‘Pero después, cuando se acabó Electra, no te quedaba nada tras lo que esconderte, nada que te mantuviese en pie. Ninguna excusa. Y ahí estabas entonces, con tu tedio y tus exigencias de verdad. Quitarse la vida. No, es demasiado espantoso, eso no lo harías. Pero si puedes quedarte inmóvil. Puedes enmudecer. Así no mientes. ‘ p 36

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La historia de Bergman con ‘Persona’ comienza, como no, con una crisis personal. Ingresado durante varios meses por una bronconeumonía, su parálisis temporal le deviene en crisis de sentido respecto a su obra. Tumbado en la cama, piensa una historia de una mujer, dividida en dos personajes interpretados por actrices diferentes pero de gran parecido físico entre ellas. Una es la artista en plena crisis de sentido que se refugia en el silencio y otra es la cuidadora que intenta devolverla al mundo real.

‘Persona’ empieza gestándose como novela. La edición de Nórdica no es un guión, el propio Bergman lo advierte, ni un esbozo narrativo. Pese a la prevención del autor en el prologo, la novela ‘Persona’ denota una identidad propia muy desarrollada. El lector que acuda a ella después de la película, verá en ella casi todo lo esencial. Sólo faltan algunos recursos narrativos visuales (las escenas finales) que Bergman ideó más adelante. ‘Persona’ es una gran película De lo mejor de la filmografía de Bergman, que es como decir de lo mejor de la historia del cine. Y ‘Persona’ – novela funciona respecto a ella como un complemento de su identidad. Es difícil no imaginar, leyéndola, a Liv Ullman sonriendo en silencio ante los discursos de Bibi Anderson. Pero esto no condiciona la lectura, sino que la enriquece, fundamentalmente porque hay una relación más directa entre el narrador y el espectador – lector.

La idea de ‘Persona’ no es original de Bergman, Es una adaptación de una obra de su admirado Strindberg, ‘La más fuerte’. Un monólogo de un acto, con dos mujeres, una que habla y otra en silencio. Bergman la lleva a su terreno para profundizar en las paradojas kirkegaardianas de la existencia humana. Hay una lectura esencial de ‘Persona’ en clave existencialista. Ahí es básico el primer monólogo de la doctora. También hay una voluntad de superación de la narratividad convencional, algo mucho más evidente en la película que en la novela por razones obvias. Por ejemplo, en el experimento metafílmico de las escenas finales.

Pero si en algo incide la novela por encima de la película es en la voluntad expresa por parte del narrador de incorporar al espectador a la obra. En la novela, es el propio Bergman el que en varios interceptos rompe el ritmo narrativo, no ya con un recurso visual, sino con una interpelación directa al sentido de la obra. Interpelación que el espectador – lector no puede obviar. Si en la película, en una escena Liv Ullman fotografía el objetivo de la cámara o la mirada del espectador, reclamándole a la escena, la novela reclama la autonomía narrativa del lector, pues este, ante la interpelación del propio Bergman al gesto radical de incompletar, de aplazar su final, delega en el espectador la decisión ultima de su vida o su muerte. En definitiva, la decisión última de su sentido. Al fin y al cabo, el lector – espectador, es, como Elisabet, el que lee o escucha en silencio

Ingmar Bergman, ‘ Persona’, Madrid, 2010, Nórdica