bolaño se convierte en Bolaño.’   http://www.catedraabierta.udp.cl/viuda-salvaje/

Roberto Bolaño, Monsieur Pain, Barcelona, 1999, Anagrama

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