Pollock, D.R.


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He had never met anybody who played music for a living who wasn’t fucked up in some sad or depraved way, the same as those who painted pictures or wrote books’ p.98

 

 

 

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1917 es uno de los años más recordados del siglo XX. Matanzas en las trincheras del norte de Francia, Lenin y los bolcheviques haciendo la primera revolución socialista de la historia, una guerra que se extiende por todo el planeta… pero nada de todo eso pasa en Meade, Ohio, donde la principal preocupación de la mayoría de sus habitantes es no morir de hambre, que no te linchen o disparen unos cafres borrachos (sobre todo si eres negro) o aliviar todo eso con una pinta más de whisky. Solo una más.

Pero el mundo llega también a Ohio, en forma del ejército del tío Sam entrenando para la Gran Guerra. Unos cuantos lugareños se hartaran de llevar una vida miserable y empezarán a tomarse la justicia por su mano. Todo ello juntará a un buen número de personajes  con ganas de jarana en un sitio demasiado pequeño para que pasen inadvertidos y le dará suficiente argumentos a Donald Ray Pollock para escribir ‘The heavenly table’.

Es la tercera novela de Pollock. Las dos primeras, ‘Knockemstiff’ y ‘El diablo a todas horas’ las editó en España Libros del Silencio, editorial que ha cerrado recientemente. ‘The hevenly table’ ha sido traducida en varios países europeos, Alemania y Francia entre ellos, pero por ahora aun no puede leerse en castellano o catalán.

Merece la pena recurrir al original. Pollock es de lo mejor que escribe en los USA. ‘The heavenly table’ es una novela de género, lo que allí llaman country noir. Novela negra situada en el mundo rural americano entre el final de la guerra civil y el New Deal. Por ejemplo, ‘Meridiano de sangre’, de Cormac McCarthy. Pollock, como ya hizo en ‘El diablo a todas horas’,  rebaja la cantidad de casquería humana a lo razonable para la situación y añade una dosis de sarcasmo y humor del que McCarthy carece.

Los protagonistas son tres hermanos, los Jewett,  que se convierten en una banda de atracadores y asesinos casi por necesidad. En vez de ir describiendo golpe a golpe, Pollock se dedica a sacar una galería de secundarios que de una manera u otra se irán cruzando con ellos y acabaran arrastrados por la posibilidad de sacar el dinero de la recompensa que ofrecen por sus cabezas.

De las opciones que tenía Pollock para seguir escribiendo después de sus dos primeras novelas, con esta sigue el camino de ‘El diablo a todas horas’. ‘The heavenly table’ es una novela coral, que abarca mucho terreno desde una trama principal y varias subtramas. Llevarla un siglo atrás le permite jugar más con las mentalidades de la América profunda y a la vez ser compasivo con sus compatriotas. La redención que en Pollock va asociada al lenguaje pseudoreligioso de los personajes se equilibra con el fatalismo de perdedores, en el que es un maestro.

Pero para aquellos a los la primera lectura de ‘Knockemstiff’ dejo así, tiesos de la impresión, ‘The hevenly table’ es un paso que se aleja de esa dirección. La crudeza y la devastación humana de los personajes de las historias de la hondonada estaban lejos de esta bondad o maldad moral que circulan por la novelas del género que nos ocupa. No pasa nada, también nos gusta este Donald Ray Pollock, aunque se parezca más a otros y aquel era único. Pero como aquellos grupos que publicaron un primer disco genial y después hicieron discos buenos o regulares, pero nunca como el debut, siempre miraremos el pasado con nostalgia y el futuro con la esperanza de un ‘Knockemstiff, segunda parte’.

 

Donald Ray Pollock, ‘The heavenly table’, New York, 2016, Doubleday

Knockemstiff_100Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de Agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años. Era lo único que se le dio bien alguna vez.

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Así de contundente empieza ‘Knockemstiff’. La declaración es de Bobby, el personaje que articula temporalmente el conjunto de las historias del libro a través de tres cuentos ubicados al inicio (La vida real), medio (Pills) y final (Los combates) que corresponden a su infancia, adolescencia y edad adulta. Ese día de la cita, en el que empujado por su padre acóholico y violento le dará por primera vez una paliza a alguien es el primer dia en que su vida empieza a deslizarse retrete abajo para no salir ya de la Hondonada, el agujero white trash de la America profunda que Pollock retrata como Knockemstiff.

Knockemstiff existe realmente. Es un diminuto pueblo del sur de Ohio, y su autor, Donald Ray Pollock nació allí en 1954. Vivió y trabajó toda la vida, hasta que a los 55 se matricula en unos cursos de escritura creativa, aprende el oficio y escribe una colección de relatos tan espeluznante como esta. Una galería de patologías y psicópatas que deja a los escritores titulares del realismo sucio a la altura de monaguillos residentes en Barrio Sésamo. Para descargo con sus vecinos, Pollock añade una nota final asegurando, no que las historias explicadas son producto de su imaginación (treinta años en una fábrica papelera dan material para esta colección de desgracias y muchas más) sino que sus vecinos son buena gente y que al el le ayudaron siempre que lo necesitó.

Los personajes de Pollock no son perdedores outsider o psicológicamente fracasados. Son auténticos infelices, desgraciados completos. Gente que vive al limite del desastre absoluto, en un pozo de disfuncionalidad familiar, adicciones (alcohol, sobretodo) y incapacidad para generar alguna posibilidad de readaptación social. Aun así, los protagonistas de los cuentos (no los secundarios) generan empatía. La sensación que de haber nacido allí, en un entorno así, quizás el lector sería uno de ellos. No hay divertimentos ni estructuras psicológicas complejas. Hay un tono neutro, de una historia de hechos fríos montada alrededor de una estructura de desesperación subyacente.

Los cuentos de Pollock se basan en la presentación de un motivo-historia y su desarrollo. Empiezan muy fuerte, con un primer parágrafo demoledor a partir del cual se desarrolla la historia, una escena de la vida en la Hondonada. Hay un personaje central que vehicula la historia, y esta acostumbra a quedar abierta. La reaparición de personajes a través del tiempo, situaciones vistas desde personajes diferentes, los gestos recurrentes (la Hondonada, el tabaco mascado, la salchicha ahumada) y la permanencia en el lugar, algo parecido al infierno pero del que nadie puede salir aunque todos lo odien, funcionan como los elementos cohesionadores del libro.

‘Knockemstiff’ está varios pasos por encima de Carver y Bukowsky en lo que a realismo sucio se refiere. El único autor que se le parece es Harry Crews. Y por supuesto, está a años luz de esa visión de la América de clase media, de diván psicoanalítico, de todos los escritores que dedican cientos y cientos de páginas a las consecuencias de un divorcio traumático. Agradecer también, como señala Kiko Amat en el excesivo prólogo, la maestría de Javier Calvo en la traducción de un libro que ha de resultar arduo en su versión original.

Donald Ray Pollock Knockemstiff Barcelona 2011 Libros del Silencio